Ocurre todos los años... Cuando zarpa de Valparaíso el segundo velero más grande del mundo lo hace cargando el lastre más pesado: el ahora silencioso grito por el no olvido de quienes padecieron y murieron debajo de su arboladura. Y se demandan un exorcismo: convertirla en universidad flotante de derechos humanos. Universidad que podría llevar el nombre de Miguel Woodward.
En cada zarpe y arribo, las agrupaciones de derechos humanos y familiares de víctimas de la dictadura militar, se agolpan en el muelle para demostrar su rechazo a este símbolo de la impunidad, exigiendo justicia. Y así seguirá, expresan los
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