Embriagado de mil copas una imagen femenina encandiló mi pupila. Sus pechos proclamaron mi cantar de cantares y el matiz del instinto entonó la lujuriosa sinfonía. Blanca degustaba la anónima copa de Merlot, mientras yo en la penumbra despunté el adjetivo, arma letal de conquista pasajera, palabra puente a su lecho rosa.
En vilo cual serpiente fijé la mirada en el cuello de la víctima. Un perfume celeste fraguó el torbellino, su aroma ligero empalagó el olfato trastocando mi sentido.
Entre ondulaciones del cabello en llamas, mi estrategia sucumbió a la danza del calipso cristal donde el acuoso metálico del párpado en-cripta la noche.
En silencio preparé la caballería. El verso me acompañó tembloroso ante el campo inexpugnable del escote, hábitat natural del índice escarpelo quien libera en el desliz un minúsculo alarido.
Empapado del signo lascivo arribé a la ninfa sin cautela ni prejuicio. Mi mano arácnida trepó por el dedo y mi boca ajustó la fina caricia del habla. El veneno surtió efecto a través de una piel erizada y la sonrisa perla que denota nerviosismo. Blanca cayó a la llamarada lila, rodó en el pecado, bañando la colcha de residuo salino.
Mi dulce Blanca agitó el pecho con el jardín de mis adjetivos. Mi lengua anidó en el vello crepúsculo, frontera ermitaña del rayo fotoeléctrico, tierra prometida del amante furtivo y el cazador de incandescentes soles capturó en la retina memorias insomnes del cuerpo del delito...
El meñique escala en melódica vértebra, un lamento vibra en el espejo, armonizando cuerdas de soprano para una ópera geométrica:
Primer acto…
Relinchan catres jubilosos.
Segundo acto…
Mi diente enclaustra la carencia de lácteo
Tercer acto…
La cobra descubre la calida humedad del labio. Arremete en la madriguera
Cuarto acto…
Germina espuma lechosa
atando partículas radioactivas,
enciendes fulgores atómicos
en la nebulosa incierta tu ojo
y revolotea el parpado
en la mañana de Hiroshima…
Blanca aguardaba enhebrar mariposas matutinas, alimentar oníricos destellos con una taza de café. Ella pretende cazar a la víbora- con cascabel incluido- sin embargo, el alba es una luz amenazante. La serpiente repta sigilosa buscando refugio en el recuerdo coital.
Al verla dormir bajo el grávido sueño, me inclinó ante ti lujuria a quien regalo este cuerpo como brindis al claroscuro.



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