Siendo muy pequeña, me toco visitar por casualidad a una anciana mujer con los ojos más lindos que recuerdo, se llama Delia del Carril y yo ni sospechaba quien era. Años más tarde, trabaje en la Fundación Neruda y necesite aprender del poeta. Lo leí hasta el agotamiento, me aprendí todo, escuche las mejores anécdotas de su vida de boca de sus propios amigos, pude acceder a sus manuscritos y termine sintiéndolo como alguien cercano, como alguien a quien se conoce tanto, que uno lo detesta.
Y yo detestaba a Neruda, a ese hombre machista, coleccionista impulsivo, tan lleno de
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