Para que no nos olvidemos...

Enviado por El Director el 08/10/2009 a las 18:18
El Director

HIMNO NACIONAL DE CHILE ORIGINAL

 

¿Y en Chile..qué?

Enviado por El Director el 08/07/2009 a las 18:57
El Director

Lo mejor de la vida es gratis...

2009, Ecuador será libre de analfabetismo 

Rafael Correa aseguró que durante 2008 se dieron pasos firmes hacia la revolución educativa.

En su informe a la nación dijo que "se democratizó el acceso a la educación en todos sus niveles garantizando como lo manda la nueva Constitución, la gratuidad de la educación pública de tercer nivel, osea hasta la Universidad". El mandatario también destacó la creación de 12 mil partidas docentes asignadas por concurso de merecimientos, la eliminación del pago voluntario de U$ 25 por concepto de "aporte voluntario" de aproximadamente 2 millones de estudiantes, la gratuidad de textos escolares, incremento de la inversión en ciencia y tecnología, la creación de las escuelas del milenio y gratuidad de la educación universitaria.

 

El mito del amo y del esclavo

Enviado por El Director el 27/06/2009 a las 0:33
El Director

Interesante teoría que escuché a un amigo hace poco. El amo no puede existir sin el esclavo ni éste sin el primero. En buen chileno, la pobreza nunca se acabará completamente.

A continuación expongo un comentario relacionado.

 

 

EL MITO DEL AMO Y DEL ESCLAVO


IMAGEN: http://s3.amazonaws.com

 

Para Aristóteles el esclavo lo es por naturaleza y así ha de permanecer hasta el fin de sus días. En otras palabras, le desconoce naturaleza humana.


Para Hegel en cambio, se es amo o esclavo – en la génesis de la historia de la humanidad – como consecuencia del primer enfrentamiento, a raíz del cual, si uno devino esclavo es porque ha renunciado a arriesgar la vida.



El esclavo prefiere ser esclavo. Esto es coherente con la idea de que el hombre puede crearse a partir del animal que fue, por medio de la lucha.



Llevada esta lucha por puro prestigio hasta las últimas consecuencias, debería concluir con la muerte de uno o de ambos adversarios. Pero si esto sucede, no habrá quien los reconozca.



Para que la historia continúe – o se inicie, según se mire -, es preciso que ambos sobrevivan. Que algo los detenga un segundo antes de la muerte.



Y esto es exactamente lo que ocurre. Y es el esclavo quien renuncia a su deseo y se somete al deseo del otro. De este modo el esclavo reconoce al amo como tal y se hace reconocer por él como esclavo.



Es decir que después de este primer enfrentamiento el amo le impone al esclavo un trabajo servil al que éste se somete voluntariamente.



El amo satisface su deseo – que sigue siendo animal, natural – consumiendo lo que el esclavo ha producido con su trabajo. Sin embargo eso opera una cierta transformación en el amo puesto que se satisface sin hacer esfuerzo alguno, vive como gozador y deja de ser animal. Ha realizado su humanidad como consumidor. Sufre pasivamente la Historia, no la crea. Si evoluciona es al modo animal.



En este proceso se puede observar cierto adiestramiento por parte del esclavo ya que es él quien crea, lo que el otro va a incorporar. Es el esclavo el que podrá evolucionar voluntaria y activamente, es decir, humanamente.



El amo sólo podrá evolucionar exteriormente , porque, fiel al principio de identidad, permanece igual. Esta es su condición esencial – se obstinará en su identidad consigo mismo (es ineducable).



Sólo el esclavo querrá dejar de ser lo que es. Sólo él podrá querer negar y superar su esclavitud.



Por lo tanto el destino del esclavo – según Hegel – es promisorio, podrá ir trabajando y perfeccionando su liberación, hasta crear el Ciudadano Libre del Estado Universal Homogéneo (que para Hegel era el Imperio Napoleónico).



Alcanzado este punto pasa al estado de ser-sintético-total, ya no es ni amo ni esclavo, sino el Hombre Único. Por su autonegación advino otro.



Habíamos partido de cierta condición –que ambos adversarios sobrevivan después del choque – de nada vale matar al adversario. Es necesario dejarlo con vida, lo fundamental es destruir su autonomía y someterlo.



El amo representa la conciencia autónoma o ser-para-sí y el esclavo el ser-dado. El vencido depende del otro. El esclavo a optado por la vida por eso es tal, esto porque sintió la proximidad de la muerte.



Ahora nos encontramos con un problema , el amo de buenas a primeras se ve reconocido por un esclavo, al que él no le asigna ninguna dignidad. Es reconocido por una cosa, por una animal, por un ser-dado. Por lo tanto obtiene un reconocimiento sin valor. No es un hombre reconocido por otro: ha erado el camino.



En "El Seminario VII","La Ética del Psicoanálsis" se puede leer lo siguiente: "Encontramos en Hegel la desvalorización extrema de la posición del amo, pues hace de él, el gran chorlito, el cornudo magnífico de la evolución histórica..."



Así como desvaloriza la situación del amo, sobre valora la del esclavo.



Está claro que el esclavo está obligado a trabajar y se espera de él, que trabajando devenga amo de la naturaleza y así podrá liberarse de su propia naturaleza.



Se ve como Hegel deja la Historia en manos del esclavo y no del amo guerrero, ocioso y consumidor.



Por otra parte el esclavo reconoce el valor de la autonomía y de la libertad en el Otro – esta es su ventaja -, ahora sólo le resta imponérsele y superarlo.



Otra diferencia entre uno y otro consiste en que, mientras el amo destruye consumiendo lo que se produce – le da satisfacción inmediata al deseo -, el esclavo en cambio, debe dominar y rechazar su instinto. Se cultiva y sublima trabajando; no destruye la cosa, posterga la destrucción.



Para alcanzar la autonomía verdadera, es necesario pasar por la esclavitud y la angustia de muerte que lo llevó a trabajar para otro.



Si como dijimos antes, Hegel ve en el esclavo las claves del progreso, ¿qué dirá Lacan al respecto? Dirá que Hegel olvidó una alternativa: la del neurótico obsesivo.



Dice así en "Función y Campo....": "El obsesivo manifiesta en efecto una de las actitudes que Hegel no desarrolló en la dialéctica del amo y el esclavo. El esclavo se ha escabullido ante el riesgo de la muerte donde le fue ofrecida la ocasión de dominio por puro prestigio. Pero puesto que sabe que es mortal, sabe también que el amo desde ese momento puede morir, puede aceptar trabajar para el amo y renunciar al gozo mientras tanto; y, en la incertidumbre en que se producirá la muerte, espera".



Más adelante agrega: "... a partir de lo cual vivirá, pero en espera de lo cual se identifica a él pero muerto, y por medio de lo cual él mismo está ya muerto.



No obstante se empeña en engañar al amo por la demostración de las buenas intenciones manifestadas en el trabajo".



En esta posición obsesiva el esclavo se puede quedar picando piedras toda la vida, obediente y sumiso en calidad de espera. ¿Espera de qué? De la muerte del amo. Pero si se queda esperando no va a superar su situación dad como suponía Hegel.



¿Cómo puede avanza el esclavo? En "El Seminario I" encontré el siguiente comentario: "...para esto el esclavo debe: afrontar la muerte como todo ser plenamente realizado y que asume en el sentido heideggerino su ser-para-la-muerte. Precisamente el obsesivo no asume su-ser-para-la-muerte.



Más adelante continúa: "No hay más amo que al amo absoluto, la Muerte. Pero el esclavo necesita cierto tiempo para percibirlo".

 

FUENTE:www.antroposmoderno.com

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LA ELEGANCIA, 
algo más que buenas maneras.

Enviado por El Director el 08/06/2009 a las 13:57
El Director

El siguiente artículo es bastante extenso, pero creo vale su tiempo leerlo. (publicado el 12 de abril de 2009)

 

elegante.jpgMe imagino que el lector esta dispuesto a admitir que la dignidad humana es para nosotros una cuestión importante, pues hoy ocupa páginas y conversaciones innumerables. Casi siempre se habla de ella como un tema político, el del reconocimiento de todos, el de los derechos humanos como fundamento del ordenamiento jurídico, o como una exigencia moral básica e inalienable que debe ser enérgicamente defendida para que la sociedad no se deshumanice.

        Sin embargo, pocas veces se habla de la dignidad desde un planteamiento intimista y estético. Pero es muy instructivo hacerlo. El paciente y sufrido lector que esté dispuesto a acompañarme podrá ver, espero, cómo la dignidad humana envuelve también a aquellos asuntos que ennoblecen o degradan a la persona ante sí misma, y en consecuencia ante los demás, por ejemplo la autoestima que uno tenga de sí y la consideración que los demás le otorguen. Comportarse dignamente es algo que se aprende y que tiene que ver con un hecho escueto y principal: lo feo es indigno y vergonzoso, y debe ser ocultado o sustituido por lo bello y elegante. La presencia de lo bello y de lo feo en nosotros mismos es una parte decisiva de nuestra dignidad.

        Esta cuestión nos preocupa más de lo que en principioestaríamos dispuestos a reconocer. ¿Qué piensan de mí? ¿Qué tal aspecto tengo? ¿No estoy realmente horrible? ¿Pensarán que soy tonto, o viejo, o palurdo? ¿Alguien se habrá dado cuenta de que la culpa fue mía? ¿Qué dirá mi jefe? ¿Quedaré como un imbécil?

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Imagen: www.laopinion.cl

        La familia de actitudes humanas que se ponen en juego para preservar nuestra dignidad es sumamente rica. Quizá las más importantes son la vergüenza, el pudor y la elegancia. Otras muchas tienen con ellas una íntima y natural conexión, y por eso nuestro comportamiento las envuelve en expresiones y reacciones que muestran toda la inagotable riqueza de lo humano. Sin embargo, las tres mencionadas son las encargadas de efectuar el recorrido desde lo más bajo -la fealdad- hasta lo más alto -la belleza-, a través de todos sus intermedios. Son actitudes inseparables y entremezcladas, que aquí no tenemos más remedio que diferenciar para lograr así una cierta comprensión de ellas.

LA VERGÜENZA
 

       "Tener vergüenza es sentirse intrínsecamente malo, fundamentalmente feo como persona" (G. Kaufman). La vergüenza es un sentimiento espontáneo que la persona tiene ante sí misma o ante los demás cuando algo en ella, y por tanto ella misma, aparecen como feos, y por tanto indignos y vituperables.

        El sentimiento de vergüenza afecta así a lo más íntimo del hombre. Por eso es tan importante, porque el afectado es él mismo, como tal hombre. Por ejemplo, la vergüenza juega un papel decisivo en la formación de una recta conciencia moral, que nos hace sentirnos buenos o malos, inocentes o culpables. También es decisiva a lo largo del proceso psicológico y social en el que tomamos pacífica posesión de nuestra identidad y somos reconocidos y aceptados por los demás. Pero además, la vergüenza es un factor central en los desarreglos del funcionamiento del yo. Por eso, como todo sentimiento, necesita ser bien educada, pues, como añade Kaufman, es "la fuente de la insuficiente autoestima, del pobre concepto de uno mismo o de la mala imagen corporal, de la duda de sí y de la inseguridad y de la disminución de la autoconfianza". Por eso "es la fuente de los sentimientos de inferioridad. La experiencia interior de la vergüenza es como una enfermedad dentro del yo, una dolencia del alma", un tormento interior o una herida que nos separa de nosotros mismos y de los demás, aislándonos en nuestro sonrojo.

        La presencia de lo feo y vergonzoso en nosotros arruina la estimación ajena: "caérsele a uno la cara de vergüenza es perder el honor", añade el mismo autor. Si lo vergonzoso es lo feo presente en la persona, se entiende que los clásicos griegos dijeran que lo contrario de lo bello (kalón) era precisamente lo vergonzoso o torpe (aischrón). Cuando vemos en los demás, o incluso en nosotros mismos, acciones, gestos o palabras ofensivos para su dignidad o la nuestra decimos que eso es vergonzoso. Lo indigno es siempre vergonzoso, e incluso ofensivo, en lo que tiene de irrespetuoso hacia alguien o hacia uno mismo. Por eso quien comete acciones feas e indecentes no merece nuestra estimación. La vergüenza se relaciona así con los sentimientos de inferioridad y con la pérdida de la estimación.

EL PUDOR

        Las pocas reflexiones que anteceden bastan para confirmar que la vergüenza se suscita por la presencia en nosotros de algo que consideramos indecoroso, y en definitiva malo. Sin embargo, aparece ya en este sentimiento un elemento más positivo: "sentir vergüenza es sentirse visto de un modo dolorosamente disminuido. La vergüenza revela el yo interior, y lo expone a la vista". Este "sentirse visto" produce una reacción espontánea por "la elevada visibilidad del yo": la "urgencia de esconderse, de desaparecer". "La experiencia de parecer transparente se crea precisamente por la sensación de estar expuesto que es inherente a la vergüenza", continúa Kaufman.

        Cuando uno se siente desposeído sin su permiso de algo íntimo que pasa a ser públicamente enseñado, siente vergüenza, e incluso rabia. Sin embargo, en el sentirnos sin quererlo indebidamente "transparentes" ante los demás está operando ya ese segundo sentimiento que insinuábamos: el pudor, la inclinación a poner la intimidad a cubierto de miradas extrañas. El pudor es el gesto y la reacción espontánea de protección de lo íntimo que precede a la vergüenza y le da a ésta un sentido positivo de preservación. Tiene por eso una fuerte relación con la dignidad, pues acentúa la reserva de la intimidad, nos hace poseerla más intensamente, ser más dueños de nosotros mismos. E1 pudor es una manifestación de la libertad humana aplicada al propio cuerpo. Autodominio significa dignidad porque implica libertad, y ésta significa ante todo ser dueño de uno mismo. El pudor es algo así como la expresión corporal espontánea del conocido derecho jurídico a la intimidad y a la propia dignidad.

        Por todo ello, la manera quizá más grave de desposeer a las personas de su dignidad intrínseca es violar su intimidad, es decir, horadarla y forzarles a manifestarla contra su voluntad, aún por medio de la coacción física o psicológica: exponerlas a la vergüenza pública y privarlas de seguir siendo dueñas y señoras de aquello que es sólo suyo: lo íntimo. Una persona violada queda reducida a la esclavitud y a una gravísima vergüenza ante sí misma: tiene dentro de sí la presencia invasora y violenta de lo extraño.

        E1 pudor, al proteger y mantener latente nuestra intimidad (éste es su objeto), aumenta el carácter libre de la manifestación hacia fuera de lo que somos y tenemos. Lo íntimo es libremente donado porque es previamente poseído. El pudoroso es más dueño de sí, valora más el don posible de su interioridad. Incluso más la cela cuanto más rica es. El pudor es entonces el amor a la propia intimidad, la inclinación a mantener latente lo que no debe ser mostrado, a callar lo que no debe ser dicho, a reservar a su verdadero dueño el don y el secreto que no deben ser comunicados más que a aquel a quien uno ama. Amar, no se olvide, es donar la propia intimidad. Por eso ante el amado somos, deberíamos ser, transparentes y auténticos siempre.

        Es bien sabido que la intimidad define radicalmente a la persona y que ésta es una peculiarísima y fascinante dualidad de habla y silencio, de opacidad y transparencia, de interioridad y exterioridad. La transparencia pública y total significaría, en este caso, perder toda interioridad. Esto no sólo es ofensivo para la persona, sino también imposible. La interioridad es tal porque en ella algo queda latente y silenciado para la exterioridad. El ser íntimo e irrepetible de la persona puede iluminar con su presencia unos ojos o un rostro que se vuelven transparentes y dejan ver ese fondo interior y único que a ellos se asoma. Pero ese ser siempre queda más allá, nunca es del todo exteriorizable, siempre se reserva a sí mismo para seguir iluminando ese rostro, para seguir amando a través de la mirada. El pudor es el cerrojo que abre y cierra desde dentro el umbral por el que accedemos a la persona: no somos dueños del abrir y del cerrar del otro. Es algo que se nos da, si está justificado que se nos dé, y no podemos forzarlo; si lo hacemos estamos horadando un territorio que no nos pertenece. Si él nos invita desde el umbral, hemos de suponer que es una llamada verdadera, y que su salir pudoroso a buscarnos franquea verdaderamente la entrada a esa intimidad en la que somos invitados a habitar por vez primera.

        Sin embargo, cabe preguntar: ¿hasta dónde llegan las puertas de lo íntimo? El pudor se extiende tanto como se extienden éstas. Apenas es preciso decir que el pudor incluye no sólo la interioridad espiritual o psíquica, sino también el cuerpo, pues él y cuanto a él se refiere forma parte de nuestra intimidad: el vestido, las acciones, los gestos y movimientos corporales (comer, limpiarse, etcétera). El pudor se extiende también a la casa y en general al lenguaje manifestativo, pues ambos son ámbitos de expresión de lo íntimo, siendo éste el lugar donde la persona habita consigo misma.

        Por ser el cuerpo parte de la intimidad, el pudor se muestra entonces como resistencia a la desnudez, como una invitación a buscar a la persona más allá de su cuerpo (Campanini). Mediante el acto y el gesto pudoroso, tan cercano aquí a la vergüenza, la persona expresa una negativa a que su cuerpo sea tomado, por así decir, sin la persona que lo posee, como una simple cosa, como un instrumento u objeto de deseo para el que mira impúdica o curiosamente. El acto de pudor es, en el fondo, una petición de reconocimiento, como si quien es así mirado o deseado dijera: "No me tomes por lo que de mí ves descubierto; tómame a mí, como persona".

LA DESNUDEZ ANÓNIMA


        El pudor se nos aparece entonces como el acto por el cual la persona se hace presente en su cuerpo desnudo. Una desnudez es impúdica cuando, por decirlo así, no es de nadie y al mismo tiempo es de todos: es anónima, disponible para quien la quiera. Si a la persona le es indiferente desvestirse y mostrar su desnudez, ella no está en su cuerpo, y éste se convierte en una mera imagen de sí mismo, que no remite a nadie. El cuerpo está entonces sin dueño, abandonado o incluso ofrecido, es objeto decorativo o producto en venta. Cuando la persona desaparece de su cuerpo, éste se prostituye, se vende a bajo precio, se convierte en mercancía. El pudor permite ver a la persona con perspectiva, más allá de la pura epidermis en que parecen convertirse quienes se instalan en un escueto atavío, sin recatarse por la transparencia de sus telas o la firme adherencia de las prendas.

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Cecilia Bolocco (1965 - )

Imagen: www.elpais.com

      Desnudarse obedece casi siempre a razones térmicas, de comodidad. Sin embargo, el carácter sexuado del cuerpo da a la desnudez, de modo natural, cierto carácter erótico, variable según las circunstancias. Querer ignorar esta realidad natural supone reducir la sexualidad a mecanismo, a función fisiológica susceptible de "técnicas". En las relaciones humanas el carácter sexuado del cuerpo juega un papel que no es necesario explicar aquí, y que despierta la atracción entre el varón y la mujer, dando origen a tipos de conducta, entre ellas la seducción, que miran hacia el otro en tanto es varón o mujer. E1 modo de mostrar el carácter sexuado del cuerpo, y también estas pautas de comportamiento, están reguladas por una clase especial de pudor: el sexual.

        Así pues, el pudor es la regla que preside la manifestación propia o impropia de la interioridad. En cierto sentido cabe afirmar sin dificultad que es una virtud. El impúdico suele ser un sinvergüenza, pues no conoce el límite entre lo decente y lo indecente, entre lo que es oportuno y conveniente mostrar y lo que no. Para entendernos: lo indecente es intolerable, e incluso ofensivo. La idea de que la decencia es un valor antiguo, hoy ya por fortuna desaparecido, no se corresponde con la vigencia real de lo intolerable que por todas partes se detecta en nuevas costumbres y reglamentaciones. Lo que ocurre es que éstas versan sobre asuntos y valores distintos, quizá, desde luego, más triviales y exteriores que los antiguos.

        La pérdida del sentido de la decencia, la incapacidad de percibir el límite de lo vergonzoso como algo que protege los valores comunes de nuestra sociedad, y que por eso debe ser a su vez protegido, no puede responder más que a una debilitación de la interioridad, a una pérdida del valor de lo íntimo, y por tanto, a un aumento de lo superficial, de lo exterior. Estrictamente esto significa pobreza, y por tanto aburrimiento. Quien no siente necesidad de ser pudoroso carece de intimidad, y así vive en la superficie y para la superficie, esperando a los demás en la epidermis, sin posibilidad de descender hacia sí mismo. Los frívolos no necesitan del pudor porque no tienen nada que reservarse. Por eso son tan chismosos; hablan mucho, pero no dicen nada. Viven hacia fuera. Están desnudos.

        La regla que enseña a ocultar y desocultar lo íntimo embellece a la persona, porque la hace dueña de sí, la muestra a los demás reservada para ella misma, orientada hacia su "dentro", y por tanto digna. El pudor manifestado en la actitudes, vestimentas y palabras permite vislumbrar lo que aún queda oculto y silenciado: la persona misma. Por eso el pudor está en el umbral: porque desde él se llama al otro, se le muestra lo que pueda atraerle y admirarle, lo que aún podría avergonzar, lo que nunca se ha dicho todavía. El pudoroso no se ofrece todo entero, sino que invita a un después donde acontece un desvelamiento, donde puede darse un diálogo de miradas y palabras que abra una intimidad compartida. En tanto somos personas con interioridad el pudor regula necesariamente nuestras relaciones.

 

LA COMPOSTURA


        Una vez que el pudor y la vergüenza han enseñado el límite entre lo decente y lo indecente, podemos preguntarnos de qué modo acontece la presencia de lo bello en la persona. La respuesta es la que da título a estas páginas: compostura y elegancia. Ya se dijo que el objeto de la elegancia es la presencia de lo bello en la figura, en los actos y movimientos, o mejor dicho, el mantenimiento activo de esa presencia, aquella obra de arreglo y compostura que hace a la persona, no sólo digna y decente, sino bella y hermosa ante sí y ante los demás.

        Para explicar esta idea voy a proponer al lector una cierta novedad, para la que solicito su aprobación. Consiste en introducir una distinción entre dos "elegancias": una tiene un sentido más bien negativo, como para sólo preservar de lo vergonzoso. Es la que llamaré compostura. La otra es la elegancia "de verdad", plena de sentido positivo, que incluso podría definirse como la belleza personal.

        La compostura es el sentido negativo de la elegancia en cuanto designa ausencia de fealdad en la figura y conducta personales. En realidad esta actitud humana fue considerada por los clásicos como una virtud, para ellos algo menor, que denominaron "modestia". El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua dice que modestia es "cualidad de humilde, falta de engreimiento; pobreza, escasez de medios", y este es ciertamente el sentido actual de esa palabra en el lenguaje ordinario.

        Pero ese mismo Diccionario antepone otra acepción distinta, tomada directamente de la filosofía clásica, que dice así: Virtud que modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él". Nadie entiende hoy así la modestia. A esto hay que llamarlo más bien "compostura", y así me parece que habría de hacerse, rectificando el Diccionario si es preciso.

        Para Andrónico de Rodas, primer editor de las obras de Aristóteles, la compostura era "la ciencia de lo que dice bien (lo decente) en el movimiento y las costumbres", "el buen orden que se ocupa de lo conveniente en los diversos negocios y circunstancias", "espíritu de discernimiento, es decir, de distinción, en las acciones". Su maestro Aristóteles, en cambio, decía que la compostura (por supuesto, él la llamó de otra manera: afabilidad) versa sobre lo que resulta agradable o desagradable en los dichos y hechos respecto de los hombres con quienes se convive. Esto no es otra cosa que las buenas maneras de las que hoy tanto se habla. Tomás de Aquino, por su parte, afirma que la compostura o decoro es una virtud que regula los movimientos externos del cuerpo.

        Un autor de moda que escribe sobre las virtudes, el francés A. Comte-Sponville, insiste en que la cortesía no es una virtud, sino una especie de cualidad necesaria para la convivencia humana. En este caso parece obligado disentir, pues la compostura engloba algo más profundo que la simple cortesía externa, aunque ambas apuntan hacia la buena educación, los buenos modales y palabras en la vida social. Ser cortés no es sólo tratar correcta y educadamente a las personas, lo cual implica ya reconocerlas dignas de buen trato, sino todavía más: omitir decididamente todo detalle que resulte molesto o vergonzoso, e incluso buscar la compostura, la finura y el donaire en el decir y actuar, de modo que se merezca por ello la estimación, el aprecio, y aún la admiración.

        La compostura incluye en primer lugar limpieza, ausencia de lo sucio y manchado que podrían afear a la persona. En segundo lugar contiene pulcritud, que es un aseo cuidadoso, el cuidado de la propia presencia, un estar la persona "compuesta" y preparada, en disposición de aparecer públicamente ante quien en cada caso corresponda. En tercer lugar compostura es orden, un saber estar que no se refiere sólo a la disposición material de objetos y vestidos, sino al moverse del modo conveniente, en el momento adecuado y, sobre todo, con los gestos adecuados. Esto es el decoro, algo así como el orden de los gestos y de las palabras, su oportunidad y mesura, su adecuación con lo que quieren expresar y con el destinatario de esa expresión: decoro son, por lo tanto, las buenas maneras.

        La educación en la elegancia comienza por la enseñanza de estos aspectos básicos incluidos en la compostura. Los niños difícilmente valoran su importancia, pero sin ella no se hacen aptos para ingresar en la vida social. Es un error corriente, que se pone de moda en épocas y personas románticas, juzgar que todo esto es convención y artificio hipócrita, cuando en realidad constituye algo así como la civilización del instinto y de la espontaneidad por medio del rito y la costumbre, algo que constituye la base de toda educación y aprendizaje humanos. E1 "naturalismo", en forma nudista, robinsoniana o "hippie", suele terminar en lo cutre, ese "Teísmo" sin elegancia que no es consciente de su vulgaridad. Las buenas maneras son, en palabras de Kant, lo que "transforma la animalidad en humanidad".

        Mantener la compostura exige cuidado, tiempo, arreglo en definitiva. Esto obliga a dedicarse atención, a ocuparse de uno mismo y de la propia apariencia. Si uno no quiere mostrarse desaliñado debe cuidar su exterioridad, cortarse las uñas, cambiarse de ropa, prestar atención, evitar las manchas y los malos olores. Perder la compostura es una forma de perder la dignidad: ¿quién no se ha visto en la disyuntiva de tener que elegir entre correr para subir al autobús o no quedarse sin ellas? La persona descompuesta y descuidada se desperdiga, tiene un déficit del recto amor a sí misma que precisa para remediar los defectos y deterioros de su condición corpórea y temporal, que irremediablemente se van introduciendo en ella en forma de desgaste y estropicio. Por el contrario, la persona compuesta tiene un centro que reúne lo disperso, una regla que mide y ordena, un sosiego nacido del estar dueña de sí.

LA ELEGANCIA

        La compostura, sin embargo, se limita más bien a "no desentonar". Aunque sin compostura no es posible la elegancia (esto conviene no olvidarlo), para alcanzar esta última se requiere algo más: ser atractivos, o al menos estarlo, desarrollar el gusto y el estilo, alcanzar la distinción.

        Con el fin de comprender un poco qué significa ser elegantes, lo más práctico es analizar los requisitos o contenidos de esta rara cualidad que a todos nos gustaría tener. Lo más inmediato y obvio es que ser elegante significa tener buen gusto. Pero ¿qué es el buen gusto? Ante todo, como nos enseñan Baltasar Gracián y H. Gadamer, es una capacidad de discernimiento espiritual que nos lleva no sólo a "reconocer como bella tal o cual cosa que es efectivamente bella, sino también a tener puesta la mirada en un todo con el que debe concordar cuanto sea bello". Se trata por tanto de una capacidad que permite afirmar las realidades "gustadas" como "bonitas" o "feas". Pero decir "esto es bonito" o "esto es feo" sólo puede hacerse si "esto", particular y concreto (un vestido, un peinado o un jardín) se refiere a un todo frente al cual el objeto juzgado queda "iluminado" y descubierto como "adecuado" o "inadecuado". El buen gusto es pues "un modo de conocer", un cierto sentido de la belleza o fealdad de las cosas. No se aplica sólo a la naturaleza o al arte, sino a todo el ámbito de las costumbres, conveniencias, conductas y obras humanas, e incluso a las personas mismas. Y desde luego no es algo innato, sino que depende del cultivo espiritual de la educación y la sensibilidad que cada uno haya adquirido. Las cosas de "mal gusto" no pueden ser de ninguna manera elegantes, sino más bien torpes y vergonzosas.

        Lógica y afortunadamente, no existe una regla fija que determine qué es de buen y mal gusto. Lo que sabemos es que el buen gusto mantiene la mesura, el orden, incluso dentro de la moda, a la que lleva a su mejor excelencia, sin seguir a ciegas sus exigencias cambiantes, sino más bien encontrando en ella la manera de mantener el estilo personal.

        La idea del buen gusto nos lleva a la segunda nota de la elegancia: la distinción.

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Jacqueline Lee Bouvier Kennedy Onassis (1929 - 1994)

Imagen: www.ehow.com

 

Lo distinguido se opone a lo vulgar, a lo zafio, que tiene ya connotaciones de cierto desaliño y suciedad. Distinguido es lo que sobresale, lo elevado, lo señorial. La persona humana tiende de por sí a moverse hacia lo alto: le gusta volar, soñar, subir, despegarse del peso de la materia y sentirse ingrávida y espiritual, despegada, libre en definitiva. La distinción es aquello que sitúa a la persona humana por encima de la vulgaridad y dentro del señorío. En el caso de la elegancia, la distinción proviene del buen gusto, puesto que éste permite hacer presente la belleza en aquello que el mantenimiento de la compostura nos obliga a realizar.

        Cuando la persona dispone su apariencia exterior con arreglo al buen gusto, entonces está bella: guapa, se dice en castellano. Y es esencial entender, como decisiva nota de la elegancia, la presencia de la belleza en la persona. Es ésta la que le da ese aire distinguido y espiritual que, por decirlo así, la desmaterializa y eleva. Claro está que algunas personas tienen una belleza natural, física, que apenas necesita aliños para ser elegante: su porte, su andar, tienen ya una forma naturalmente distinguida y bien proporcionada, hermosa. Estas personas, si tienen buen gusto y son elegantes, pueden llegar a enriquecer su ya natural belleza hasta un esplendor que a las demás les suele estar vedado por su inferior disposición natural.

        Es esencial recordar que la belleza significa en primer lugar armonía y proporción de las partes dentro del todo, sean las partes del cuerpo, de los vestidos, del lenguaje o de la conducta. Pero además, como dice Aristóteles, "a las obras bien hechas no se les puede quitar ni añadir, porque tanto el exceso como el defecto destruyen la perfección". "La fealdad -dice Tomás de Aquino comentando este pasaje- es el defecto de la forma corporal, y acaece cuando un miembro se muestra con una forma inadecuada (indecente). Pues la belleza (la elegancia) no se consigue si todos los miembros no están bien proporcionados y adornados". Esto quiere decir que un sólo defecto estropea el conjunto, pues para que la belleza se haga presente en el aspecto exterior de la persona todo en él debe ser íntegro, acabado y bien proporcionado.

LO ÍNTEGRO

        Lo íntegro es precisamente lo bien hecho, aquello a lo que no le sobra ni le falta nada, lo que está completo y perfecto dentro de sus límites. A los griegos siempre les fascinó esta idea de perfección: lo íntegro es perfecto porque, circunscrito y limitado, dentro de sí tiene su télos, su finalidad, aquello que le da la plenitud. La elegancia envuelve todo el ser de la persona en cuanto ésta es íntegra, poseedora de su plenitud. Por eso, si ser elegante significa ser íntegramente bello, esto no puede limitarse sólo al aspecto del vestido o al arreglo externo. Por fuerza ha de incluir lo que la persona misma es y lo que de ella se manifiesta.

        Esta es la idea griega, hoy tan perdida, de que las acciones hermosas, elegantes, son aquellas que uno realiza abandonando su propio interés para emprender la búsqueda de lo en sí mismo valioso, aquello que merece la pena por sí mismo, lo que tiene carácter de fin, lo que una vez alcanzado da la felicidad y la perfección. Este tipo de bienes no son ya los propios del bien decir, o del bien parecer, el arte o la belleza corporal, sino los bienes auténticos, los que realmente nos importan porque no sólo nos hacen felices, sino también buenos. Para los clásicos lo bello, pulchrum, es lo bueno, aquello que conviene al hombre y le perfecciona. Por eso, quien vive en armonía consigo mismo, quien se autodomina, quien emprende esa búsqueda del bien más alto y arduo, ese bien que constituye un ideal de vida, de esa persona se dice no sólo que es buena, sino que tiene kalokagathía, una bondad bella, o una belleza buena, una conducta íntegramente poseída desde sí: ésta es la verdadera elegancia, la que radica en el alma y la embellece porque pone en ella el amor, la virtud y el saber verdaderos.

        La elegancia muestra así su dimensión moral, algo que constituye el fondo y sustrato de la otra dimensión, corporal y externa: quien no vive en armonía con sus sentimientos y sus tendencias, quien no sabe lo que quiere y no obra como debe, quien vive en discordia consigo mismo y con los demás, quien no conoce la serenidad y la mesura en sus deseos y acciones, quien es desconsiderado con la realidad que le rodea, quien no reproduce dentro de sí, en su voluntad, afectos e inteligencia, el orden general del universo y del ser mismo, ése no puede ser elegante porque no es bueno, ni dueño de sí mismo. Hasta aquí se extiende la idea de que la elegancia es la presencia de lo bello en la persona.

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Archibald Alexander Leach “Cary Grant”

(1904 – 1986)

Imagen: lacomunidad.elpais.com

        Reproducir en uno mismo la belleza general del universo es la suprema elegancia. Y esto despierta en los demás el entusiasmo, la admiración. La actitud humana que encamina hacia lograrlo se llama respeto, benevolencia, prestar asentimiento a lo real y ayudar a que cada cosa sea del todo lo que es y lo que puede llegar a ser. Lo indecente, por el contrario, es la prepotencia, atropellar la realidad para someterla a nuestros intereses, pisotear la dignidad de los otros.

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Mary Louise Streep (1949 - )

Imagen: www.wildaboutmovies.com

        La belleza humana no es sólo física, sino también moral. Pero la belleza física, incluida desde luego en la elegancia, no es sin embargo algo simplemente natural. Estaría incompleta si el vestido, el adorno y la proporción no la completaran. El escenario principal de la elegancia, su materia por así decir, es el embellecimiento de la compostura. Y ese embellecimiento puede lograrse al cumplir la inevitable tarea de cuidar de uno mismo: la disposición del atuendo, la ornamentación corporal, los modales distinguidos, la "forma bella de expresar los pensamientos", como define la elegancia el Diccionario antes citado, el modo de moverse, la figura y expresión de cada gesto, etc. La elegancia está en la bella factura de todos ellos. Y ahí es donde se aprende y desarrolla.

        Esta bella factura es el escenario donde puede mostrarse otro componente de la elegancia: el arte y el estilo personales, que son la expresión exterior de la propia personalidad y gusto. Un hombre elegante tiene "estilo" propio sabe disponer las cosas con distinción, crea a su alrededor un ámbito cuidadoso y agradable, embellecido por el adorno, pero al mismo tiempo deja traducir un buen gusto característico a través de lo que hace. Por eso el estilo personal es la singularización de la apariencia, el distintivo de la propia figura que la hace inconfundible y en cierto modo irrepetible. La "distinción" radica hoy más en este sello personal que ponemos en nuestra imagen que en el carácter aristocrático de superioridad que en otros tiempos imponía una clase social (D. Innerarity). La elegancia se convierte entonces en cauce de expresión de la personalidad y creatividad de cada uno, en un desafío a la monotonía y a la uniformidad.

        Hay que añadir aquí una observación que podría llevarnos muy lejos: `por qué el ornato, el adorno, y no sólo el arreglo y la compostura? Adornar es una necesidad y una costumbre humana que no responde a la manía, o a la simple conveniencia de cubrir lo desnudo o lo vacío. Tiene que ver más bien con la idea de festejar. Todo adorno tiene, en efecto, una doble función: es a la vez representativo y acompañante. Acompaña la representación festiva, y ayuda a ésta. Un traje de boda puede servir de ejemplo. Se trata de un traje extraordinario, superabundante, lujoso incluso, de color simbólico. Realiza una transformación de la novia, y la acompaña, la reviste de atmósfera solemne y festiva al tiempo que significa y realiza su condición nupcial. Se advierte aquí cómo el adorno, el aderezo externo, cumple todo él esta doble función de acompañar y significar lo que la situación exige. Cada ocasión de este tipo tiene unas exigencias y unas conveniencias que el ornato y la figura de la persona deben reflejar, preceder y acompañar. Pues bien: la elegancia preside ese "estar a la altura" que acontece en las ocasiones festivas como adorno y compostura de la persona.

        Toda la inmensa capacidad humana de adornar (brazaletes, anillos, collares, pinturas, telas, trajes y utensilios de fiesta) está al servicio de la representación que hace visible y presente lo no inmediatamente presente: el júbilo, la dignidad, la veneración, la gratitud, el recuerdo y la conmemoración... La elegancia encuentra su ámbito más pleno en la fiesta y en las acciones representativas y simbólicas que en ella se dan de modo natural. Las personas en las fiestas parecen distintas, se transforman, se vuelven bellas y elegantes, se ponen a la altura del acontecimiento, y su capacidad creadora tiene entonces ocasión de brillar y de redundar en su torno. Así se transforma un ambiente en festivo.

        Aquí surge el peligro de confundir elegancia con simple apariencia. Hay que advertir, como última característica, que no hay elegancia verdadera si no es con ausencia de afectación y fingimiento, con espontaneidad y autenticidad en la expresión. Esto se llama naturalidad, mostrarse tino como es, de modo que lo que aparece responda al fondo y a la interioridad verdaderas. Naturalidad no es pura espontaneidad, sino también mesura, moderación, ausencia de demasía, pues el exceso destruye la elegancia, descoyunta las cosas y los gestos. La verdadera belleza es siempre portadora de naturalidad. Actuar espontánea y moderadamente, con un gusto y estilo personales que muestran en la persona una belleza poseída desde el fondo de ella misma: esto es en resumen ser elegante.

        En todo ello los demás son importantes. Mirarnos al espejo, ese dueño de nuestra estima, o sentirnos mirados, es una llamada a embellecernos, a ser elegantes y atractivos como modo de merecer la estimación y el reconocimiento propio y ajeno. Quien ama su dignidad cuida su elegancia. Y así, el cuidado de la propia apariencia añade a la persona la pizca de belleza que le hace amable y atractiva. Es una preparación para el encuentro con los otros, una búsqueda de la nobleza humana del convivir, la creación de un ámbito que está más allá de la pura utilidad: la presentación alegre y festiva de la persona. Ser elegantes consiste en saber encontrar siempre motivos para expresar la alegría por medio del adorno.

        Nada se ha dicho todavía de la creación de elegancia. Suele hacerse por medio de modelos (aquí en sentido estricto) que encarnan visiblemente el canon de belleza corporal en cada momento vigente, y el estilo que se hace moda y referencia. Todo ello es socialmente necesario y hoy, como todo, se realiza de modo profesional y empresarial. La imagen del modelo o la modelo es muchas veces multiplicada en los medios de telecomunicación. Pero después, como a los actores y actrices, se le pide que hable, que muestre algo más que una cara o un vestido, que no se convierta en fetiche, que posea de verdad su propia imagen, que no sea sólo lo que parece.

        Quien adora el fetiche querrá repetir en sí una elegancia mecánica e imitada, carente de respeto por lo que uno o una es de modo propio y original. Lo importante de la elegancia es que no sea sólo imitación exterior, sino expresión de un mundo auténticamente personal. Esto es lo que he querido decir, amigo lector. Si el hombre habla, no sólo con sus palabras, sino también con su expresión, con su gesto, con su figura, con su vestido y apariencia, decir las cosas bellamente se torna no sólo bueno, sino deseable, pues al ejercerse nos dignifica como personas y eleva al nivel de lo verdaderamente humano la comunidad de vida que tenemos con los demás.

 

Ricardo Yepes Stork www.arvo.net  

 

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Magnicidio "Operacion Chile"

Enviado por Eduardo Campos Barra el 22/05/2009 a las 0:42
Eduardo Campos  Barra

Magnicidio operacion Chile.pdf

hacer clic sobre el documento pdf. por favor

El grupo terrorista de ultra-derecha Patria y Libertad se permitió cometer todos los desmanes , atentados uno tras otros, y todo eso avalado ,sostenido por el partido nacional ,apoyados por los grupos mas extremistas del partido demócrata cristiano y con frei a la cabeza de los conspiradores

patria y libertad financiado por la CIA  que enviaba los dineros a Onofre Jarpa agente de la Cia desde  1940  que tenia la tarea de distribuir el dinero en complicidad   y toda la derecha chilena ,cada día de docenas de atentados terroristas (300) cometiendo crímenes de todo tipo ,asaltando bancos .,atentados contra los trabajadores; , ellos protegidos por los altos mandos de las ff.aa y carabineros, por otro lado la prensa reaccionaria(mercurio y la oligarquía)el partido nacional la democracia cristiana tienen una gran responsabilidad histórica en todos ,los acontecimientos que le costaron al vida a mas de 10.000 chilenos, 3000 desaparecidos y miles de refugiados que temían ser asesinados que tuvieron que dejar familia trabajo amigos y todos sus sue os de que chile seria un país para ,por y de los chilenos incluyendo todas sus riquezas básicas .

ES EVIDENTE QUE siempre habran engendros de  la dictadura que inventaran las mentiras mas ignobles  ,para asi justificar la traicion y el crimen cometido contra nuestro pueblo mientras que los cobardes gorilas se cagaban frente a las fuerzas armadas argentinas en el cconflicto del Beagle...pero si tenian "la valentia"(sic) de asesinar sus propios compatriotas ,y todavia ahy energumenos que presentan articulos de un aspecto de una gran seriedad para defender de forma hipocrita la dictadura .

naturalmente los muertos no pueden defenderse ..pero seremos los chilenos que todavia estamos con vida y que vivimos en carne propia los 1000 dias mas dignos que haya conocido la clase trabajadora de  CHILE. VIVA CHILE ,VIVA LOS TRABAJADORES, VIVA LOS MARTIRES DE NUESTRA PATRIA , LOS MARTIRES DEL PUEBLO

VIVA SALVADOR ALLENDE

FIRMA........Eduardo CAMPOS BARRA

Ps: firmar y identificarse es lo menos que se puede hacer por respeto a los que leen........los que se ocultan en el anonimato ,...no son mas que unos viles cobardes.

Recibes lo que Das.

Enviado por El Director el 29/04/2009 a las 12:09
El Director

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IMAGEN: kathybel.wordpress.com

Siempre que alguien esté pidiendo amor no será capaz de darlo, porque el hecho de pedir es una señal de que dentro de él no hay una fuente de amor. Si no, ¿por qué lo tendría que pedir fuera? Sólo la persona que está por encima de la necesidad de pedir amor puede dar amor. El amor es compartir, no mendigar. El amor es un emperador, no un mendigo. El amor sólo sabe dar, no sabe nada acerca de pedir.


¿Sabes qué es el amor? El amor que se pide no puede ser amor. Y recuerda, si alguien pide amor en este mundo nunca recibirá amor. Una de las leyes fundamentales, una de las leyes eternas de la vida es: el que pide amor nunca lo recibirá.


El amor sólo llama a la puerta de la casa donde ha desaparecido el deseo de amor. El amor empieza a llover sobre el techo de la persona que ha dejado de pedir amor.


Pero no llueve sobre el techo de alguien que todavía está anhelando amor; el amor no fluye hacia un corazón necesitado. Un corazón necesitado no tiene el tipo de receptividad que hace posible que el amor entre. Únicamente un corazón que comparte, un corazón que da, tiene ese tipo de receptividad para que pueda llegar el amor a su puerta y decir: «Abre la puerta, ¡he llegado!»


¿Alguna vez ha llamado el amor a tu puerta? No; porque, hasta ahora, no has sido capaz de dar amor. Y recuerda también que todo lo que das te volverá. Una de las leyes eternas de la vida es que todo lo que damos nos vuelve.


El mundo entero no es más que un eco; das odio y recibes odio; das peligro y recibes peligro; maltratas a los demás y eres maltratado; si sacas espinas, recibes espinas. Todo lo que das, lo recibes de vuelta, te vuelve de infinitas formas. Y si compartes tu amor, recibirás amor de infinitas formas. Si no te ha vuelto el amor de infinitas formas, eso significa que no has dado amor.


Pero, ¿cómo puedes dar amor? No tienes amor para dar. Si tienes amor, ¿entonces por qué estás mendigándolo de puerta en puerta? ¿Por qué os convertís en mendigos, yendo de un sitio a otro? ¿Por qué pedís amor? (…)


El amor es un florecimiento interno; surge de una energía latente en tu interior. Sin embargo todos buscamos encontrar amor en el exterior. Todos buscamos encontrar amor en el amado, lo cual es una cosa absolutamente equivocada e inútil.


Busca el amor dentro de ti mismo. Ni siquiera te imaginas que puede haber amor en tu interior porque el amor siempre se ha asociado a la idea del amado. Tienes la idea de alguien en el exterior. Y como no recuerdas cómo puede surgir el amor dentro de ti, la energía del amor sigue latente. No te das cuenta de que siempre estás pidiendo fuera algo que ya está dentro de ti. Y como lo estás pidiendo fuera, no miras en tu interior. De este modo, lo que podría haber surgido dentro, no surge nunca.(El libro del Hara, p. 180.).


El amor necesita que seas capaz de abandonar el ego. (Yoga: la ciencia del alma. Vol II, p.274).


Cambia antes de que te vuelvas adicto a una relación sin amor (Amor, libertad, soledad, p.113).


Cuando has logrado tal equilibrio que puedes vivir sin un amante, puedes vivir sin que te amen y ser tan feliz como cuando te aman, cuando el amor deja de ser una necesidad y se transforma en pura diversión. Si te quieren, bien. Si no te quieren, también bien: no ansías el amor. (Op. cit., p.267). 


Aunque las cumbres nunca se encuentren, existe una especie de comunión entre ellas a través del viento, a través de la lluvia, a través de los ríos, a través del sol y a través de las estrellas. Sí, existe una comunión; hay un gran diálogo. Se susurran la una a la otra; sin embargo, su soledad sigue siendo absoluta; nunca se comprometen.


Sé como una alta cumbre en el cielo. ¿Por qué anhelar pertenecer a alguien? ¡Tú no eres una cosa! ¡Son las cosas las que pertenecen! ( Amor, libertad, soledad, p.239).


Puedes compartir con alguien, pero no eres dependiente. (Op. cit., p.180). Permanece alerta sin elegir(…) Podrás tener soledad, y mantener una relación al mismo tiempo. (Op. cit.,
p.282).


 

OSHO

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IMAGEN: oshoashram.blogspot.com

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Se puede...

Enviado por José, el farero el 22/04/2009 a las 11:57
José, el farero


Innovación tecnológica:

 
Colegio Nocedal de La Pintana gana concurso mundial

Esta noticia es para desatacarla, sin embargo ninguna portada de diario o portal lnternet lo ha hecho. Pero, claro, es una noticia que no vende..., pues son más importante las pechugas de fulana o las nalgas de sutana...

El resultado demuestra que las cosas se pueden hacer bien, que materia prima intelectual existe en nuesta juventud.

El asunto pasa por dignificar el sueldo de los profesores y disponer los recursos necesarios para el desarrollo de esta clase de talentos.

 

 


El Colegio Nocedal de La Pintana, uno de los sectores con mayores problemas sociales y delincuenciales de la capital -cuyo propietario es una fundacion- obtuvo el premio a la innovación tecnológica en el concurso mundial de First Lego League, en Atlanta, Estados Unidos, donde participaron 18 mil estudiantes de todo el mundo con proyectos de robótica.



Los nueve integrantes del equipo "Spectrum Bots", de este colegio chileno, lograron el galardón gracias a su sistema de riego automático con energía solar, como una forma de combatir el calentamiento global.



Según el profesor del proyecto, Patricio Acuña, el premio los tomó por sorpresa, ya que nadie los tenía como favoritos. "No teníamos esperanza, de hecho no éramos considerados ni los mejores, yo creo que éramos los últimos".



Con su vestimenta típica de huaso y superando las dificultades con el inglés, los estudiantes conquistaron con su proyecto.

 

 

 

 "Si los americanos en su concurso, que es muy riguroso, dicen que lo que dice Chile es lo que triunfó... es maravilloso", comentó el profesor Acuña.



Con un pequeño robot de Lego a modo de trofeo, en el colegio se proyectan con nuevas iniciativas de este tipo. El subdirector del establecimiento, Andrés Ruiz-Tagle, quien acompañó a la delegación, dijo que esperan organizar campeonatos de robótica que ojalá puedan sumar a establecimientos de otros países.

Los estudiantes no la tuvieron fácil para viajar y a punta de donaciones y rifas consiguieron el dinero para pagar sus pasajes y presentar su exitosa creación.

Y mientras ello ocurre, continuan los actos de corrupción en nuestro pais y en medio de la más absoluta impunidad...

 

NO MÁS IZQUIERDA O DERECHA.

Enviado por El Director el 13/04/2009 a las 19:27
El Director

 

esclavitud NO.jpg

IMAGEN: bp3.blogger.com

Como chileno estoy aburrido de la clase política parasitante que maneja el país desde Salvador Allende hasta Michelle Bachelet, pasando por el gobierno militar que abrió las puertas al IMPERIO MONETARIO Anglo-Americano y su majestad El Interés.

Las desigualdades sociales continúan  aumentando, con empresarios cada vez más ricos y la clase media sustentando el país. De los pobres...ni hablar.

 Basta de los políticos de siempre; quiero un cambio pero cambio real, no de izquierda a derecha pues son parte de la misma torta. Es tiempo de buscar una opción VERDADERA, no una mera alternancia de color:

QUE LOS GOBERNANTES RESPONDAN POR SUS PROMESAS. 

Que las autoridades tomen el peso a su cargo y NO CUALQUIERA SE POSTULE, SOLO LOS QUE ESTÉN DISPUESTOS A DAR TODO POR LO QUE PROMETEN.

Quien aspire a un cargo público, deberá presentar un programa de trabajo con objetivos y metas claras a cumplir, que en caso de no lograr, deberá PAGAR su INEPTITUD monetariamente o con cárcel. 

Ése es el sistema de gobierno que espero: Uno que RINDA CUENTAS al electorado cuando finalice su período y no que se deshaga en disculpas delegando responsabilidades...elegido democráticamente, por supuesto.

¿Será ésto posible o ya es muy tarde para impedir convertirnos en sucursal gringa?

 

El Director.

 

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Femicidio, Origen, Motivos y Consecuencias

Enviado por TotemRac el 27/02/2009 a las 14:23
TotemRac

Copia de www.javno.com1.jpg

www.javno.com

La ONU en el 2001 tipifico este delito como “El asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género que ocurre tanto en el ámbito privado como en el espacio público”, a pesar de los años que han pasado en nuestro País el Femicidio como delito NO existe, es calificado y generalizado como Parricidio, a pesar de la connotación profunda de su Origen

El Femicidio ha existido siempre en nuestra historia y jamás se le ha dado una importancia mas allá del significado mediático que hoy se escucha o escriben en todos los medios de comunicación masiva, por ende las soluciones propuestas para eliminar este flagelo solo pasan por la Judicialización con su condena punitiva y sus ineficaces medidas de protección además de la condena social que no es más que bla bla bla que se olvida en un par de días, ¿Y el Origen? ¿Alguien ha pensado o analizado de donde nace el Femicidio?, obviamente que No desde la perspectiva de la Realidad, solo como un abuso extremo de un Hombre hacia una Mujer y como tal como lo demuestra nuestro anticuado Código Penal que estima con la presunción la certeza de la infidelidad de la mujer basta para exculpar o atenuar en gran medida la culpabilidad del asesino, cosa que si la ponemos en paralelo con las tradiciones y costumbres Sociales de aceptar el maltrato histórico hacia la Mujer por parte de su “Hombre” como algo normal, dado por la diferencia de los roles con que se educan y crían Niños y Niñas, esto queda demostrado con simples frases que han denostado a la Mujer desde siempre y que las propias Mujeres aceptan ciega e ignorantemente, “Me Enferme” refiriéndose a la Menstruación, “Me Mejore” refiriéndose a parir un Hijo, entre otras “Asertivas” frases, las creencias también han hecho su “Aporte” histórico a la denostación de la Mujer partiendo con el concepto del liderazgo masculino en toda la elite de la Curia, las Monjas en cambio son solo las esposas de Cristo, sin ninguna posibilidad que alguna Mujer sea Papa, el concepto inventado de la “Virginidad” solo aplicable a las Mujeres o que en el Matrimonio solo el Hombre adquiere un nuevo status de “Marido” en cambio la Mujer sigue siendo Mujer, la misma Biblia “Enseña” que la Mujer fue creada de la “Costilla” del Hombre, que Eva fue la que cayo en la Tentación y por ende Dios le dijo la cariñosa frase “Yo aumentare tus sufrimientos durante el embarazo, parirás tus hijos con dolor, tu deseo será el de tu marido y el tendrá autoridad sobre ti”, tal como el venerado Santo Tomas de Aquino decía respecto a la mujer “Respecto a la naturaleza individual la Mujer es incompleta y mal dispuesta, la fuerza contenida en la semilla Masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el Sexo Masculino, mientras la producción de la Mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material o incluso de una cierta influencia externa”, con estas enseñanzas ¿Las Mujeres tienen algo que decir? o solo seguirán con los ritos, costumbres y tradiciones que las han llevado a ser solo un objeto de posesión, en donde el Pololeo, Noviazgo y por consecuencia el Matrimonio sea el camino a seguir para conseguir el tan ansiado Amor Propiedad, creo con seguridad que aquí es donde parte el Femicidio, en la distorsión de la relación Natural entre un Macho y una Hembra y su necesidad básica de compartir la vida, procrear y seguir viviendo naturalmente, la Socialización y Tergiversación del Amor Real es el Origen del Femicidio.

 

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El Director

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