Enviado por degolando
el 18/01/2010 a las 22:50
Uno que otro
papel picado de las celebraciones en plaza Italia en medio de las corrientes de
aire circulaban por las elegantes calles de Providencia y Las Condes. Desde los
balcones de los edificios, las bandera chilena ondeaba al compás de la brisa,
la cual, supuestamente, trae consigo “aires de Cambio”.
Sin embargo, la
celebración estaba a ras de piso, el asfalto perfecto de las avenidas del
sector oriente. El motor de las camionetas cuatro por cuatro y los Mercedez Benz
rugía entre bocinazos y más banderas
chilenas que cubrían de un manto tricolor las grises avenidas capitalinas.
Más de algún
rubio o una rubia, impecablemente
vestido asomaba la mitad de su cuerpo por la ventana de un Mini cooper, o Volkswagen, o un Audi, entonando el grito de moda: “se
siente, se siente, Piñera Presidente”, pero entre aquellos que celebraban, no
faltó quien portaba una fotografía
Pinochet, el cual, santo patrono de la derecha, celebraba desde el averno el
primer triunfo electoral de la derecha desde el Jorge Alessandri Rodríguez.
Cuando subí al metro, el
fervor aún continuaba. Una pareja que hubiera encajado perfectamente en
comercial de dentífrico, usaba unas coquetas poleras blancas con la denominada “estrella
del cambio”, elemento que los creativos del abanderado de la derecha copiaron
vulgarmente a Lula da Silva. Recuerdo a una señora de extracción popular con
una vocación abiertamente aspiracional -su cabello estaba teñido de color
trigo, aunque la delataba la raíz negra – subió al metro con una sonrisa de
dientes amarillos. Ella era acompañada por dos o tres señoras más que decían:
se fueron, se fueron, se fueron… ahora nos toca a nosotros. Yo me reí en
silencio. Pensé pobrecitas, este gobierno no será de ellas, sino de quienes
andan en la superficie con sus lujosos automóviles… bueno, después se pegaran
el alcachofazo…
Después de unos minutos,
llegué a Recoleta. Subí por las escaleras de Estación Einstein, pensando hallar
una situación parecida a la de mi lugar de trabajo. Sin embargo no había nadie,
no había pabellones patrios, no había bocinazos- salvo uno que otro aislado- nadie cantaba
loas a Piñera ni mucho menos entonaba la canción nacional. Era un silencio
acompañado del tránsito de la circulación del transporte público y uno que otro
borracho esperando que la botillería de turno abriera tras el fin de la ley
seca.
Pese a la predecible
victoria de Piñera, llegué contento a mi casa. Todavía queda gente con algo de neurona.
Enviado por degolando
el 29/08/2009 a las 0:17

Yo soy muy pero muy volado. Durante mucho tiempo pensé que el plazo de entrega para el concurso de cuentos de revista Paula terminaba el día viernes de la próxima semana, pero no era así. Eran las cuatro de la tarde cuando me puse a revisar las bases del concurso y me di cuenta que debía entregarlo hoy a las seis de la tarde y no tenía anillados ni impreso las copias del cuento- eso sí estaba corregido, listo, pero de puro gil me iba a quedar sin concursar-... si a eso le sumamos que no tenía un peso en los bolsillos, la situación era un tanto complicada. Por suerte mi vieja tenía unos pesos así que partí rapidamente a imprimir las copias y anillarlas, eran las cinco de la tarde... me faltaba un sobre donde enviar las copias. No podía ser cualquiera. Debía aguantar el peso de cinco copias y después de recorrer todos los bazares del barrio, no encontré el apropiado, eran las cinco y cuarto y no había solución. Me resigné a perder la oportunidad de participar... me dio rabia y me fui refunfuñando, pegándole a un par de perros cajeros y me eché una paloma con un piedrazo.
- Diego, qué te pasa- preguntó mi tía que justo me vio de casualidad.
_ Tía, por hueón no voy a participar en Paula.
- Por qué, si tú hablabas a cada rato de eso.
- Sí, es que me falta un sobre... tengo todo listo, menos eso.
- Pero anda al centro poh
- Es que no alcanzo.
- A ver quieres un sobre.
- Sí.
- No importa que no sea muy ortodoxo
- No
- Ven a mi casa- fuimos, ella tomó papel de diario y con una habilidad prodigiosa armo un sobre lo suficientemente sólido para soportar el peso con un diario sobre la crisis financiera, deposité la historia, el sobre con mis datos y luego de reforzar la estructura con cinta de embalaje, partí rajado a dejar el cuento. Eran veinte para las seis. Debía cruzar Santiago en veinte minutos, sino quedaba fuera. La verdad es que el sobre era muy, pero muy ordinario, pero, al menos resistía. con ese paquete salí rajado a las oficinas de revista Paula. en el caminó boté una vieja, me saqué la cresta corriendo por la calle- tengo la mala costumbre de andar con los zapatos desabrochados- Casi un bus del transantiago me atropellan por cruzar con roja por Recoleta, pero a mi no me importaba. corría a lo forest Gump por el objetivo... debía llegar a las seis de la tarde sí o sí.
Tomé el metro en hora punta, sudado como cerdo. estaba tan hediondo a sudor que la gente no se me acercaba, además de tener la ploera empapada. Miraba el reloj a cada rato, y el metro parecía andar más lento que el tiempo. yo caminaba de un lado a otro del vagón con una cara de loco que hubiera asustado a fredy Krugger y la gente me miraba porque el papel de diario que pretendía ser un sobre, se veía horrorosamente mal.
después de rogarle a todos los santos- es bastante raro ver a un ateo rezando- me bajé en estación ñuble a las seis cincuenta y ocho minutos. corrí por el metro, tropezando con la gente que me estorbaba el paso. doblé por Ñuble y salí a Vicuña... corrí tan rápido que yo cacho que le ganaba a Bolt una competencia. Ni que me persiguieran los pacos...
Cuando llegué a la puerta de Copesa, el guardia estaba cerrando la puerta, me metí a la mala, lo reconozco. Eran las seis de la tarde en punto y dejé el cuento a las seis con treinta segundos.Al pasar el papel de diario, la secretaria se mató de la risa. Es que soy ecológico y reciclo- me saqué el pillo- y salí contento. Cagado de la risa... sin embargo al rato después pensé... por qué me esforcé tanto si ni siquiera estoy seguro que voy a ganar.
Enviado por degolando
el 05/08/2009 a las 13:17
Me paré en la puerta de su trabajo para ver si la hallaba. Nunca la conocì personalmente, pero podìa reconocerla con los ojos cerrado.Había visto su foto aca en bligoo todos los días desde noviembre a la fecha, por ello su rostro de nariz grande y cabello castaño, ojos tiernos, me resultaría familiar.
Estuve sentado en la esquina de Bandera con Alameda, aguardando, impaciente, miraba el tráfico de Santiago, miraba a la gente para ver si ella aparecía y cuando estuve casi una hora, me di cuenta de lo estùpido que era al perder mi tiempo en un amor post modernista...
Enviado por degolando
el 03/08/2009 a las 22:15
Embriagado de mil copas una imagen femenina encandiló mi pupila. Sus pechos proclamaron mi cantar de cantares y el matiz del instinto entonó la lujuriosa sinfonía. Blanca degustaba la anónima copa de Merlot, mientras yo en la penumbra despunté el adjetivo, arma letal de conquista pasajera, palabra puente a su lecho rosa.
En vilo cual serpiente fijé la mirada en el cuello de la víctima. Un perfume celeste fraguó el torbellino, su aroma ligero empalagó el olfato trastocando mi sentido.
Entre ondulaciones del cabello en llamas, mi estrategia sucumbió a la danza del calipso cristal donde el acuoso metálico del párpado en-cripta la noche.
En silencio preparé la caballería. El verso me acompañó tembloroso ante el campo inexpugnable del escote, hábitat natural del índice escarpelo quien libera en el desliz un minúsculo alarido.
Empapado del signo lascivo arribé a la ninfa sin cautela ni prejuicio. Mi mano arácnida trepó por el dedo y mi boca ajustó la fina caricia del habla. El veneno surtió efecto a través de una piel erizada y la sonrisa perla que denota nerviosismo. Blanca cayó a la llamarada lila, rodó en el pecado, bañando la colcha de residuo salino.
Mi dulce Blanca agitó el pecho con el jardín de mis adjetivos. Mi lengua anidó en el vello crepúsculo, frontera ermitaña del rayo fotoeléctrico, tierra prometida del amante furtivo y el cazador de incandescentes soles capturó en la retina memorias insomnes del cuerpo del delito...
El meñique escala en melódica vértebra, un lamento vibra en el espejo, armonizando cuerdas de soprano para una ópera geométrica:
Primer acto…
Relinchan catres jubilosos.
Segundo acto…
Mi diente enclaustra la carencia de lácteo
Tercer acto…
La cobra descubre la calida humedad del labio. Arremete en la madriguera
Cuarto acto…
Germina espuma lechosa
atando partículas radioactivas,
enciendes fulgores atómicos
en la nebulosa incierta tu ojo
y revolotea el parpado
en la mañana de Hiroshima…
Blanca aguardaba enhebrar mariposas matutinas, alimentar oníricos destellos con una taza de café. Ella pretende cazar a la víbora- con cascabel incluido- sin embargo, el alba es una luz amenazante. La serpiente repta sigilosa buscando refugio en el recuerdo coital.
Al verla dormir bajo el grávido sueño, me inclinó ante ti lujuria a quien regalo este cuerpo como brindis al claroscuro.
Enviado por degolando
el 22/07/2009 a las 17:34
Anoche murió una persona y nadie le importó. Cayó desde el segundo piso por culpa de la borrachera. Su cabeza se estrelló contra una piedra y sus sesos se regaron por el piso. Los que escucharon el golpe dijeron que se oyó igual a una explosión de calefón, algunos, los más curiosos vieron el espectáculo sin impresionarse en demasía -han visto cadáveres con dos balas en la cabeza, con los intestinos colgado por el ombligo o desangrándose en la vereda. La violencia de los narcos es así. Los ajusticiamientos y rencillas en la Pincoya son más comunes de lo que creemos- alguien puso su mano el la yugular del flaco sin detectar el menor atisbo de pulso.
Una señora cubrió los restos de Manuel con una sábana celeste. La policía llegó dos horas después del incidente – si mi amigo, el flaco Manuel hubiera sido de Las Condes, se hubieran peleado por llegar- encontraron al flaco muerto, con los ojos abiertos y perdidos mirando el cielo azul de Julio del 2007. La policía tomó fotografías, el flash iluminaba el piso con destellos blancos. Luego cubrieron el cuerpo con una lona negra, mientras un cabo servía café a los superiores. - Cuándo llegaran los del médico legal… cuándo llegará la fiscal.- preguntó un Carabinero intentando calentar el cuerpo dando pequeños brincos de conejo.
Tres horas después arribó la fiscal, cinco minutos más tarde apareció la camioneta de la morgue. Eran las seis de la mañana. El cielo adquirió un matiz plomizo y el aliento se convertía en vapor al escaparse del labio. La fiscal inspeccionó al difunto, hizo un par de preguntas , ordenó retirar el cuerpo. Los asistentes del médico legal extrajeron una bandeja metálica depositando los restos del flaco. El menos afortunado- un hombre gordo, ojos verdes- debió recoger con pala la masa encefálica del amigo de mi papá. En un balde guardó los restos y los dejó dentro del carro mortuorio. Cerraron la puerta trasera del vehículo. Los policías se despidieron de la fiscal y todos partieron.
Cinco minutos más tarde apreció un camión aljibe de la Municipalidad. Un funcionario se estacionó unos metros del lugar del incidente. Conectó la manguera en un costado del vehículo. abrió la llave. Un chorro de agua borró los restos de sangre.
Quien haya pasado por esa esquina jamás sabrá que alguien dejó la vida ahí.
Tampoco le hubiese importado.
Enviado por Princesa
el 01/06/2009 a las 18:25
Mi mujer
y yo estábamos sentados a la mesa en la reunión de mis excompañeros de
universidad. Yo contemplaba a una mujer sentada en una mesa vecina,
totalmente borracha que se mecía con su bebida en la mano. Mi mujer me
preguntó: – ¿La conoces? – Sí -suspiré-, es mi ex-novia. Supe que se
dio a la bebida cuando nos separamos hace algunos años y me dijeron que
nunca más estuvo sobria. – ¡Dios mío! – exclamó mi mujer ¡Quién diría
que una persona puede celebrar algo durante tanto tiempo!
Moraleja : Siempre hay dos maneras de ver las cosas …
Enviado por Princesa
el 30/05/2009 a las 12:50

Había una vez un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía la radio, no leía los periódicos, ni veía la televisión.
Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: “Compren deliciosas albóndigas calientes”. Y la gente se las compraba.
Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse mejor de su negocio. Y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.
Sin embargo, ocurrió algo importante. Su hijo le dijo:
-”Padre, ¿pero no escuchas la radio, ni lees los periódicos? Estamos sufriendo una grave crísis. La situación es realmente mala; peor no podría estar”.
El padre pensó: “Mi hijo estudia en la Universidad, lee la prensa, ve la televisión y escucha la radio. Sabe entonces lo que dice”.
Compró pues menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejó el alquiler del terreno a fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.
Después de un tiempo, el negocio estaba realmente afectado
-”Tenías razón hijo mío”, le dijo al muchacho. “Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis”.
Moraleja: Si nos programamos para fracasar, fracasaremos. Si nos mentalizamos para ganar, ganaremos. Es una simple elección personal. En estos tiempos distintos, asumamos que hay muchas oportunidades esperando por nosotros
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