Por Sergio Melnik

Chile tiene hoy 350 mil pobres más, en estándares de 1985. En estándares de 2010, créame que la pobreza es muchísimo mayor.
Una vez más corresponde enfatizar que popularidad no es sinónimo de buen gobierno. Las cifras, duras a veces, es lo que queda para la historia. Las emociones del presente se desvanecen. La Concertación declaró preocupación por la pobreza. No me cabe duda de que tal preocupación existe, pero no es suficiente. La clave es sumar gestión: lograr que los recursos utilizados se transformen en resultados concretos, de acuerdo al objetivo.
Nunca en la historia de Chile un gobierno administró tantos recursos como Bachelet. De hecho, dobló el presupuesto durante su período, y llegó a gastar más de US$ 40.000 millones al año. En ese lapso, sin embargo, cayó año tras año la productividad, el crecimiento medio fue el menor en 25 años, aumentó la corrupción, creció la delincuencia, disminuyó la competitividad chilena, se rompió la regla del superávit estructural y aumentó la pobreza.
También disminuyó la población estudiantil en establecimientos fiscales, y los resultados en educación fueron mediocres. Los escándalos en salud se multiplicaron, incluyendo la Cenabast. La deuda hospitalaria creció. El Transantiago es un escándalo. EFE se desangró y además de lo perdido acumula una deuda que no puede solventar. Igual cosa ocurrió con Enap, que llegó a perder US$ 1.000 millones en 2008, y una deuda que quizás tampoco pueda pagar, sin olvidar que además se le inyectó US$ 250 millones de capital. A Codelco hubo que ponerle plata en vez de que sólo entregara.
Y ahora empiezan a aparecer más problemas que dan cuenta de por qué la pobreza aumentó. Hemos visto con pavor los escándalos del Ministerio de Vivienda en la V Región. Es patético ver las cifras del Instituto de la Juventud o Chiledeportes. La Conadi no tiene nombre. Se consumieron los recursos del bicentenario. El gobierno de Piñera asume con un déficit de más de US$ 2.300 millones. Hemos visto paralizada la ciudad en Cerrillos. Hemos visto las irregularidades de las becas. El Auge tiene cientos de miles de pacientes en espera, y el programa se trata justo de “atención garantizada”. Súmese a ello el escándalo del Estadio Nacional. Para qué hablamos del exceso de funcionarios públicos innecesarios. Joaquín Lavín encontró 160 abogados y 70 periodistas en su ministerio, y muchas funciones duplicadas. Ahora se examinan programas sociales que no tenían control alguno de efectividad ni resultados. Todavía hay cosas incumplidas en Chaitén, y hasta cosas pendientes del terremoto del norte. En La Moneda trabajaban más de 700 personas, hoy son menos de 200. Y suma y sigue.
Ese es el tema: gestión.
El gran argumento de Bachelet, a través de una ex ministra de Odeplan, es que el aumento de la pobreza fue efecto de la crisis. Es real que las crisis generan pobreza, particularmente del tipo que hay en Chile, directamente sensible al empleo. Pero eso es sólo una fracción de la verdad, porque la crisis sólo afectó el último año de Bachelet. Eso significa que en los tres anteriores no hubo progreso alguno en materia de pobreza. De haberlo, las cifras se hubiesen mantenido con el efecto de la crisis.
Lo cierto es que se dilapidaron recursos a destajo, sin producir ni crecimiento, ni mayor empleo, ni reducción de pobreza, ni menor corrupción, ni disminución en la delincuencia, ni descentralización o cuidado del medio ambiente. Entonces, ¿qué se logró realmente?
Si miramos con atención, sólo quedará la pensión solidaria como un avance real. La red social como concepto ni siquiera es de Bachelet: fue diseñada como tal en los años 80 bajo la dirección de Miguel Kast, padre del actual ministro de Odeplan, y recogía iniciativas históricas de varios gobiernos, agregando los instrumentos y herramientas necesarios para focalizar los recursos en los pobres. La ficha CAS y la encuesta Casen fueron diseñadas en la “dictadura” como ejes de la política social, y siguen hasta hoy.
En síntesis, los tres primeros gobiernos de la Concertación avanzaron y dejaron diversos legados contundentes, uno de ellos la batalla contra la pobreza real. Pero la era Bachelet-Velasco fue puro aire y desperdició la oportunidad histórica de avanzar. Políticamente fue el peor período de la Concertación, que hasta entonces ofrecía buena gobernabilidad. Florecieron los díscolos, se enredaron los partidos, y finamente perdieron el gobierno a pesar de los enormes recursos de que disponían.
Chile tiene hoy 350 mil pobres más, en estándares de 1985. En estándares de 2010, créame que la pobreza es muchísimo mayor.
Fuente: emol




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