«El Gobierno militar de Pinochet es parte de la historia, y a veces es bueno dejar que la historia duerma en paz»
El único presidente en la historia que
ha tomado posesión durante un terremoto, matiza: «Yo asumí la
Presidencia a las once de la mañana y los temblores se produjeron
minutos antes. Por tanto, los terremotos son herencia de la
Administración anterior. Nosotros somos el Gobierno de la
reconstrucción y del futuro». Sebastián Piñera, economista y empresario
multimillonario de 60 años (según Forbes, tiene 2.200 millones de
dólares), acaba de cumplir cinco meses en el cargo. «Mi primer acto
oficial fue acudir al epicentro de la catástrofe», recuerda.
Entrevistado por ABC en el histórico Palacio de La Moneda, el político
que logró romper 20 años de hegemonía de la Concertación (alianza de
izquierdas y democristianos) repasa su breve pero intensa gestión y
analiza el panorama internacional.
Piñera no tiene inconveniente en hablar de sus empresas,
«las que vendí lo hice de forma voluntaria porque no hay una ley que me
obligue». Tampoco de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90), «es el
pasado», insiste. Desconfía de gobiernos como el de Hugo Chávez, «pero
lo respeto y pido lo mismo para Chile». Cree que España, entre otros
países, «se dejó estar (durmió)» con la crisis pero aprendió que «el
estado de bienestar no es eterno y sólo se da en naciones muy, muy
ricas». Algunos países de Europa, diagnóstica, «padecen de obesidad, y
ahora tienen que ponerse a dieta».
—El 11 de marzo, durante su investidura, el edificio del
Congreso llegó a temblar como una hoja. ¿Tuvo miedo de que se
derrumbara?
—Una persona nos advirtió a mi mujer [Cecilia Morel y a
mi que había una alerta de maremoto y emergencia de evacuación. Me
preguntó qué prefería, salvar la vida o asumir la Presidencia. El
Congreso está a más de veinte metros sobre el nivel del mar. Sabía que
no corríamos peligro. Cuando entré vi las caras de terror de muchos de
los presidentes, pero no en el Príncipe de Asturias. Él se mantuvo muy
digno y tranquilo.
—¿Qué balance de gestión hace tras los efectos del terremoto?
—Hemos enfrentado la catástrofe y recuperado la
capacidad de crecimiento, de inversión y de empleo. Logramos que 1,25
millones de niños volvieran a la escuela, restablecimos el
funcionamiento del sistema de salud, construimos más de 60.000
viviendas de emergencia y pusimos en marcha aeropuertos, carreteras y
puertos. En otro plano, hemos logrado reactivar la economía chilena. El
año pasado cayó un 1,5 por ciento, éste va a crecer mas de cinco
puntos; se destruyeron 30.000 empleos y vamos a crear más de 200.000...
—Quizás Europa debería pedirle la formula mágica. ¿Qué análisis hace de la crisis y del ajuste en cadena de los países de la UE?
—Creo que muchos países de Europa gastaron más de la
cuenta e hicieron menos modernizaciones de las que deberían. Padecen de
obesidad y rigidez. La mejor forma para enfrentarla es dieta y
ejercicio. Eso es lo que, en mi opinión, tiene que hacer Europa:
reducir el gasto y reiniciar la modernización. No puedes vivir
eternamente por encima de tus posibilidades. Los que se durmieron,
ahora tienen que recuperar el tiempo perdido.
—¿España es un ejemplo de ello?
—Empecemos con los griegos.
—¿Y después los otros «pigs» (Portugal, Irlanda, Grecia y España)?
—Ese apodo (cerdos) es despectivo. España está
aprendiendo la lección. Se ha dado cuenta de que no puede vivir más
allá de sus medios. El estado de bienestar es para los países muy, muy
ricos. Y no dura para siempre.
—Los gobiernos de Iberoamérica enarbolan la bandera de los derechos humanos pero la mayoría, como Lula, visitan Cuba y callan...
—América Latina está en deuda con Cuba pero, a veces, no
somos consecuentes. Cuba es una isla no solamente geográfica, sino
ideológica. En el siglo XXI la defensa de la democracia y de los
derechos humanos no puede tener fronteras.
—¿Cuáles son las vías para que Cuba recupere la democracia?
—Hay que facilitar una transición. América Latina tiene
un gran papel que desempeñar en ese proceso pero también Estados
Unidos, que debería modificar su política de bloqueo económico porque
no ha producido resultados fecundos.
— Chile es el único país que ha pedido una cláusula
democrática para ratificar en el Congreso su adhesión a Unasur (Unión
de Naciones Sudamericanas).
—Le plantee al secretario general de Unasur, Néstor
Kirchner, que nos gustaría incorporar a los estatutos una cláusula
democrática. También le pedí hacer una organización liviana. No
queremos una nueva burocracia ni que Unasur pretenda competir o
reemplazar a la OEA. Tampoco que sea un campo de batallas ideológicas.
Se tienen que respetar las diferencias y buscar los intereses comunes.
—¿La Cumbre UE-América Latina celebrada en Madrid ha
supuesto un desencuentro en torno a Porfirio Lobo y las relaciones con
el nuevo régimen hondureño?
—Más allá de que el Gobierno español sea de orientación
socialista y el nuestro más liberal, la relación es buena y queremos
que siga siendo así. Honduras está fuera de la OEA, y en Unasur nos
pareció que no era prudente que un país en esa en etapa de transición
fuera invitado a la Cumbre. Creo que España, finalmente, comprendió que
si había un problema dentro de América latina no era prudente que desde
Europa se ignorara esa situación.
—¿Honduras ahora tiene un gobierno democrático? ¿Que hace falta para su reconocimiento?
—La salida de Zelaya fue una quiebra de la democracia.
Pero eso es parte del pasado, de la historia. No podemos cambiarlo.
Después hubo elecciones, tienen un gobierno de unidad nacional, han
creado la Comisión de la Verdad y Reconciliación… Están avanzando en la
dirección correcta. Esta situación no puede durar para siempre.
—¿Qué opina de países como Venezuela, Ecuador o Bolivia,
que mantienen posiciones flexibles y son acusados de dar refugio a
terroristas de las FARC o de ETA?
—El terrorismo y el narcotráfico son enemigos a los que
no hay que darles nada. Hay que combatirlos. Siempre dentro de la ley
pero con todo el rigor de la ley. Esa es la posición de Chile y es la
que deben asumir todos los países verdaderamente democráticos.
—¿La era Pinochet es un capítulo pasado o hay asignaturas pendientes?
—El Gobierno militar es parte de la historia, y mi
gobierno no va a ser un guardián de la historia sino un constructor del
futuro. Cuando en el presente nos dedicamos a juzgar el pasado, el
único que pierde es el futuro. A veces es bueno dejar que la historia
duerma en paz.
—¿Pero está de acuerdo con los juicios que hay en Chile?
—Por supuesto, soy partidario de seguir avanzando en la
búsqueda de verdad y justicia. Eso es tarea de los tribunales de
justicia. Pero un país no puede quedar atrapado en su pasado y seguir
reviviendo las mismas divisiones, odios y rencores que causaron tanto
daño. Es malo cuando el pasado se transforma en un obstáculo para el
futuro.
—¿Ha podido cumplir sus promesas de la campaña electoral de desligarse de sus empresas?
—Me comprometí, porque no hay ninguna ley en Chile que
me lo exija, a vender Lanchile y la Clínica Las Condes. Cumplí con mi
promesa. Además, plantee mi intención de buscar una solución para el
canal Chilevision a través de una Fundación sin fines de lucro para
donarla o directamente venderla. Hemos avanzado pero estamos en pleno
proceso.
—Ahora surge la duda, ¿es un buen negocio ser presidente de Chile?
—Desde el ángulo económico y financiero, nunca ha sido
ni debe ser buen negocio ser presidente de Chile. Si hubiera querido
maximizar mi riqueza material, no estaría aquí. Esta casa se llama La
Moneda, hace tiempo les dije a mis hijos que ya no me interesaban los
billetes, que lo que me interesaba era La Moneda.
—¿Cómo ha cambiado su vida desde que es presidente?
—Mi mujer me acompañó en campaña con una generosidad y
lealtad inmensas. Mis cuatro hijos, sin que nadie se lo pidiera, poco a
poco, se fueron sumando. Cuando fui elegido presidente ellos volvieron
a sus actividades normales, pero mi mujer siguió. Hoy ella trabaja
tanto como yo. Eso nos ha unido y nos permite comprendernos y apoyarnos
muy bien.
—¿Es partidario del matrimonio entre homosexuales o la unión civil?
—No se debe discriminar a ninguna persona. Ni por su
origen étnico, condición socioeconómica, opción religiosa, ni por
preferencia sexual. Pero la esencia y naturaleza del matrimonio es
entre un hombre y una mujer. No quiero una fórmula jurídica que
debilite el matrimonio. Lo que hay hacer es resolver las injusticias
para que las parejas puedan compartir el sistema de salud o recibir la
pensión a la muerte de uno.
—En España acaba de modificarse la ley de despenalización del aborto, ¿cuál es su posición sobre este asunto?
—Estoy en contra. La decisión de abortar no le
corresponde a la madre, ni siquiera a los padres de común acuerdo
porque está de por medio la vida de un tercero. Nadie tiene derecho a
hacerlo.
—Juan Manuel Santos y José Mujica son los últimos presidentes suramericanos. ¿Qué opina de ellos?
—Santos es un viejo amigo mío. Tenemos mucha historia en
común y le tengo mucho aprecio. A Mujica no le conocía, lo hice en el
cambio de mando, y nos hemos topado en Buenos Aires y otras partes. Me
parece un hombre muy bien intencionado, muy a la antigua, me recuerda a
mi padre.
—¿Cómo se plantea la convivencia con vecinos como Chávez, Correa, Morales o Fernández de Kirchner?
—Ellos siguen un modelo de cómo entienden la democracia,
la economía, la convivencia, el desarrollo de una sociedad muy distinto
del mío. No comparto el camino que ellos siguen pero lo respeto. Lo que
pido es que se respete el nuestro también.











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