Martín, al acabar la última página del libro que compró en un local
perdido de la estación de buses de Mendoza, descubrió que era un
idiota. Se había quemado las pestañas leyendo autores como Nietzsche,
Freud, Marx, pasó horas y horas frente las hojas de los textos de
Foucault y cuando no lograba cerrar los ojos en las noches, siempre
existía un texto en el velador al cual recurrir para llegar a la mañana
siguiente.
Al llegar a Santiago, Martín abrió la puerta de la casa y corrió a
buscar el brasero. Tomó una bolsa de carbón y llevó esto elementos al
patio de la casa. De su bolsillo derecho tomó los fósforos, arrojando
una cerilla sobre el papel. Una llama azulada danzo sobre el papel
consumiendo hasta la últimas palabras de Soriano y cuando el fuego
estaba a punto de extinguirse, arrojó los pesados textos de Escritores
rusos, latinoamericanos , franceses, italianos, toda la biblioteca que
se encontraba apilada en en un viejo estante de su hogar.
Cuando las chispas de fuego dejaron de quemarse, Martín arrojó un jarro
con agua para evitar un incendio. Caminó hasta el living de la casa,
acomodó el culo en un cómodo sillón de felpa y encendió un programa de
farándula.
Nunca había sido tan feliz en su vida.












Genial prosa y contenido...Lo triste ...
Genial prosa y contenido...
¿En qué equipo juega?
Creo nos encontramos frenta al sub producto de un sistema educacional y televisivo anacrónico y castrante, culturalmente hablando.
Muchos salu2.
la respuesta es sencilla estimado
Entre más idiotas, menos crítica, esa es la ecuación en general.
saludos
D.
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vamos que se puede!!!
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