Hoy, no creo que exista nada mejor que poder rendirles, por lo menos, un modesto homenaje a quien, concienzudamente y casi que sumisamente, siempre lo ha hecho por merecer. Entonces, a buen tiempo, para todas esas damas, madres, amas, jóvenes, adultas, maduras, doncellas, cónyuges, parejas, novias, casadas…, en fin, simplemente: ¡Todas las Mujeres! de nuestro tan maltrecho orbe; hoy les dedico el florilegio de una antología ya escrita en parte por mi estimada Luce Deperon en un matutino sudamericano.
“Ser instrumento –señala ella- y sentir a los milagros que opera la naturaleza sobre nuestro cuerpo, es un enorme privilegio; por eso, creo que es un honor poder ser mujer. No olviden que nuestro cuerpo sirve de albergue y nutrición de la próxima generación, como si fuera un templo de la vida. Esta misma función de llevar el cultivo en nuestro cuerpo de un otro ser humano, se propaga en cada uno de los actos y actitudes en nuestra existencia. Nutrimos no sólo a nuestros hijos con la voluntad propia de nuestro cuerpo, sino que, nuestro instinto nos mueve a cultivar los alimentos y las plantas, así como las flores…”
“Somos un género gentil que trata de hacer florecer todo lo que nos rodea, aunque también podemos tener una fuerza inaudita para la defensa de nuestra descendencia. Esto se manifiesta en la feminidad y maternidad de las mujeres desde los más primitivos organismos de la existencia, desde el origen mismo de las especies…”
“Entonces, si todos saben que es así, ¿por qué somos tan mal tratadas a través de todas las épocas, culturas, civilizaciones, sociedades, y hasta en nuestras relaciones maritales? Porque muchos ya sabrán que hay veces que nos mutilan, nos quitan voz, propiedades, oportunidades, derechos legales y derecho a orientar nuestras vidas. Y lo hacen con el afán de debilitarnos para compensarse por el papel tan prioritario de la hembra, y que los hombres no comparten…”
“Por su parte, el género masculino, en su papel de defensor del territorio y de las posesiones, no se limita a matar a la prole como lo hace el león para preservar su dominio sobre la leona, sino que se ha desarrollado tanto, que tiene todo un ejército y una industria bélica de matanza para aniquilar todo lo que pueda quitarle algún poder o propiedad…”
“Me pregunto, -agrega esta columnista-: Si fuéramos a invertir todo el dinero dedicado a las armas y ejércitos, en el bienestar de la humanidad, ¿no se aniquilaría la pobreza y gran parte de la violencia? ¿O será que tenemos que continuar a esperar a que las mujeres, siempre y cuando no se masculinicen, tengan el poder mundial para devolver la humanidad a la humanidad?”
Sé que habría mucho más para decir aquí, pero creo que, lo que yo añadiese, serían estrictamente redundancias gramaticales y nada más. Por eso, sencillamente les deseo a todas las féminas del planeta: “Un feliz día”.











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