Es difícil lograr comprender las ansiedades del ser humano que, habitando en una comunidad glabalizantemente rectificable en la que se subordina a las cretinas reacciones de sí mismo, termina confundiendo pelos con proles, y vive ratificando su incontrolable deseo de querer repetirse por toda la eternidad, principalmente cuando aún nos parezca extraño que nuestro Señor haya ordenado: “Creced y multiplicad”, sabiendo perfectamente que eso sería un horror y no acarrearía beneficio alguno para el Arte, especialmente la de vivir.
Siendo así, es imposible comprender y distinguir entre lo sagrado y lo profano, cual es el que vale más. Por eso que hace décadas, cuando leía algunas obras de Marcuse, acreditaba que los bidés servían para lavar los dientes y que Dios ostentaba una barba radical-socialista para asustar a los niños pequeños, llegando a imaginar que el futuro sería bello, que los punteros del reloj irían parar, oxidarse, después pudrirse y, finalmente, a continuación, caerse, suspendiendo mismamente la crueldad inherente al tiempo, permitiéndonos que se observase el placer de existir.
Sin embargo no fue así. Como se ve, la idiotice que permea el sistema hizo que llevaran al pie de la letra las tonterías de la Lógica y, ahora, miles de millones de bípedes claudican, ebrios, intentando sustentarse sobre sus propias deyecciones existenciales, mientras que al mismo tiempo, se sienten magnetizados con los sombríos festejos balano-prepuciales antevistos por la Dra. Karen Honey que, al criticar la idea freudiana de “envidia al pene”, se quedó vacilando entre estos dos self imposibles, afirmando que podría haber una contrapartida masculina a la envidia al pene en los hombres: la envidia al útero, aquella envidia que se siente ante la habilidad femenina de criar hijos… ¡Formidable!
No en tanto, recientemente un nuevo estudio liga “el placer solitario” al cáncer de próstata. Así lo deja antever una investigación realizada en el Reino Unido, que asevera que aquellos que en su juventud se “autocomplacen en gran medida”, son más propensos a desarrollar este mal cuando alcanzan la tercera edad.
Todo indica que esta refutable disertación, reveló que los hombres que tienen sexo de manera frecuente entre sus 20 y 30 años, tienen un riesgo mayor de desarrollar cáncer de próstata cuando lleguen a una edad más adulta, mientras que otro de los datos sorprendentes del estudio, apunta que los hombres jóvenes que se masturban con gran periodicidad, mostraron posibilidades aún mayores de manifestar el mismo mal.
La investigación fue liderada por la doctora “Polyxeni Dimitropoulou”, de la Universidad de Cambridge, y afirman que durante la pesquisa, se revisó el historial sexual de 400 hombres que habían sido diagnosticados con cáncer de próstata antes de cumplir los 60 años.
Las preguntas de la lucubración fueron principalmente sobre la vida sexual de esos mortales, en donde se incluyeron datos como la edad en la que tuvieron su primer encuentro, la frecuencia de la masturbación y el coito, número de parejas sexuales, enfermedades venéreas, y algunos otros pormenores libidinosos de los pacientes en cuestión.
Como el cáncer de próstata, generalmente, se asocia a los niveles hormonales en los hombres, los investigadores arrancaron de la sospecha de que los varones que tuvieron demasiado sexo en su juventud, estos, hipotéticamente, mostrarían los niveles de hormonas más altos.
Al mismo tiempo, la especialista señalaba con gran verborragia: -“De manera general, encontramos un vínculo significativo entre el cáncer de próstata y la actividad sexual en los hombres veinteañeros, y entre la masturbación y el mismo mal, cuando ellos alcanzan sus 30 años”.
Al comparar los resultados obtenidos, parece que los científicos hallaron que aquellos que habían desarrollado este tipo de cáncer a una edad avanzada, estuvieron también entre los que mencionaron haber tenido una actividad sexual muy alta y una “constante masturbación” cuando eran más jóvenes… ¡Extraordinaria deducción!
Por este motivo, ante la mediocridad fastuosa expuesta con loable escozor y una arrogante fijeza, yo recomiendo que en las próximas carnestolendas, los adultos regalen a los jóvenes con ese tipo de muñeca inflable, así, por lo menos, impedimos que al estos alcanzar su vejez, eviten de que más allá de tener que cargar con la flacidez de su glande, logren escaparse de sentir el bulto de la glándula… ¿No convienen conmigo?











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