
HISTORIA DE UN PATRIOTA
BIOGRAFIA
Para intentar una semblanza biográfica de alguien que ya no está vivo, quien fuera una persona de rasgos realmente notables, resulta siempre insuficiente recurrir a la relación de los hechos más recordados, remitirse únicamente a las cosas buenas que ocurrieron su vida o simplemente referirse a aquellos actos que por emoción se quiera dejar por escrito, pues inevitablemente se corre el riesgo de lograr con ello tan solo un retrato nostálgico y alejado de la realidad del personaje. Para que una biografía adquiera el relieve de tal es imprescindible, entonces, recabar toda la información posible, como es el caso de la intensa vida que llevó nuestro biografiado Roberto Fuentes Morrison.
El otro lado de la moneda está grabado por las circunstancias vividas por personaje; por tanto aquellos episodios o perfiles -no deseables para algunos- deben necesariamente ser interpretados con altura de miras por quienes lean esta biografía, en base a que los fines que guiaban al recordado, todos ellos de bien público, de ayuda al prójimo, de servicio a la sociedad y de claro tinte idealista, tuvieron su contraparte odiosa como lo fue el combate contra la subversión y el terrorismo marxista, entes destructores de los principios morales y jurídicos que guiaban la patria en un pasado de amarga realidad. Dura le fue entonces a Roberto Fuentes Morrison, la incansable lucha contra esta verdadera víbora de mil cabezas, muchas de las cuales aún respiran y continúan esparciendo su veneno. Quienes combaten la neutralización de terroristas en cualquier parte del mundo, no deben tener dudas en cuanto a que recibirán de éstos una condena de por vida; aún más, le arrebatarán la vida, o por lo menos lo intentarán. Sabido es que la destrucción de la maldad humana es una tarea de nunca acabar que va dejando inexorablemente una estela de mártires y luchadores incansables, junto a un sinnúmero de enemigos a ultranza, aquí y en cualquier parte del mundo. Se trata sin duda del precio necesario de pagar por un pleno imperio de los principios morales y de justicia, factores imprescindibles para la sana convivencia social. Valgan estas líneas, entonces, para introducir al lector al retrato biográfico de quien, como muchos otros de su estirpe, lucharon sin otro norte que un acendrado amor a la patria, basados en sólidos principios morales y amparados por un coraje a toda prueba, en medio de un drama que de un modo u otro, terminó por alcanzar a todos los chilenos. Cristian Roberto Fuentes Morrison nace un 11 de noviembre de 1938 en la ciudad de Chillán, en el hogar formado por don Luis Fuentes Reyes, a la sazón fundador e integrante de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Chile y profesor de la Facultad de Música de la misma institución y doña Cristina Morrison Sutherland. La familia Fuentes Morrison sería la cuna de sólida formación moral de Roberto, quien junto a sus hermanos disfrutaría desde la infancia de un modesto hogar de clase media como hay tantos en este país. Sus primeros años de vida transcurren como la de cualquier niño normal, travieso, algo fabulador y en continuos juegos y aventuras con sus amigos y hermanos con quienes mantuvo siempre una relación intensa, amable y cariñosa. Al igual que cualquier adolescente de mente sana, ingresa tempranamente a las filas del scoutismo respondiendo a su interés por una la vida libre y llena de aventuras, sin dejar por ello de lado su pasión por el fútbol, pues paralelamente forma parte de las divisiones menores de una prestigiosa entidad deportiva. Cursaría sus estudios básicos y medios regularmente. Sus compañeros de adolescencia y quienes lo irían conociendo en su juventud, no dudan en calificarlo como un personaje humanitario por naturaleza, gran amigo, afectivo, acogedor, carismático y poco tolerante frente a las injusticias, dueño de un sentido de liderazgo natural y absolutamente leal a sus sólidos principios morales. Dotado de un físico sobresaliente y buscando siempre la aventura y la mejor forma de ayudar a sus semejantes, ingresa cuando tenía sólo 15 años de edad -seguramente con la complicidad de alguien, pues no tenía la edad mínima-, al Cuerpo de Bomberos de Santiago donde permanece por más 23 años como voluntario activo de la Séptima Compañía, cuyo lema "Honor y Patria", según veremos más adelante, calza exactamente con el sentido que Roberto fue dando a los mejores años de su vida. Quienes fueron sus compañeros de combate al fuego en aquellos años, coinciden en recordarlo como un miembro excepcionalmente valiente y comprometido enteramente con su voluntariado. Los actos de heroísmo que reconocidamente protagoniza, surgen a su medida, como por ejemplo en el rescate de una niña de cortos años atrapada en una vivienda envuelta en llamas y a punto de derrumbarse. Ante las súplicas trágicas de la madre y en una actitud exclusivamente personal, ingresa al inmueble de tres pisos y logra rescatar con vida a la niña. Entre los llantos y balbuceos de la criatura se impone que aún queda atrapada en el segundo piso una anciana inválida. Su reacción no se hace esperar y vuelve sobre sus pasos logrando retornar con la anciana en sus brazos, para luego caer desfalleciente víctima de asfixia y con el rostro lacerado por la acción del fuego y el vapor de agua. En aquellos años, recordemos, los voluntarios combatían el fuego sin otro resguardo que su valentía y arrojo ya que prescindían de las modernas protecciones que actualmente utilizan los voluntarios. Notable es también su protagonismo dentro del voluntariado el rescate de una pequeña atrapada en un pozo de captación de aguas subterráneas de gran profundidad. Voluntariamente ingresa allí logrando salvar a la pequeña. Esta última hazaña, entre muchas otras, tuvo un premio y reconocimiento muy sencillo pues al decurso de los años el destino lo coloca frente a la que entonces era una mujer adulta, quien con sentidas lágrimas lo reconoce y le dice: "Lo he buscado durante todos estos años para manifestarle mi agradecimiento. Soy la niña que Ud. rescató del pozo". Este fortuito encuentro sucedió en los pasillos de un tribunal ante el cual se presentaba en aquellos días Roberto Fuentes Morrison en cumplimiento a una citación judicial, a prestar declaraciones por supuestos cargos de culpabilidad durante sus labores de combate anti subversivo. Fue sin duda un hombre siempre dispuesto a responder por sus actos. Su Hoja de Vida como integrante de la Séptima Compañía de Bomberos de Santiago -a la cual ingresa con fecha 15 Abril 1953-, registra premios por 5, 10, 15 y 20 años de servicio y dos anotaciones por Acciones Distinguidas, seguramente por salvar vidas pues no se registraron los motivos, una con fecha 7 Diciembre 1960 y otra el 14 Junio 1961. Con fecha 15 Mayo 1974 se registra constancia de su concurrencia al incendio del palacio de La Moneda el 11 Septiembre 1973. Durante su prolongado voluntariado -que finaliza el 31 Julio 1979-, ejerce el cargo de Teniente 1º en dos ocasiones, e integra el Consejo de Disciplina también en dos oportunidades. De su prolongada trayectoria como voluntario hereda un buen número de lesiones y secuela, pero también con toda seguridad, la satisfacción de haber servido a sus semejantes hasta donde su condición humana se lo permitió. Con oportunidad del sismo que devastó la zona sur de Chile, el 21 Mayo 1960, una vez más emerge su incontenible espíritu de servicio público y se dirige a la zona a ofrecer en forma absolutamente desinteresada su experiencia como rescatista, colocándola al servicio de las autoridades de las provincia afectadas, oportunidad en que cumple una señalada labor de bien público que le amerita innumerables felicitaciones. Pero la vida tiene siempre otros caminos. El deporte y la sed de aventuras de riesgo lo hacen, desde muy joven, dedicarse a su gran sueño de formar en las huestes de los montañistas más experimentados, y es así que después años de rudos entrenamientos y venciendo numerosas cumbres de alta montaña en Los Andes centrales, en 1961 forma equipo con destacados montañistas de la época como Claudio Lucero M., César Vásquez A.(+) y Esteban Siqués S., con quienes emprende la aventura de cruzar los Hielos Patagónicos -actualmente denominados Campos de Hielo Sur. Un buque de la Armada de Chile desembarcó a los intrépidos expedicionarios al interior del Fiordo Témpanos un día de diciembre de 1961, punto en que dieron comienzo al cruce de este importante territorio hasta aquella fecha prácticamente desconocido, en ruta de Oste a Este, tras rudas jornadas y arrastrando pesados trineos por espacio de 90 días, en que reaparecieron por territorio Argentino. Se cumple así la hazaña histórica por vez primera y en ella Roberto Fuentes y sus camaradas, luego de superar el aislamiento más absoluto y grandes dificultades climáticas que aportaron permanente riesgo a la inédita travesía, satisfacen sus anhelos de aventuras consiguiendo el éxito. De su Diario de Vida durante el cruce, extractamos: "querida mamá, en esta Navidad entre los hielos, deseo enviarte un millón de besos. Pido humildemente a Dios poder brindarte mi infinito cariño durante muchos años." Eximio escalador en roca y hielo, durante varios años fue integrante obligado de expediciones organizadas anualmente por la Federación de Andinismo y Excursionismo de Chile y de expediciones internacionales que concurrían a las montañas chilenas. Con su espíritu de andinista de vencer cumbres y entregado por completo a servir en la especialidad, es también acogido en aquellos años como miembro activo voluntario en el Cuerpo de Socorro Andino, en cuyas filas permanece largo tiempo sobresaliendo por su valentía, capacidad y arrojo al participar en numerosos rescates y socorros a víctimas de accidentes. Es así como protagoniza e interviene en junio de 1961, al interior de la cordillera frente a Linares, en el rescate de las víctimas del accidente de un avión LAN, signado con el número 210, extraviado en medio de un vuelo nocturno en el cual perece, -entre otras víctimas- completo el equipo profesional de fútbol del Club Green Cross. Seguiría anotando su participación en innumerables rescates y nuevamente en presencia de otro accidente aéreo acaecido en los Andes Centrales, participa en el rescate de alrededor de 90 víctimas fatales. Puede decirse, entonces, que su espíritu de entrega al servicio de sus semejantes no terminaba aquí, ya que con prescindencia total de cualquier peligro inminente y junto a otros andinistas notables, culmina su obra con su participación activa en el rescate de un grupo de deportistas uruguayos, quienes lograron sobrevivir a un accidente aéreo en alta montaña cuando se dirigían a nuestro país. Culmina su trayectoria de voluntario del Cuerpo de Socorro Andino con una distinción que le hace el Gobierno de la República del Uruguay, en reconocimiento a su cooperación y activa participación en el rescate de los mencionados deportistas. Roberto Fuentes Morrison nunca olvidaría su paso por el Cuerpo de Socorro Andino, institución que le permitió fortalecer su espíritu y poner de manifiesto su prescindencia absoluta en relación a su seguridad personal ante el peligro del prójimo en emergencia o accidentado en lugares montañosos. Transcurre luego un período que podríamos llamar de relativa calma en que Roberto Fuentes vive conforme a su personalidad inquieta. Contrae matrimonio en 1963, unión de la cual nacen tres hijos. Durante este tiempo desarrolla diversas actividades laborales y oficios que desempeña en forma eficiente, con lo cual provee a la manutención de su familia y a la educación de los hijos. Pero pronto llegarían grandes cambios sociales y estructurales en Chile con la proclamación y elección del presidente marxista Salvador Allende Gossen, quien inicia su gobierno llamado de la Unidad Popular. Roberto Fuentes, al igual que una inmensa mayoría de ciudadanos, comienza a sentir que la libertad de su país está seriamente amenazada por el marxismo, inquietud que lo lleva a participar brevemente en a las filas nacientes del Movimiento Nacionalista Patria y Libertad, cuyo líder en aquella época era el hoy prestigioso abogado y hombre público Pablo Rodríguez Grez. Aquietados ligeramente los ánimos y transcurrido un breve tiempo del término del desastre gestado y orquestado por la Unidad Popular y una vez que el pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973 se estabilizaba, Roberto Fuentes es llamado al servicio activo por la Fuerza Aérea de Chile, institución de la cual era reservista. A raíz de este nombramiento participa como integrante de la guardia personal del General de la Fuerza Aérea de Chile Sr. Tucapel Vallejos, quien se desempeñaba en la oportunidad como Ministro de Agricultura. Debido a su eficiente desempeño en áreas de seguridad e informaciones, destaca de inmediato, por lo cual después de un breve lapso su persona es requerida por el Servicio de Inteligencia de la FACH, -cuya sigla era SIFA-, organización a la que es destinado oficialmente en 1974. En estas circunstancias y debido a los acontecimientos que se van produciendo, rápidamente comienzan a destacar por sus sobresalientes condiciones de liderazgo en las misiones llevadas a efecto en áreas de inteligencia y que forman parte de la acción de la Fuerza Aérea de Chile, ante la presencia de fuerzas terroristas marxistas aún ocultas en el territorio nacional. Es en estas circunstancias donde encuentra su verdadero centro de gravitación, en un medio donde los grupos extremistas, peligrosamente activos a la fecha, deben ser descubiertos y desenmascarados empleando procedimientos de inteligencia y de riesgo personal destinados a neutralizar el accionar las organizaciones terroristas marxistas. Su eficiencia en contrarrestar a tiempo situaciones de riesgo nacional y su propia iniciativa para descubrir grupos y personajes responsables de la subversión y el terrorismo, lo llevan a escalar posiciones gracias a sus reconocidos méritos dentro de su organización. Las situaciones que se van presentando, todas atentatorias para la seguridad nacional, dan origen una nueva entidad más flexible y con carácter de Dirección (DIFA - Dirección de Inteligencia de la FACH) con mayores facultades e independencia en el campo de inteligencia y contrainteligencia, siempre dentro de los cuadros oficiales de la institución. Con la aprobación de los mandos correspondientes, Roberto Fuentes Morrison es ascendido en 1976 al grado de sub Teniente y designado para tomar el mando de la nueva organización como jefe operativo de la Agrupación Antiterrorista de DIFA. Las misiones, previos los antecedentes irrefutables colectados, son en esos momentos el combate formal y decisivo contra los movimientos subversivos y terroristas que operaran con anterioridad y posterioridad al pronunciamiento del 11 de Septiembre de 1973. La agrupación mencionada entra en acción de inmediato, pues los acontecimientos lo requerían con urgencia y es así que, con muy poco personal especializado y escasos recursos materiales, se dedica durante largos meses a neutralizar los planes y el accionar subterráneo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, liderado entonces por los hermanos Edgardo y Miguel Enríquez. La ubicación de Miguel en una casa de la calle Santa Fe, en San Miguel, se logra finalmente con los procedimientos y diligencias de la agrupación a cargo del Sub Teniente Fuentes Morrison y el trabajo de inteligencia de DIFA, hacia fines de 1974. Debido a situaciones de roces en cuanto a atribuciones y de modalidad de procedimientos de inteligencia, el hecho es comunicado a la entonces dirección de Inteligencia Nacional, DINA, que de inmediato se hace cargo de la situación enfrentando a los extremistas. Fuentes Morrison procede así para dar por finalizada a una misión destinada solamente a la detección de este cabecilla subversivo, ya que las consecuencias ulteriores relacionadas con la suerte que correrían los extremistas en el inminente enfrentamiento, no formaban parte de la tarea asignada. No hay duda que también la medida en parte significó demostrarle a la DINA, -con la cual DIFA sostuvo permanentes pugna debido a la diferencia de criterios para enfrentar a la subversión-, su alta eficiencia, y de paso, con mucho criterio y responsabilidad, señalar claramente ante la historia del combate al terrorismo marxista, la total prescindencia de la Fuerza Aérea de Chile a través del actuar de su agrupación operacional, en relación al destino final que debió correr Miguel Enríquez y otros próceres subversivos de lamentable recuerdo. La agrupación de inteligencia antiterrorista de la FACH bajo las órdenes del por entonces Comandante de Grupo Sr. Edgard Ceballos Jones, con el Subtte. Fuentes Morrison al mando como jefe operativo, logra finalmente la definitiva neutralización de los cabecillas del MIR y la desarticulación completa del cuadro de combate de esta organización, en base a operativos de riesgo y de enfrentamientos con peligro de muerte; no obstante, cabe señalar -pues marca un claro estilo diferente al de la DINA-, que la premisa de la DIFA fue siempre y hasta donde los impredecibles hechos lo permitieron, la captura con vida de los involucrados en acciones subversivo-terroristas. En los tiempos que se vivieron, permanentemente amenazados por la acción soterrada y artera de extremistas y subversivos apoyados logística y financieramente por el marxismo internacional, y también desde el interior del país, todos los organismos de la Defensa Nacional, Carabineros e Investigaciones, a través de sus respectivos servicios de inteligencia, daban una lucha frontal contra el enemigo interno -cada uno independientemente, lo que producía naturales roces al obtener unos mayor eficiencia que otros. En unos la rigidez burocrática reglamentaria no permitía una fluida rapidez en los operativos. En otros, que contaban con menos recursos pero con mayor eficiencia, la efectividad resultaba superior. Estas situaciones derivaron en crecientes rivalidades, a veces insuperables, y pérdida de esfuerzos que en más de una oportunidad malograron importantes misiones y operativos. Numerosos fueron los detenidos por DIFA que posteriormente lograron la libertad o fueron asilados en Embajadas a cambio de información, lo que actualmente pueden atestiguar algunos personajes de la política. La lista es larga y como muestra se puede citar entre otros a Erick Schnake, político socialista, o al tristemente célebre Sergio Bushman, comunista, importador clandestino de armas desde Cuba y actor de profesión. Además de los nombrados, todos los detenidos del MIR fueron sometidos por la FACH a un Consejo de Guerra y condenados a pena muerte por los delitos de alta traición a la patria, al comprobársele a muchos de ellos intentos de infiltración subversiva dentro de las filas de la Fuerza Aérea de Chile. Estas sanciones y otras menores fueron finalmente revocadas y reemplazadas por penas de exilio. Corre el año 1978. Sus días se caracterizan por la amenaza bélica de un país limítrofe, abriéndose un frente externo altamente peligroso ante el cual el Gobierno entrega la misión constitucional de defensa a las fuerzas de la Defensa Nacional. En este mismo año se encontraba prácticamente neutralizada la subversión interna, no siendo imprescindible la misión de la agrupación operacional antiterrorista de la Fuerza Aérea de Chile, por lo cual el entonces Teniente Fuentes Morrison es desmovilizado de la vida militar activa y, en méritos a los eficientes servicios prestados a la patria, se le designa como funcionario civil de inteligencia con la misión de infiltrarse en países vecinos y dar así cumplir misiones secretas señaladas por el Alto Mando y tendientes a mantenerse al tanto de las intenciones, decisiones y movimientos de las fuerzas armadas de países limítrofes, centradas en especial en aquellas posibles acciones tácticas y estratégicas de origen aéreo. Quienes fueron sus jefes encargados de evaluar el contenido y resultado de tan peligrosas misiones, no dudan en calificar a Fuentes como un excepcional y brillante realizador de operaciones de inteligencia de gran nivel. Tales misiones fueron llevadas a cabo en territorio extranjero con excelencia profesional y gran valentía, aún con riesgo de vida, las cuales resultarían de un valor estratégico invaluable para la adecuada defensa de la soberanía nacional severamente amenazada por aquellos días. Terminada la amenaza externa, a mediados de 1980 Fuentes Morrison asiste a un curso especial de inteligencia en Inglaterra y hacia fines del mismo año retorna de lleno a la lucha contra los últimos subversivos en la clandestinidad. Los enfrentamientos entre extremistas fuertemente armados y los miembros de las fuerzas de seguridad eran muy frecuentes y se combatía contra los últimos fanáticos, quienes aisladamente se enfrentaban en una lucha suicida sin otro fin que matar o morir. En uno de estos enfrentamientos lo alcanza una ráfaga proveniente de un fusil de asalto de origen soviético denominado AK-47, que le produce varias heridas y lo obligan a permanecer hospitalizado por un buen tiempo, transcurrido el cual queda con algunas secuelas de escasa importancia. A raíz del hecho, inmediatamente reaccionaron los medios de comunicación de tendencia izquierdista asegurando que sin duda se había tratado de un atentado ideado y perpetrado por elementos de la Central Nacional de Inteligencia, CNI, destinado a aniquilar a Fuentes Morrison, debido a las fuertes rivalidades profesionales existentes entre miembros de inteligencia de ambas instituciones. En el fondo, las informaciones marxistas tenían como objetivo producir aún más desavenencias entre los servicios de inteligencia oficiales, pero en la forma intentaban también encubrir la acción de elementos de extrema izquierda. Sin embargo, no es posible perder de vista que en el trasfondo de dicha información podría haber cierta lógica, ya que Roberto Fuentes sospechaba siempre de las intenciones de la CNI en su afán de neutralizar de alguna forma a servicios paralelos de inteligencia que empañaban su escasa eficiencia, y eliminar a quien fuera -jefe o no-, por adelantarse a ella en la dirección y ejecución de operativos vitales. Siempre ocurre que el enemigo usando la maledicencia, tretas y subterfugios e invariablemente avalados por organizaciones denominadas de pantalla (como se explica en este libro), todas ellas destinadas a encubrir la acción las fuerzas subversivas en contra de un gobierno, logran éxito en cuanto a socavar instituciones por medio de la infiltración o el soborno, actos ejercidos invariablemente sobre sujetos pusilánimes y faltos de moral. Es así como el objetivo principal de sus enemigos durante el año 1984, se logra con artimañas al responsabilizar exclusivamente a Fuentes Morrison por la desaparición de cierto número de militantes comunistas. Tras esta oscura y odiosa maniobra se oculta el aparato de inteligencia del partido Comunista en la clandestinidad, conglomerado que recibía el amparo de buena parte de organizaciones de pantalla y especialmente de un ala del clero católico de marcada tendencia izquierdista, a través de las denominadas Vicarías. El Judas propicio encontrado por los comunistas sería un discreto suboficial integrante de las fuerzas antiterroristas, quien sobornado con creces por el partido comunista, reveló supuestos antecedentes relacionados con el accionar de la agrupación DIFA, inculpando a Roberto Fuentes Morrison ante la justicia con cargos que en definitiva nunca pudieron probarse. Este hecho, sin duda de cierta trascendencia para el prestigio de los servicios de combate antiterrorista y fundamentalmente debido a que Fuentes Morrison a partir de este hecho se ve impedido de continuar su trabajo con la necesaria discreción, debe poner fin a su carrera de funcionario de inteligencia activo y por esta razón en marzo1985 la Jefatura de la FACH decide su traslado al cargo de funcionario de la Agregaduría Aérea de la Embajada de Chile en Sudáfrica. Es lógico pensar que ostentando a la fecha el grado militar de Comandante de Escuadrilla, su destinación como funcionario a una Embajada en el exterior no fue sino un premio muy merecido y a la vez una evidente medida de protección hacia su persona amenazada ya por rivalidades odiosas. En octubre del mismo año el Alto Mando le ordena regresar al país a responder por un requerimiento judicial en donde figuraba como supuesto responsable. Una vez superados los hechos judiciales mencionados, Fuentes Morrison decide en 1987 acogerse a retiro luego, de haber cumplido generosamente con su participación especializada en la Fuerza Aérea de Chile. Sus actividades ahora serían de orden particular, aunque no faltaron voces maledicientes que le atribuyeron falsamente una continuidad en su trabajo de inteligencia, particularmente en el asesoramiento de organismos de seguridad, entre ellos la propia CNI, a la fecha, un total contrasentido. Consultado Fuentes Morrison por las razones que lo llevaron a asumir un papel tan protagónico en la lucha contra la subversión y el terrorismo que afectó a Chile, su respuesta fue tal vez demasiado escueta para tan prolongado sacrificio: "Alguien tenía que hacerlo..."
Así, el decurso inexorable del tiempo nos hace alcanzar la mañana del 9 de Junio de 1989, en que talvez corroborando el pensamiento que el destino final puede encontrarse a la vuelta de la esquina y en el día menos pensado, éste sorprende a Roberto Fuentes Morrison, ya en condicion de retiro, saliendo ese día tranquilamente de su hogar completamente desarmado como ya era su costumbre, y seguramente con sus pensamientos puestos en futuros proyectos, cuando sorpresivamente un grupo armado de no menos de 25 extremistas desarrolla un veloz y sangriento operativo en su contra, logrando tronchar la generosa vida de quien había defendido la patria desde su justa trinchera, en innumerables situaciones de enfrentamientos contra los mismos que en ese instante y en una cobarde acción, cobraban una revancha de sangre típica de delincuentes, acorralando a la víctima amparados en la superioridad numérica y premunidos de potentes armas. Tras una balacera relámpago Roberto Fuentes Morrison entrega valerosamente su vida, plena de señalados servicios hacia sus compatriotas, en el lugar mismo del suceso y llevándose al más allá 51 años de generosa vida al servicio de la patria. Comprometido profundamente con una sociedad a la que prestó muy señalados servicios, fue sin lugar a dudas un hombre íntegro y digno. Quizá con un destino hecho para morir así, rápido como el transcurrir de un segundo y sorpresivo como lo es el fulgor de un instante. Se cumplía inexorablemente el juramento que hace un soldado -con uniforme o sin el-, de luchar hasta rendir la vida si fuese necesario. Salvo la valiente, viril y solitaria voz de su hermano Luis, a la hora de su despedida nadie más tuvo el coraje a pronunciar una sola palabra en su funeral. Quienes fueron sus superiores en la FACH no tuvieron siquiera el valor de hacerse presentes, por lo menos de uniforme. El pago de Chile. Sin embargo, sus numerosos amigos lo despedirían en medio de un cerrado y merecido aplauso. Qué mejor homenaje para un hombre como este. Sic transit gloria Mundis Días después de la muerte -del único mártir "11 de Septiembre" que puede exhibir la Fuerza Aérea de Chile, institución a la que Fuentes Morrison sirvió durante casi dos décadas, y que a casi 20 años de su muerte ni siquiera se lo recuerda y dignifica identificando con su nombre ni la más modesta callejuela al interior de alguna de sus bases, omisión con la cual no hacen sino aceptar el infamante adjetivo con que la izquierda insiste en descalificar a las fuerzas armadas chilena que participaron en la gesta heroica: ¡asesinos!- tal vez a modo de modesto pero sí justo réquiem, apareció en la mayor parte de los diarios del país la siguiente carta: Señor Director: "El párrafo acerca del terror debe ser formulado del modo más amplio posible, pues sólo la conciencia revolucionaria de la justicia y la conciencia revolucionaria pura, puede determinar las condiciones de su aplicación práctica..." Trozo de una carta de Lenin al Comisario de Justicia, Kursky, de fecha 17 de mayo de 1922. Por haber combatido sin descanso, casi veinte años, esa no moral sintetizada en el enunciado anterior, cayó mi amigo Wally. Por haber gastado los mejores años de su vida en defensa de sus compatriotas del cinismo leninista, el señor Comandante de Escuadrilla Roberto Fuentes Morrison fue asesinado por una murga de desconocidos-conocidos. Roberto llegó a ser la expresión viviente de una leyenda. De una leyenda de inteligencia, de valores morales, de valentía, de entrega; y quiero destacarlo muy especialmente, con el aval de mi honor, de su preocupación por sus compatriotas más pobres y más desamparados. Logró aquello que muchos dicen que hacen, pero muy pocos alcanzan: constituir la amistad como un valor fundamental y permanente de su código ético. Fui testigo objetivo de hechos que ejemplifican lo anterior. No se acompañaba de guardaespaldas. No aceptó esconderse fuera ni dentro del territorio nacional con otra identidad y con un trabajo seguro. Quiso demostrarnos que el terrorismo se combate no solo con un arma en la mano, sino que principal y primeramente venciendo el miedo. Así era Wally, mi viejo amigo. Así se fue. Solo, íntegro..., ¡chileno! En el pasado di público testimonio de mi amigo muchas veces; hoy, junto con su partida lo hago nuevamente. Pero nuevamente no significa que por última vez. Soy un hombre de pocas palabras, pero de palabras claras.
Edmundo Ruiz Undurraga
Ex Ministro de Estado.










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