Soy
imperfecto. A veces voy al supermercado a comprar una sola cosa y
salgo con cinco que no había ido a comprar y tengo que hacer el viaje
de nuevo. Mi mal carácter bastaría para que mi mujer se ganase el
cielo, si el cielo efectivamente se ganase con sufrimiento. He cometido
errores tales en mi vida que no voy a detallar. Sólo quiero dejar claro
que soy un tipo común y corriente, que fumaba una cajetilla diaria
hasta hace un año, que le gusta beber con los amigos y trasnochar,
aunque ahora último la edad ha hecho que me acueste algo más temprano
que antes.
Es desde esta experiencia humana común, con todas sus miserias y grandezas desde la que me levanto en contra de aquellos que reclaman una experiencia mejor que la mía y que quieren que yo les crea. Muchos de ellos incluso quieren confundir a la mera suposición de esta experiencia con la experiencia misma y se lanzan en picada en contra de la vida y en contra del mundo “¡no luchéis por reivindicaciones sociales! ¡No tratéis de curar la enfermedad o de entender cómo funciona el mundo!” –nos dicen.
Según ellos, nos aguarda alguna especie de paraíso perdido en el que un padre amoroso –pero bien dispuesto a enviarnos al infierno si no creemos en él, aunque no nos da ninguna evidencia de su existencia –nos espera con los brazos abiertos con unos goces indeterminados, porque no hay acuerdo entre los creyentes acerca de la naturaleza de estos goces, que justifican cualquier sufrimiento que, por la voluntad de este padre que nos ama tanto, lleguemos a padecer en este valle de lágrimas. Para ellos no tiene sentido que nos esforcemos por nada mundano, siendo nuestra vida tan descaradamente corta ni mucho menos que cedamos al placer sexual que parece ser la única cuota de placer puro que nos está destinada… ello podría hacernos amar la vida y no entregarnos a la absurda escatología de los creyentes.
Pero resulta que los creyentes no aportan ninguna prueba de sus goces futuros, más aún, nuestra credulidad al margen de la más elemental prudencia es un requisito para gozar de aquellos trasmundanos deleites, so pena de tormento eterno. “Nuestro juicio es insuficiente;” –dicen ellos –“no puedes compararte tú, que te olvidas de lo que vas a comprar al supermercado, con el intelecto supremo de nuestro señor Jesucristo, o Alá, o Yavéh, o el Monstruo de Espagueti Volador. ÉL sabe cosas que tú no puedes concebir, porque tu intelecto es imperfecto” –pese a que fue creado por este ser tan perfecto que supuestamente no comete errores.
Así quieren que dejemos a un lado nuestra propia capacidad de juzgar y que nos entreguemos ciegamente a ellos, los creyentes. Supuestamente con el fin de hacernos mejores abandonando la inteligencia que es, en todos los pueblos y épocas de la tierra, la herramienta de sobrevivencia de la especie, pero ¿quién necesita sobrevivir? Nuestros instintos de supervivencia y de reproducción son obstáculos para tales goces. No en vano la castidad es casi siempre el requisito de los hombres más perfectos –porque las mujeres jamás superan en perfección al macho y de hecho son un estorbo para lograr el paraíso, de hecho en algunos sistemas de creencias ni siquiera entrarán en él y en otros sólo lo alcanzan a través de la sumisión y en otros sólo luego de reencarnarse en hombres.
¿Qué clase de sádico es este supuesto creador que me ha dotado de un raciocinio –supuestamente imperfecto –que me hace pensar a todas luces que él no es real? ¿No será tal vez una inteligente estrategia de dominación de grupos que con fines egoístas –como muchos fines humanos – sencillamente quieren controlarlo todo? Cuántos teóricos de la conspiración creen que los oligarcas participan de una conspiración oculta para crear un nuevo orden mundial, pero ¿por qué aquellos que están en la cima del presente orden quisieran cambiarlo por otro? ¿No será más bien una conspiración para mantener las cosas como están? Con este supuesto, las cosas se ven muchísimo más claras para mí… pero yo soy un tipo imperfecto, que no es capaz de recordar lo que iba a comprar al supermercado, que tiene un carácter de los mil demonios y que le gusta juntarse a beber con los amigos.












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