Dejándome llevar por una ferruginosa simultaneidad de pensamientos abstractos y, siendo el asunto tan delicado y la Historia tan frágil en sucesos similares, busco de inmediato escudriñar pensamientos historiográficos que me conduzcan a una flamígera respuesta. Al percibirlo todo tan claro como la nieve… ¡Pronto! Me doy cuenta que la madre Rusia podría ser la respuesta correcta.
Pero, como todos saben que: en asuntos tan albeados no se debe revolver, por lo tanto, me dejo llevar por el ritmo de las especulaciones hasta lograr percibir que, si Gengis Khan no tuviese iniciado su proceso tributario contra los pueblos de la estepa, primero, no habría estepa, y segundo, la Historia no podría más transitar con tranquilidad por la recauchutada preñez alucinógena del acaso, estacionando algunas veces aquí y allí, para ir desovando a su antojo los Alexandre Nevsky, Catarinas I y II, Prokofiev, Lenin, Trotski, Stalin, y hasta los Nureiev.
Inflexiblemente, les responderé que, dado el coraje con que enfrento tales dudas, y la complejidad del caos social en que vivimos, no me dejaré seducir por el sonido de las balalaikas por sobre los del piano, o preferir tomar té en lugar de whisky. Es una cuestión de principios de los cuales no abriré mano.
Consiguientemente, les aviso que calzaré las magnificas zapatillas socráticas que un día gané de Alphio Derzen, el filósofo alemán que, por motivos desconocidos, al hablar, nos dejaba siempre con la impresión de decir adiós, y allí, ente la perplejidad de un público votante que se dice sagaz, irrumpiré en el tablado con la misma destreza enfurecida de un Nijinski, acompañado con la técnica inigualable de un Barishnikov, junto al caleidoscopio esplendor de las saltatrices alucinadas, y sólo entonces, después del conmovedor y extático delirio de una platea en llamas, ejecutaré un inusitado “pas de quatre” en solo. Estoy convencido que será fantástico y digno de un Enrico Ferri, el famoso criminalista italiano que confundía un simple “fuego en los fundillos” con alarmantes incendios sociales.
Pues bien, yo me pregunto cómo es posible alcanzar a comprender que el deseo de ganancia fácil pueda sustituir tan fácilmente las medidas de seguridad que se requieren en un lugar tan sofisticado. ¿Eh? O como explicar la actitud de este vagabundo tunecino de Jamel B, de 46 años, que logró engañar por toda una semana a los empleados de un hotel de lujo, quienes le brindaron todos los servicios disponibles, al creer que se trataba de un empleado de un príncipe árabe.
¡Sí! con la actitud oportunista demostrada por el tunecino Jamel, quien ha hecho de las calles de Paris su hogar habitual, parece que logró engañar durante una semana a todos los empleados de un lujoso hotel de la capital francesa, al asegurarles que era “secretario de príncipes y jaques árabes” y que tenía como tarea hospedarse en los mejores hoteles, para así lograr que los jerarcas disfrutaran de la mejor estancia posible en Francia.
A lo largo de su estancia en el hotel, el impostor disfrutó de los más diversos lujos, probó una de las más exclusivas champañas, contó con el cuidado de guardias de seguridad y hasta tuvo el descaro de reservar un jet privado… ¡Bueno! ¿Qué decir? ¡A mí, no me parece nada bobo este errabundo!
Mientras tanto, el conserje del hotel señaló en una entrevista aparecida en el diario “Le Journal du Dimanche”, que: “Se expresaba exactamente de la forma que lo indica el protocolo de los representantes de altos dignatarios árabes”, y fue él quien aseguró que en ningún momento les pasó por la cabeza que estaban atendiendo a alguien que nada tenía que ver con los jerarcas árabes.
Es sorprendente poder ver como son impresionantes los desaciertos que la avaricia induce a los ciegos de espíritu a cometer sus desatinos, pero sin embargo, mientras rumio sobre la actual e insania tecnología y know-how que se emplean hoy en día, recuerdo un Aldous Huxley en su “Nueva visita a un mundo feliz”, haciendo un bello ejercicio de futurología somática, y eso me lleva a creer que la estupidez contemporánea esté algo así, como los forúnculos, ya en el apogeo de su madurez y prontos a explotar de forma pirotécnica… ¿No es verdad?











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