¡Confirmado! El Matrimonio Hace mal a la Salud

Enviado por carlos delfante el 30/12/2009 a las 6:45
carlos delfante

¡Sanseacabó! ¡Está confirmado! Concluyentemente, los últimos estudios científicos constataron que el matrimonio “hace mal para la salud de la mujer”. Una comprobación desnecesaria ya que todos los hombres sabemos que eso viene ocurriendo desde el día que Adán se casó con Eva… No en tanto, apoyándome en mí testimonio ocular, auditivo y olfativo para cotejar mi juicio y, mismo estando carente de datos sólidos e irrefutables para sostener mi tesis, soy de los que piensan que un similar trastorno, también hostiga a los hombres. 

Sin embargo, para corroborar una obviedad tan evidente, fehaciente y axiomática, no era necesario gastar exorbitancias de dinero para realizar la investigación solicitada por la empresa “Yakult” en el Reino Unido, donde constataron que, entre las 3 mil féminas que participaron del sondeo, una de cada cinco mujeres aumenta un promedio de 6.5 kilos durante el primer año de casada.  

Al comentar los datos, un vocero de la compañía señaló: -“Durante meses, perder peso y conseguir un cuerpo perfecto de frente a una boda, es lo más importante para la mayoría de las novias”... Pero, tras el casamiento, “se olvidan de mantener la línea y, en ocasiones, parecen recuperar el tiempo y el peso perdido, en especial cuando se van de luna de miel inclusive”.

Afirman que más de “la mitad” de las mujeres que participaron en el estudio, aseguró que, “tras casarse”, ya no se preocuparon por su peso ni su apariencia. Incluso, para “una de cada cinco”, el descuido comenzó en la misma luna de miel… ¡Bueno! Yo pienso que esto debe ocurrir por causa de una desilusión “nocturno-sexual-frustrante”. ¿No?

Pero en fin, el 42% admitió que el motivo del sobrepeso se debe a que se han “relajado”, y el 22%, confesó que, desde que “se les dio el anillo de compromiso”, ya no sintieron la necesidad de impresionar a su pareja.

Otro dato interesante muestra que, para “un tercio” de las novias, fue difícil alimentarse de manera saludable durante el primer año de casadas. Además, el hecho de ya no tener el día de la boda o la luna de miel como motivadores, las hicieron subir de peso… Incluso el 25% de ellas llegó a responsabilizar al “gran día” por los kilitos de más, y aseguraron que estaban tan desilusionadas porque la ceremonia y la fiesta ya habían terminado, así que se reconfortaron comiendo demás. Casi “tres de cada 10” mujeres dijeron que abandonaron las dietas y el gimnasio, simplemente porque ya no tenían ninguna otra boda que organizar… ¿Y del marido?, ¿nada? –pregunto yo.

Enterado y, sorprendido, reconsidero que los mitos buscan explicar el origen del mundo, los fenómenos culturales y, muestran del modo más crudo, las emociones de dioses personificados que experimentan sentimientos humanos, como lo apreciamos en la mitología griega, lo que me lleva a recordar a la diosa “Hera”, la reina de los dioses, hija de Cronos y Rea, hermana y mujer del dios Zeus, y representante de la deidad protectora del matrimonio, de las mujeres casadas, además de los nacimientos.

Cuentan que esta diosa gordinflona se unió en matrimonio a Zeus, su hermano, y fue su tercera esposa, después de Metis y Tetis, razón por la que se le presentaba como mujer celosa, vengativa y violenta, principalmente cuando volcó su furia contra las diosas Heracles, Hebe, Eris, Eileitía, Eco, Leto, Ilitía, algunas de las amantes de su marido, donde cuenta la leyenda que un día llegó a secuestrar a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz… ¡Grande procreador, este Zeus!

Y así, hilvanando tantos pensamientos corpulentos-mitológicos, salto en el tiempo y llego a Roma para encontrarme con la achaparrada “Juno”, otra deidad que conservaba muchos de los rasgos y atributos de su congénere griega.

Caminando por la historia en la tierra de los Césares, llego a “Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi”, que si se recuerdan, fue un pintor cuatrocentista y su obra se ha considerado representativa de la gracia lineal de la pintura del primer renacimiento florentino. Sin embargo, este deja la impresión que tenía un trauma freudiano, ya que la mayoría de sus pinturas eran sobre “vírgenes”, fuesen estas prudentes o no.

Posteriormente Filipepi fue apodado de “Sandro Botticelli”, ya que era un hombre muy obeso y se le comparaba con un tonel o una gran botija (botto en el dialecto florentino de entonces). No en tanto, no se conoce ningún amor concreto de Botticelli, ni hay alusión a excesos sentimentales, y hasta afirman que tenía “horror al matrimonio” y por eso[] no se casó nunca; mientras que en 1502, fue denunciado anónimamente de sodomía con uno de sus ayudantes. Entonces, irrebatiblemente, está comprobado que él no engordó por causa del matrimonio… ¿No es así?

¿Vieron? Después de ver tanta perorata sobre la regeneración del flujo cortical con anamilostosis del lóbulo frontal y otros cretinismos sobre el cerebro, el más torpe y obsceno órgano de la anatomía, le recomiendo al caro lector: Por las dudas… ¡Prevéngase antes que sea tarde de más!

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