Mismo que parezca superfluo atribuir opúsculos laudatorios a la arqueología familiar, recuerdo, que desde lo más alto de su sabiduría semántica de campesina andaluza, mi bisabuela recomendaba sin pretensiones, utilizar semillas de mostaza para calmar la furia y los achaques de constipación.
Para algunos otros casos, lo recomendable mismo, es evitar la influencia de una literatura perniciosa y contraproducente en los impulsos psíquicos-otorrinolaringológicos de quien lee algunas ciertas obras perjudiciales a la salud mental. Principalmente con referencia a las anfibológicas escrituras de un Quevedo, un Rubelais, un Bocaccio, o mismo Defoe, o Ambrose Bierce y muchos otros más del género similar.
Sin embargo, después de una obstinada catarsis de pensamientos, finalmente me domina la idea de que todo surgió a continuación de que Joshua Basso leyera la imaginativa, ingeniosa y sexualmente explicita obra de Lucio Apuleyo, intitulada “El Asno de Oro”, sino…, ¿cómo explicar las trastornadas aventuras obtuso-telefónicas que protagonizó? ¿He?
Probablemente usted me dirá que fue un subconsciente y maquinal impulso mitológico y que los espíritus greco-romanos de los dioses “Eros, Dioniso y Cupido”, o de “Kãmadeva”, sus similar en la mitología hindú, fueron los que se apoderaron de su mente y lo indujeron de una forma desesperada a llamar por sexo al 911.
¡Sí!, porque este ciudadano estadounidense Joshua Basso, de 29 años, fue arrestado por la policía de Florida por hacer uso incorrecto del número de emergencia, al importunar en reiteradas ocasiones con propuestas indecorosas a las agentes que atendían a sus insistentes llamados.
El 911 es el número de emergencias estadounidense, que, a lo largo de su historia, ha recibido miles de llamadas de auxilio, sin embargo, no todos los usuarios han hecho uso adecuado de esta herramienta, habiendo desde las personas que lo han utilizado para realizar bromas, o aquellos que lo utilizan para buscar soluciones a sus problemas de la vida cuotidiana.
El último caso curioso relacionado al 911 se suscitó hace algunos días en Tampa, Florida, cuando el joven Joshua tomó su teléfono celular y llamó al número de emergencia en busca de sexo, e insinuársele sexualmente a cada una de las agentes que respondían a su llamado, y hasta incluso, llegar a invitarlas a su casa para tener un encuentro íntimo… ¡Quimérico! ¿No?
Pues bien, la noticia cuenta que, a pesar de que el desesperado joven estaba confiado en que iba a obtener una respuesta afirmativa de las agentes, la única respuesta que le llegó, lo hizo 15 minutos después de la última llamada que realizó, cuando la policía acudió a su domicilio para proceder a su arresto y remitirlo posteriormente a la cárcel municipal de Tampa, donde ahora pasará un largo periodo de tiempo, ya que su delito no alcanza la libertad bajo fianza.
Por lo tanto, ya solucionado el problema de esta desmaña telefónica, concluyo que las actitudes de comportamiento y las grandes debilidades humanas, analizadas con el intento de caracterizar los aspectos biológicos, psicológicos y socioculturales que involucran la sexualidad, siempre visto, obvio está, sobre la óptica de una resaca psicoanalista; remato que, los modos de algunos, no van más allá de chismes y fábulas mal contadas; y por causa de este maniaco que, sobre la difusa luz surrealista, ahora me quedé meditando abismalmente sobre los trágicos personajes que a lo largo de la historia comprimieron las suaves superficies de los divanes de los analistas, llevándome a especular si el gran Freud no habría probado allí, seducir a la encantadora Lou Salomé con algunos drinks psicoanalíticos, o sucumbido mismo a sus clitorísticas ansiedades… ¿No se qué pensar?











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