Iglesia y homosexualidad

Enviado por El Maestro el 02/12/2009 a las 14:18
El Maestro

 


+ Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo

 

Quisiera exponer qué enseña la Iglesia sobre este delicado tema, para que así los que declaran su adhesión a ella sean fieles y los que no lo hacen la conozcan.



La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen síquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19,1-29; Rom 1,24-27; 1 Co 6,10; 1 Timoteo 1,10), la Tradición ha declarado siempre que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (CDF, decl. “Persona humana” 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso.



Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente radicadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor, las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

 

Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante las virtudes de dominio, educadoras de la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.



En 1986 la Iglesia entregó un documento sobre “La atención pastoral a las personas homosexuales”. Nos interesa anunciar el Evangelio a todas las personas, sin exclusión. “La posición de la moral católica está fundada sobre la razón humana iluminada por la fe y guiada conscientemente por el intento de hacer la voluntad de Dios. De este modo la Iglesia está en condición no sólo de poder aprender de los descubrimientos científicos, sino también de trascender su horizonte; ella está segura de que su visión más completa respeta la compleja realidad de la persona humana que, en sus dimensiones espiritual y corpórea, ha sido creada por Dios y, por su gracia, llamada a ser heredera de la vida eterna. Sólo dentro de este contexto se puede comprender con claridad en qué sentido el fenómeno de la homosexualidad, con sus múltiples dimensiones y con sus efectos sobre la sociedad y sobre la vida eclesial, es un problema que concierne propiamente a la preocupación pastoral de la Iglesia. Por lo tanto se requiere de sus ministros un estudio atento, un compromiso concreto y una reflexión honesta, teológicamente equilibrada”.



“Es necesario precisar que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada” y por ello “quienes se encuentran en esta condición deben, por tanto, ser objeto de una particular solicitud pastoral, para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable”.

 

La Iglesia sale al paso de “una nueva exégesis de la Sagrada Escritura, según la cual la Biblia o no tendría nada que decir sobre el problema de la homosexualidad, o incluso se daría en algún modo una tácita aprobación, o en fin ofrecería unas prescripciones morales tan condicionadas cultural e históricamente que ya no podrían ser aplicadas a la vida contemporánea. Tales opiniones, gravemente erróneas y desorientadoras, requieren por consiguiente una especial vigilancia”. Existe una evidente coherencia dentro de las Escrituras mismas sobre el comportamiento homosexual. Por consiguiente la doctrina de la Iglesia sobre este punto no se basa solamente en frases aisladas, de las que se pueden sacar discutibles argumentaciones teológicas, sino más bien en el sólido fundamento de un constante testimonio bíblico.

 

Acusar a la Iglesia de condenar a quienes llevan la cruz de una tendencia que ellos mismos no han buscado es no conocer que ella es “experta en humanidad” y que dedicamos mucho tiempo a estos hermanos y hermanas nuestros. He atendido con toda la delicadeza y comprensión necesarias a muchas personas homosexuales. Esa cercanía hace que muchas vean que también pueden vivir cara a Dios, respondiendo a Su ayuda, porque la fuerza de Dios a nadie falta.

 

Distinto es el intento de querer cambiar la naturaleza de las cosas y diverso el fundar ese intento en tergiversaciones estadísticas, médicas o biológicas o en campañas publicitarias. Ahí la Iglesia no entra. Nos interesa que cada persona viva conforme a la vocación a la santidad que cada uno ha recibido, con las alegrías y las dificultades que toda existencia terrena lleva consigo.

Fuente;emol 

 

 

 

 

 

 

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Para quienes tenemos sangre en ...

Enviado por el 02/12/2009 a las 15:20
Arturo Ruiz

Para quienes tenemos sangre en las venas, la castidad es una cruz.


La iglesia...la iglesia...afortunadamente cada vez con menos socios

Enviado por el 02/12/2009 a las 20:43
Josefa

CAda vez que leo algún comunicado pastoral del tipo "moralista" confirmo que mis ideas no están ni cercanas a la iglesia en ese sentido.

 

Sobre este artículo, particularmente me llama la atención lo siguiente:

 

“Es necesario precisar que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral.

 


Según el genial entendimiento del erudito (obviamente fue un hombre porque las mujeres no son consideradas por la iglesia) que escribió estas líneas, dos personas del mismo sexo aunque se amen y respeten integramente, construyan vida en pareja, cumplan con respetar las leyes y reglamentos vigentes y sean felices juntos, representan un comportamiento intrínsicamente malo desde el punto de vista de la moral.

 


¿Qué alternativa le da a estas personas la infinita caridad ecleciástica? Que se amarren el falo o cosan la vulva los hombres y mujeres homosexuales respectivamente, porque el sexo para ellos ESTÁ PROHIBIDO. O que hagan como muchos cobardes que optan por casarse aun reconociéndose homosexuales, provocando un daño irreparable a su pareja y eventualmente a los hijos que traiga el matrimonio. ¿Es esa la moral que promueve la iglesia? ¿Un mundo de mentiras e hipocresía para qué?



Lo único que no puede hacer una pareja homosexual es reproducirse entre ellos, pero...¿para qué hacerlo si ya se está pensando en controlar el aumento de la población mundial?

 


Pienso que la iglesia debiese cambiar un poco el switch y updatearse a los tiempos que se viven, donde la mujer exige igualdad de oportunidades y la homosexualidad no es considerada ni enfermedad ni desviación por la Organización Mundial de la Salud.



Imposible..

Enviado por el 03/12/2009 a las 11:14
El Maestro

no estar de acuerdo con lo que planteas...


"Las personas homosexuales están llamadas ...

Enviado por el 03/12/2009 a las 11:26
El Maestro

"Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante las virtudes de dominio, educadoras de la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana"(sic)

 

¿Quién le ordena a un homosexual - también a un heterosexual - ser casto ?

 

¿A título de qué el cura desea impone una moral retrógrada, interesada e insulsa en circunstancias que tanto homosexuales como heterosexuales están plenamente capacitados, desde todo punto de vista, para el ejercicio de la sexualidad que él pretende amagar con cantinelas que ni siquiera un porcentaje importante de clérigos no cumple?

 

Además:

 

¿Por qué pretende pontificar sobre el tema cuando objetivamente en su propia Iglesia está siendo protejido y encubierto un importante porcentaje de curas homosexuales y pedófilos reconocidos por el propio Ratzinger en "“Delictis Gravioribus” (Normas de Delitos más Graves")?

 

¿O bien, en "Crimen Sollicitationis" donde los curas tenían fuero para delinquir y Ratzinger, el actual Papa, fue acusado en 2001 pot obstrucción a la justicia, en Texas, EUA?

 

El ladrón tras el juez...


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