
No éramos más de cuarenta los que sabíamos de esa maravillosa playa cerca de un pueblito llamado Litueche. Desde ahí a la Hacienda de Topocalma y con un permiso que se conseguía en Santiago se accedía a una de las mejores olas de Chile. Como pocas veces coincidíamos los afortunados conocedores de ese tesoro, rara vez llegábamos a ser más de cinco surfistas en el agua. Se acampaba en paz, se vivía el soulsurf en plenitud sobre todo porque sabíamos que ese sueño duraría poco tiempo.
Así fue, comenzó a llegar cada vez más y más gente, distintas actitudes y formas de practicar el surf y de relacionarse con la naturaleza. Muy cerca, aún quedaban unas alternativas de invaluable paz, Topocalma, Tumán, La Lobería y El Secreto, esta última una playa que con las condiciones adecuadas ofrece, no sólo olas estremecedoras sino un espectáculo, una perspectiva desde la ola, que sacude la capacidad de asombro y te empapa el alma.
Aún quedan playas así en Chile? Sí, pero la vida te enseña a guardar, por respeto, aquellos Secret Spots cada vez más lejos de esta ciudad donde nadie cede un centímetro.
Era tan bella y común la buena actitud como hoy sorprendente, repentinamente escuchabas gritar a uno y a otro “ ¡tuya!, tuya!” o “¡dale, dale!” se cedían olas y se animaba a aquellos que mostraban debilidad o falta de experiencia . Hoy, a falta de oportunidades la sociedad parece justificar su agresividad, falta de tolerancia y respeto. Llega a ser una virtud ser altanero. Aunque parezca difícil de creer existen playas y ciudades mucho más saturadas que Puertecillo o Santiago, donde las personas tienen claro que el secreto para ser felices y disfrutar de la vida con olas o sin ellas, está en compartir la posibilidad de estar ahí, flotando en tu tabla, sentado en tu auto o caminando con la brisa que genera ver rostros sonrientes a tu lado. Ese es mi lugar favorito para correr olas o vivir, donde el respeto a todo y todos ayuda a que un chancho corra una ola sobre palito de helado.












El problema radica en que...
se progresa mucho en lo material, pero nada en lo espiritual.
Buen Post.
Saludo2
Parece que no van de la mano
Leía un excelente artículo de Felipe Lamarca en Qué Pasa. Te lo recomiendo
"LA REVANCHA DE LA DEMANDA"
Agradezco tu comentario :-)
muchas gracias!
Agradezco tu comentario