PELOTUDLANDIA, UN PAIS DEL FIN DEL MUNDO

Enviado por El Maestro el 08/07/2009 a las 22:48
El Maestro

 

Génesis de un país de pelotudos

Once upon a time... un territorio extremadamente prometedor, lleno de recursos y posibilidades. Un día llegaron hasta allí intrusos ávidos de riquezas fáciles. No ocurrió ello por un acto deliberado sino por un pelotudo error de cálculo que terminó depositándolos por estos confines del mundo.

A cambio de vistosos espejos y collares sin valor alguno, lograron convencer a los nativos del lugar para que se sometieran y entregaran rápidamente todos sus conocimientos y riquezas.

Estos exploradores que se consideraban los portadores de la civilización, no tardaron en sucumbir ante las bellezas de este verdadero paraíso terrenal. Así fue como echaron raíces en este nuevo mundo.

Rápidamente impusieron tanto sus costumbres como sus vicios a los verdaderos dueños de estas tierras, quienes sumisamente padecían a tan molestos visitantes a quienes jamás habían invitado.

Con el correr del tiempo intrusos y nativos no tardaron en mezclarse y de pronto fueron cayendo en la cuenta que no era negocio alguno seguir dependiendo indefinidamente del reino del cual provenían y mucho menos de un monarca con la pretensión de ser socio sólo en las ganancias. Se les ocurrió entonces la feliz idea de independizarse.

A ser verdad, algunos otros episodios de lucidez como éste hubo pero no fueron precisamente frecuentes, lo que demuestra que nuestra pelotudez es probervial y ya de larga data.

A pesar de esto, lograron construir una nación basada en nobles principios que lamentablemente ha sido históricamente vulnerable hasta el día de hoy a la acción astutamente perversa de unos pocos que siempre han pretendido tomarnos al resto por pelotudos y con señalado éxito.

La historia decursó de forma muy parecida, aunque con ciertos cambios de matices hasta la llegada del siglo XX, época en que estos territorios comenzaron a mostrar frutos importantes y que lograron despertar el interés de quienes vieron aquí la gran oportunidad de utilizar nuevamente una receta que daba tan buenos resultados y que les posibilitaba apropiarse de las riquezas fácilmente.

Como los tiempo cambian, la fórmula requirió de algunas actualizaciones y entonces los antiguos espejitos y collares de colores, con los que convencieron en otros tiempos a los nativos, se iban a convertir ahora en ilusiones y, a veces, ni siquiera en eso.

Algunos pobladores del lugar ya se sentían molestos y quisieron alertar de este peligro a los demás. No tardaron en ser detectados y con variados métodos comenzaron a eliminarlos. Como esto no bastaba inventaron algo más sofisticado para entretener al resto de la población mientras ellos hacían de las suyas: las distracciones, la farándula y los fuegos de artificio; lo demás lo dejaron apostado a ganador sin más a la pelotudez de los nativos.

Estas anestesias se instrumentalizaron de la forma más variada y tuvieron un éxito impresionante. Fomentaban todo tipo de pasiones inútiles motivando a la población a desarrollarlas. Inmensas masas, presas de un inconsciente furor ayudadas por una poderosa maquinaria de difusión, convertían a todo opositor en un enemigo.

Mientras tanto, unos pocos nativos convidados a ese festín que estaban llevando a cabo los que se apropiaban de todo, se encargaban de pasear por el mundo una imagen ganadora: Los Tigres suramericanos.

El perverso sistema de extracción de riquezas era -y es- tan voraz que requería generar permanentemente nuevas estrategias y entonces con el ánimo de someter a la gente a una dependencia aún más grande, se ideó la necesidad de pedir dinero prestado. Este aparente gesto de generosidad de quienes ofrecían su dinero terminó pagándose tan caro, que muy poco tiempo después comenzamos a saber lo que era el hambre, la pobreza y otras carencias ignominiosas. Hoy nos han encajado la tarjeta de crédito que tiene a casi todo el país sobre endeudado.

La historia ha seguido repitiéndose igual en este cuento de nunca acabar, y nosotros los nativos seguimos, tal vez de manera inconsciente o simplemente pelotuda, esperando algo o alguien que de una buena vez por todas nos haga, por lo menos NO como en este cuento, protagonistas de un final feliz.

¿Y usted, por quién votará en las próximas elecciones?

Piénselo bien, ya no es tiempo de espejitos ni de collares de colores...

 

El Maestro.

 

 

 

 

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jajajja Notable

Enviado por el 09/07/2009 a las 10:12
Haryanniz

Master en ironía?

...pero también otro tanto en verdadera CONSTELACIÓN DE PELOTUDECES VARIAS.

 

...y eso que nos llamábamos (con MUCHO ORGULLO), los INGLESES de Sudamérica

jaja

Salud! y excelente artículo

Aryanniz


Muchas gracias Haryanniz...

Enviado por el 09/07/2009 a las 22:29
El Maestro

No te pierdas: De la fauna de Pelotudlandia: El Pelotudo Progre

Salu2.


buenísimo...

Enviado por el 10/07/2009 a las 19:56
degolando

Por eso yo voto por usted dire... Yo soy el jefe de campaña. jaja

Un abrazo

D.

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