Para cambiar un poco la temática de política y actualidad que leemos en todos lados, tengo dos cosas para comunicar a los participantes de TodosChile: primero, que he activado la opción para que los usuarios que publican y comentan en este blog con cierta regularidad, puedan también subir encuestas -no es gran cosa pero "pior es ná"-
Y lo segundo, encontré una historia que será real o no, me parece refrescante.
A continuación transcribo el relato.
Cuando no había Internet

Animarse... ¡Qué cosa difícil en todas las épocas!
Leí la historia de Gaby y su amor correspondido brasileño, o la de Nadia y esa indecisión entre un amor lejano idealizado y otro bien cercano y pensé: ¡Cómo cambian los tiempos! Pero el amor siempre arrastra con la fuerza de una ola imparable.
Tengo dos hijos maravillosos (uno de los cuales ha hecho posible el envío de este e-mail) y Dios me ha dado la bendición de ser abuela de tres hermosos ángeles que le dan aún más sentido a mi vida y que confirman que aquella apuesta que hice un día se sacó el premio mayor de la lotería.
En aquel tiempo no había Internet, ni la posibilidad de "chatear" para conocerse obviando la distancia física. Pero había revistas para las jóvenes de 14 años, como yo en aquella época, que traían secciones dedicadas a intercambios postales con personas del interior del país.
Un día me animé a escribir una carta a un muchacho mendocino. Así conocí a Antonio, mi marido hoy, mi amor de toda la vida. Ya han pasado 45 años de aquel día en que tomé la pluma y el papel.
Sus padres tenían viñedos, él estaba acostumbrado a respirar el aire puro del amanecer y ver atardeceres llenos de estrellas en cielos límpidos. Yo era una chica de la ciudad, la menor de tres hermanas y la más cuidada.
Empezamos a llenar hojas y más hojas de papel contándonos nuestras vidas, nuestros sueños, nuestros proyectos. Mis padres se enteraron de aquel intercambio epistolar y al principio pusieron el grito en el cielo, pero después fueron acostumbrándose a que hubiera cartas en el buzón dirigidas a mí y provenientes del joven mendocino de tan sólo 16 años.
El verano siguiente, Antonio me invitó a conocer su tierra, su casa, su familia. Allá fuimos, mi madre y yo (¡Eran otros tiempos!) Mis padres ya andaban sospechando que ahí había amor en puerta. ¡Fue hermoso conocernos! De aquella semana inolvidable volví con un par de besos robados en mi haber y un montón de ilusiones.
Continuó el ir y venir de cartas; luego él y su madre vinieron de visita a Buenos Aires. Pasó el tiempo, siguió la correspondencia, cada vez más frecuente. Esas cartas eran para nosotros el puente que unía la distancia que nos separaba, como ahora sucede con los e-mails o el chateo. Pero, según mi opinión, eran mucho más deliciosas que las antisépticas herramientas de comunicación de estos tiempos. Tocar ese papel, ver con qué cariño había escrito Antonio las palabras que me dirigía, traía a la memoria perfumes, sonidos, paisajes que habíamos visto de a dos. Yo las colocaba junto a mi corazón y creo que podía sentir como a éste se le aceleraban los latidos. Siempre fui una romántica sin remedio, aunque bastante atrevida para los cánones de la época, porque si no hubiera escrito aquella primera carta esta realidad no habría sido posible.
Antonio decidió estudiar medicina aquí, comenzamos a "noviar" en serio y, servicio militar mediante, terminó su carrera médica, momento en el cual nos casamos. Los hijos llegaron en seguida, y nuestro amor se fortaleció día a día, a través de experiencias vividas, dolores, alegrías...
Hoy sentimos que lo renovamos cada noche, cuando al acostarnos nos decimos "Hasta mañana, amor". Y creemos que siempre se puede, que cuando el amor está destinado a nacer y crecer no hay distancia ni impedimentos que puedan con él.
Por eso, mi consejo a los más jóvenes (aunque yo aún me sienta en la flor de la vida) es que siempre se atrevan a más, que no le tengan miedo a tonterías como la distancia o las diferencias de edades como en las historias anteriores. El amor no se fija en esos detalles.





que romántico
esos tiempos de cartas y visitas foráneas, pero uno también vivía ajeno a un montón de cosas, esclavo del noticiero o diario local.
Con el msn, skype y cuanto modo de comunicación existe, enviar un mail amoroso no siempre ocurre y cuando recibes uno, es casi como abrir una carta de amor.
Linda historia Dire.
Besos.