A veinte años de su asesinato ocurrido un día como hoy, un 9 de junio de 1989, es una pregunta que todavía no tiene respuesta.

Al respecto, un archivo desclasificado por la CIA entrega alguna información que puede o no corresponder a la verdad. Se trata de un documento catalogado como «informe de inteligencia» y que presentando casi todos sus párrafos tachados; entre otros señala que señala que: «estos antecedentes permiten concluir que el asesinato del comandante Roberto Fuentes Morrison y el del senador Jaime Guzmán fue efectuado por una célula disidente del FPMR, infiltrada por hombres bajo el mando del ex Director Nacional de Inteligencia, Manuel Contreras». El agente CNI Alvaro Corbalán aparece mencionado en otros 42 documentos desclasificados, algunos en relación al asesinato del dirigente del MIR Jéckar Neghme y también del atentado que costó la vida del ex agente de seguridad Roberto Fuentes Morrison. En el primer caso, Corbalán es exculpado por el informe que señala que «no hay pruebas» de su participación. En el caso de Fuentes Morrison, el informe señala que el ex agente fue asesinado por fuerzas de extrema derecha. «Creemos que el oficial retirado de la Fuerza Aérea de Chile no fue asesinado por el FPMR, sino por el gobierno», dice textual. Según el documento CIA, «Fuentes Morrison fue virtualmente abandonado por el gobierno cuando fue forzado a salir de su estructura». Entonces, el agente tomó contacto con el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Fernando Matthei informándole que comenzaría a «divulgar lo que sabía». «Creemos que ese fue el motivo del asesinato», señala el informe de inteligencia, fechado en junio de 1989, desvirtuando la información oficial que sindicaba al FPMR como autor del atentado. Por otra parte, el FMR también se atribuyó autoría del atentado. ¿Verdad o mentira? ¿Otro crimen más de la dictadura? Algún día se sabrá. La historia cuenta que al funeral de este oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile, no concurrió ninguno de sus más altos jefes; es más, habría circulado una orden interna señalando al personal no asistir. Este hombre, que sólo cumplió órdenes emitidas por sus superiores, fue completamente abandonado por su institución, como ha ocurrido en muchos otros casos. Cierto es también que en su oportunidad el Comandante había sido condenado a muerte por la DINA, por «alta traición a la patria». Tan alta traición consistió en que Fuentes Morrison tras el golpe militar y combatiendo ya frontalmente en la lucha anti subversiva, había decidido por cuenta propia asilar en embajadas aquellos prisioneros «por conciencia», dicho de otro modo, resguardó la vida de aquellas personas detenidas por profesar ideas de izquierda y por tanto no podían se etiquetadas de terroristas. Sí combatió con todas sus fuerzas a aquellos grupos marxistas que eligieron la lucha armada. Con esta determinación, junto con marcar una clara diferencia de procedimientos, puso también en riesgo su vida pero ciertamente pudo salvar así la de muchos inocentes. Esto ocurrió cuando Fuentes Morrison, con el grado militar de teniente, ofició como jefe de una agrupación anti terrorista de la FACH, oportunidad en que cayó en la cuenta que muchos de los prisioneros, quienes luego de ser detenidos por su agrupación y después liberados, comenzaron a desaparecer sin dejar rastros, muchos de ellos D.D. hasta la fecha. Esta estratagema no fue del gusto de la DINA y por ello lo habían amenazado de muerte. Obviamente, además este hombre sabía demasiado respecto del tema y se tornó entonces en un personaje peligroso en tal sentido. Jamás quiso aceptar le fuera aplicada la Ley de Amnistía, pues según afirmaba no había nada que amnistiar, haciendo incapié que aceptarla constituiría un reconocimiento tácito de lo que se le quisiera imputar. Nadie lo dice, pero lo cierto es que por aquellos días tuvo lugar una verdadera Guerra Santa entre los diferentes servicios de seguridad, bajas incluidas, motivada por las diferencias de criterios aplicados al combate del terrorismo marxista. Si esto no hubiese ocurrido, las víctimas inocentes a lamentar sin duda habrían sido muchas más. Fue el primer oficial en comparecer ante la justicia –personalmente y no por exhorto- a responder por supuestas responsabilidades frente a casos de violaciones a los derechos humanos. Pese al terrorífico cartel que el marxismo ha pintado referente a su persona, lo cierto es que sus responsabilidades fueron bastante limitadas en tal sentido, al ser sindicado por la justicia sólo como responsable de privación ilegítima de libertad respecto de dos personas. El caso fue presentado a la comisión Rettig por su familia, quienes aseguran que jamás han sido visitados por algún representante de las agrupaciones de DD.HH., pese a ser calificado el caso como «víctima de la violencia política». No tuvieron acceso a indemnizaciones frente a esta flagrante violación por tratarse de un agente del estado, pese a encontrase en situación de retiro, y peor aún, tampoco se les hizo justicia. Su asesinato todavía continúa impune y ni el Estado ni la Fuerza Aérea de Chile se hicieron parte en el juicio respectivo en su momento. El pago de Chile, una vez más. Sic transit gloria Mundis Días después de su muerte -único mártir «11 de Septiembre» que puede exhibir la Fuerza Aérea de Chile, institución a la que Fuentes Morrison sirvió durante casi dos décadas, a veinte años años de su muerte ni siquiera lo recuerda identificando con su nombre ni la más modesta callejuela al interior de alguna de sus bases aéreas. Sin embargo, la viril y solitaria voz de un chileno ex Ministro de Estado, se hizo escuchar públicamente tras el asesinato del comandante, através de una carta pública a modo de requiem que fue reproducida por la mayor parte de los diarios del país: Señor Director: «El párrafo acerca del terror debe ser formulado del modo más amplio posible, pues sólo la conciencia revolucionaria de la justicia y la conciencia revolucionaria pura, puede determinar las condiciones de su aplicación práctica...» Trozo de una carta de Lenin al Comisario de Justicia, Kursky, de fecha 17 de mayo de 1922. Por haber combatido sin descanso, casi veinte años, esa no moral sintetizada en el enunciado anterior, cayó mi amigo Wally. Por haber gastado los mejores años de su vida en defensa de sus compatriotas del cinismo leninista, el señor Comandante de Escuadrilla Roberto Fuentes Morrison fue asesinado por una murga de desconocidos-conocidos. Roberto llegó a ser la expresión viviente de una leyenda. De una leyenda de inteligencia, de valores morales, de valentía, de entrega; y quiero destacarlo muy especialmente, con el aval de mi honor, de su preocupación por sus compatriotas más pobres y más desamparados. Logró aquello que muchos dicen que hacen, pero muy pocos alcanzan: constituir la amistad como un valor fundamental y permanente de su código ético. Fui testigo objetivo de hechos que ejemplifican lo anterior. No se acompañaba de guardaespaldas. No aceptó esconderse fuera ni dentro del territorio nacional con otra identidad y con un trabajo seguro. Quiso demostrarnos que el terrorismo se combate no solo con un arma en la mano, sino que principal y primeramente venciendo el miedo. Así era Wally, mi viejo amigo. Así se fue. Solo, íntegro..., ¡chileno! En el pasado di público testimonio de mi amigo muchas veces; hoy, junto con su partida lo hago nuevamente. Pero nuevamente no significa que por última vez. Soy un hombre de pocas palabras, pero de palabras claras. Edmundo Ruiz Undurraga. Ex Ministro de Estado. Puede leer mas al respecto en otros artículos publicados en TodosChile - Sin Censura política.





Acto cobarde
motivado por intereses creados, también cobardes.
Los valientes siempre mueren en manos de los cobardes?
Aryanniz