-¡Nene! Tene mucho cuidado con esa novia con cara de avispada que te conseguiste, no vaya a ser que ella termine aprontando alguna cuchufleta en la familia.
Cuando distinguí que el tono de voz de mi padre, era irónico, y que tenía una ancha sonrisa estampada en el rostro; decidí darle cuerda para entender lo que pretendía con su manifestación. -¿Por qué me lo decís? ¡No te entendí! –expresé.
-Es que vos sos medio chupa nabos, y no quiero que te pase como al ganso de este italiano, que se casó, y en el medio de la boda, la mujer lo dejó por el amigo que manejaba el automóvil nupcial, y abandonó al novio y los demás invitados, mientras la esperaban para el banquete. –avisó, dando una connotación punzante en sus palabras.
-¿Quién te contó semejante despropósito? –le pregunte medio desconfiado.
-Es una noticia que salió en el diario "Il Piccolo", de Trieste, en Italia, donde informan que una novia se casó… y luego enseguida se escapó con el mejor amigo de su marido, dejando a todos plantados en un restaurante de la ciudad.
-¿Me estás embromando? –atiné a preguntar- La historia debe ser otra… -agregue a seguir.
-¿Es cómico no? Pero parece que la boda de ellos, tuvo lugar el 16 de mayo último, entre un tal de Andrea, que es un empleado de una banca italiana, de 34 años, y la tal de Sara, una chica de 30 que era empleada en una financiera de Montefalcano, tras haber tenido diez meses de una amorosa relación.
-¿Fue ahí qué pasó? –pregunté medio que como guardándome las espaldas.
-¡Si belinún! Oime, dicen que esa tal de Sara llegó puntualmente al Ayuntamiento a bordo de un automóvil guiado por ese amigo de su marido, toda vestida de color marfil, y que en ese momento, fue recibida por el novio y por una treintena de invitados… Parece que fue una ceremonia modesta en la que no tenían previsto, ni siquiera el viaje de luna de miel… ¡Claro! Eso es lo que explica el diario –me dijo.
-Hasta ahí, entendí, ¿pero cómo fue que ella los dejó plantados a todos?
-Parece que después del “sí quiero”, de que tirasen las fotos de rigor, y del lanzamiento del arroz…, la novia pidió para ir a cambiarse de ropa, así podia estar más cómoda en el banquete; y a seguir, se marchó acompañada por el amigo de su marido, que desde hacía algunos meses jugaba al fútbol con él, y que fue el tipo que la llevó otra vez en el coche para no sé dónde…
-¿Y entonces…?
-Mientras tanto, el marido y los invitados se fueron al restaurante, y allí, comenzaros a brindar una y otra vez por la felicidad de los novios…, me imagino que a esas alturas ya estarían medios borrachos, -comentó mi viejo, y prosiguió con el relato- Parece que al cabo de una hora y poco, al percibir que no llegaba la novia, empezaron a sospechar que algo no iba bien, y en ese ínterin, comenzaron las llamadas al móvil de Sara... Pero en ese momento, consideraban que el aparato estaría apagado.
-¿Te imaginas que papelón? –me preguntó, sin dar tiempo a que yo emitiese mi juzgamiento- Dicen que poco a poco, se fue creando un ambiente de funeral en el restaurante, y que después de intentar hacer un par de llamadas al celular del amigo del novio, al cabo de hora y media, el tipo respondió y le pasó el teléfono a Sara. Fue en ese momento que ella confesó: "He comprendido que he cometido un error… Lo siento, pero mi corazón me lleva a otra parte", le dijo fríamente la muchacha al estupefacto marido.
-¡Qué ganso…! Para mí, que ese tipo es un tremendo de un vejiga… Para no decirle… ¡Múúúúú…!
-¡Sí!, tenes razón, porque cuentan que enseguida, la nueva pareja partió en viaje de luna de miel hacia Grecia, mientras que al marido, no le quedó otra alternativa que quitarse el anillo y dirigirse a un abogado matrimonialista, para conseguir además del divorcio, el resarcimiento por los daños materiales y morales; porque el cornudo, digo el marido, -comentó mi padre- le dijo al reportero: “Lo podía haber pensado antes, por lo menos, no habríamos gastado tanto dinero en semejante puesta en escena.”
-¿Y no fue a la farmacia? –pregunté con entonación sarcástica.
-¿Para qué?
-Con el tremendo dolor de cabeza que comenzó a sentir, yo me imagino que necesitó tomarse unos dos frascos de aspirinas… ¿no te parece?












Esto demuestra dos cosas, que...
querámoslo o no, nuestro destino se está jugando siempre en otro lugar sin que siquiera lleguemos a sospecharlo.
Que a nadie la falta Dios; vaya uno a saber de qué clase de compañía se libro Il Cornutti.