Actitud Cicatera

Enviado por carlos delfante el 31/05/2009 a las 7:21
carlos delfante

-¡Bien hecho!, chupasangres, vividores, tacaños oportunistas… ¿No le parece a usted? –me preguntó, mirándome con aquellos ojos lagrimosos escondidos atrás de los gruesos cristales de sus lentes.

-Con ese tipo de descripción, conozco a muchos tipos que se encajan dentro de esas categorías que usted declaró, -le respondí medio que al azar, si saber bien, cuál era el motivo de su ofuscamiento.

-Yo me refiero a la aseguradora Generalli de Colombia, a la que la Corte Suprema de ese país, los condenó poniendo fin a seis años de un litigio entre ellos, y los beneficiarios de una póliza por cien millones de pesos, que había sido adquirida por un tal de Álvaro José Schneider Cubillos. 

-Pero eso no es ninguna novedad… Si existía un seguro, ¿Por qué no se lo querían pagar? –pregunté de entrometido.

-Lo que pasó, es que no quisieron honrar el seguro de vida de un hombre que murió al día siguiente de comprar la póliza; y en aquel entonces, la aseguradora se negó a reconocerla, alegando que en el momento de la muerte de esa persona, aún no existía legalmente el contrato… Pero la Sala Civil del alto tribunal, consideró que el seguro de vida quedó vigente desde el momento en que el  tomador inscribió a su hijo como beneficiario, aceptando una prima semestral de 276.780 y recibió el valor de la primera cuota al momento que la firmó… ¡Resumidamente, se jodieron! –apuntó enfático.

-¿Cómo fue la historia? –pronuncie sintiéndome atraído por el asunto.

-Según cuentan, el seguro de vida fue abierto por ese Sr. Schneider Cubillos el 22 de mayo del 2003, que colocó como beneficiario a su hijo Juan Pablo, de solamente seis meses de edad... No cuentan cómo fue que sucedió, pero resulta que al día siguiente, el hombre falleció.

-Entonces ellos desconfiaron que era una trampa premeditada. ¡Me imagino!

-¡No fue por eso! Escúcheme…, una semana después, la esposa de él, inició los trámites para cobrar la póliza; y la aseguradora le negó el pago… Alegaron que no lo hacían, no porque tuviesen alguna duda sobre las circunstancias de la muerte del cliente, sino, porque lo único que se había diligenciado por parte del señor Schneider, era una simple solicitud de aseguramiento. En ese momento, lo único que le entregaron a la viuda, fue un cheque por el valor de la prima que ya había sido cancelada.

-Esos tipos son unos vividores… quisieron darle un pechugón y se embromaron –agregué, concibiéndome desdeñoso con la actitud de la empresa.

-¡Ahí que está! La señora demandó a la compañía de seguros ante el Juzgado Primero Civil de Cali, pero ese despacho consideró que desde el momento en que fue tomado el seguro, y el fallecimiento de Schneider, no habían transcurrido las 24 horas estipuladas en la normatividad mercantil… Entonces, los beneficiarios apelaron ante la Sala Civil del Tribunal Superior de Cali, que revocó la decisión del Juzgado Primero… Como perdieron, la aseguradora llevó el caso hasta la Corte Suprema, alegando que no había prueba que demostrara la existencia del contrato como tal, y que lo que hubo, fue una manifestación unilateral del tomador del seguro.

-¿Y qué pasó…? ¡Ah…! ¡Claro!, es el fallo que salió ahora…

-¡Sí! La Corte ratificó la decisión de segunda instancia y advirtió que: "la naturaleza jurídica de un acto, no es, la que las partes que lo realizan quieran arbitrariamente darle", por lo que ordenó el pago inmediato del seguro de vida a los beneficiarios de Schneider Cubillos; y agregaron que la transacción, se había efectuado dentro de las 24 horas que exige el Código Mercantil y de Comercio para que un contrato quede vigente, porque entienden que: "Si hubo acuerdo en cuanto a sus elementos esenciales (el interés, el riesgo, la prima), no ven por qué el contrato no pueda tener vida jurídica".

-¡Bueno!, menos mal que después de seis años, finalmente se hizo justicia, y esos roñosos, van a tener que abrir el cofre.

-Es por eso que le comenté mi impresión de repulsa con una actitud así…

-No lo digo por el nene, que ahora ya está más grandecito… ¡Pero qué ejemplo de mala suerte demostró tener ese tal de Álvaro José! Hacer un seguro de vida y morirse al otro día…

-Yo creo que a estas alturas, el que mejor se salió en la historia, fue el que después se casó con la viuda… ¿No le parece?

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