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Siempre que alguien esté pidiendo amor no será capaz de darlo, porque el hecho de pedir es una señal de que dentro de él no hay una fuente de amor. Si no, ¿por qué lo tendría que pedir fuera? Sólo la persona que está por encima de la necesidad de pedir amor puede dar amor. El amor es compartir, no mendigar. El amor es un emperador, no un mendigo. El amor sólo sabe dar, no sabe nada acerca de pedir.
¿Sabes qué es el amor? El amor que se pide no puede ser amor. Y recuerda, si alguien pide amor en este mundo nunca recibirá amor. Una de las leyes fundamentales, una de las leyes eternas de la vida es: el que pide amor nunca lo recibirá.
El amor sólo llama a la puerta de la casa donde ha desaparecido el deseo de amor. El amor empieza a llover sobre el techo de la persona que ha dejado de pedir amor.
Pero no llueve sobre el techo de alguien que todavía está anhelando amor; el amor no fluye hacia un corazón necesitado. Un corazón necesitado no tiene el tipo de receptividad que hace posible que el amor entre. Únicamente un corazón que comparte, un corazón que da, tiene ese tipo de receptividad para que pueda llegar el amor a su puerta y decir: «Abre la puerta, ¡he llegado!»
¿Alguna vez ha llamado el amor a tu puerta? No; porque, hasta ahora, no has sido capaz de dar amor. Y recuerda también que todo lo que das te volverá. Una de las leyes eternas de la vida es que todo lo que damos nos vuelve.
El mundo entero no es más que un eco; das odio y recibes odio; das peligro y recibes peligro; maltratas a los demás y eres maltratado; si sacas espinas, recibes espinas. Todo lo que das, lo recibes de vuelta, te vuelve de infinitas formas. Y si compartes tu amor, recibirás amor de infinitas formas. Si no te ha vuelto el amor de infinitas formas, eso significa que no has dado amor.
Pero, ¿cómo puedes dar amor? No tienes amor para dar. Si tienes amor, ¿entonces por qué estás mendigándolo de puerta en puerta? ¿Por qué os convertís en mendigos, yendo de un sitio a otro? ¿Por qué pedís amor? (…)
El amor es un florecimiento interno; surge de una energía latente en tu interior. Sin embargo todos buscamos encontrar amor en el exterior. Todos buscamos encontrar amor en el amado, lo cual es una cosa absolutamente equivocada e inútil.
Busca el amor dentro de ti mismo. Ni siquiera te imaginas que puede haber amor en tu interior porque el amor siempre se ha asociado a la idea del amado. Tienes la idea de alguien en el exterior. Y como no recuerdas cómo puede surgir el amor dentro de ti, la energía del amor sigue latente. No te das cuenta de que siempre estás pidiendo fuera algo que ya está dentro de ti. Y como lo estás pidiendo fuera, no miras en tu interior. De este modo, lo que podría haber surgido dentro, no surge nunca.(El libro del Hara, p. 180.).
El amor necesita que seas capaz de abandonar el ego. (Yoga: la ciencia del alma. Vol II, p.274).
Cambia antes de que te vuelvas adicto a una relación sin amor (Amor, libertad, soledad, p.113).
Cuando has logrado tal equilibrio que puedes vivir sin un amante, puedes vivir sin que te amen y ser tan feliz como cuando te aman, cuando el amor deja de ser una necesidad y se transforma en pura diversión. Si te quieren, bien. Si no te quieren, también bien: no ansías el amor. (Op. cit., p.267).
Aunque las cumbres nunca se encuentren, existe una especie de comunión entre ellas a través del viento, a través de la lluvia, a través de los ríos, a través del sol y a través de las estrellas. Sí, existe una comunión; hay un gran diálogo. Se susurran la una a la otra; sin embargo, su soledad sigue siendo absoluta; nunca se comprometen.
Sé como una alta cumbre en el cielo. ¿Por qué anhelar pertenecer a alguien? ¡Tú no eres una cosa! ¡Son las cosas las que pertenecen! ( Amor, libertad, soledad, p.239).
Puedes compartir con alguien, pero no eres dependiente. (Op. cit., p.180). Permanece alerta sin elegir(…) Podrás tener soledad, y mantener una relación al mismo tiempo. (Op. cit., p.282).
OSHO

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Entonces dijo Almitra...
Háblanos del amor.
Y él alzó la cabeza y miró a la multitud, y un silencio cayó sobre todos, y con fuerte voz dijo él:
Cuando el amor os llame, seguidle, aunque sus caminos sean agrestes y escarpados.
Y cuando sus alas os envuelvan, dejadle, aunque la espada oculta en su plumaje pueda heriros.
Y cuando os hable, creedle, aunque su voz pueda desbaratar vuestros sueños como el viento asola vuestros jardines.
Porque así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os agranda, también os poda.
Así como sube hasta vuestras copas y acaricia vuestra más frágiles ramas que tiemblan al sol, así también penetra hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.
Como gavillas de trigo, os aprieta contra su corazón.
Os apaela para desnudaros.
Os trilla para liberaros de vuestra paja.
Os muele hasta dejaros blancos.
Os amasa hasta dejaros livianos; y luego, os mete en su fuego sagrado, y os transforma en pan místico para el banquete divino.
Todas estas cosas hará el amor por vosotros para que podais conocer los secretos de vuestro corazón, y con este conocimiento os convirtais en el pan místico del banquete divino.
Pero si en vuestro temor sólo buscais la paz del amor y el placer del amor, entonces más vale que cubrais vuestra desnudez y salgais de la era del amor, para que entreis en el mundo carente de estaciones, donde reireis, pero no todas vuestras risas, y llorareis, pero no todas vuestra lágrimas.
El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no se deja poseer.
Porque el amor se basta así mismo.
El Profeta
Gibran Kalil Gibran