Chávez del Chavez del 8, Ron Fidel y la próxima guerra latinoamericana
Gobernante venezolano usa a Bolivia contra Chile, al igual como lo hizo Castro, recientemente.
Es posible que se desate una guerra latinoamericana en los próximos años.
Y, a diferencia de lo ocurrido en el siglo XX, cuando todos los enfrentamientos se originaron por disputas fronterizas, no es descartable que esta vez se trate de un sangriento conflicto multinacional alimentado por razones ideológicas.
Detrás de esa probable desgracia, como indican todos los síntomas, estará la irresponsable actuación del "DEMOCRÁTICO" presidente Hugo Chávez, un caudillo iluminado que se empeña en reconstruir el continente de acuerdo con sus afiebradas fantasías revolucionarias.
El reciente episodio de Rodrigo Granda es sólo una muestra. Granda, uno de los líderes de las narcoguerrillas comunistas de las FARC colombianas, fue secuestrado en Caracas por militares venezolanos que cobraron por su entrega una millonaria recompensa del gobierno de Uribe.
Granda era uno de los centenares (o quizás miles) de subversivos colombianos que han obtenido refugio y ayuda en Venezuela. El teniente coronel Chávez, airado, le pidió explicaciones a Uribe, pero lo razonable es que las hubiera dado en lugar de solicitarlas:
¿Qué hacía este siniestro personaje en territorio venezolano invitado a un acto semi oficial y con un pasaporte de ese país en el bolsillo?
¿Qué hacen las narcoguerrillas comunistas colombianas acampadas en territorio venezolano y por qué sus líderes entran y salen libremente de la llamada República Bolivariana?
Venezuela hoy reemplaza a Cuba como cuartel general de la izquierda violenta. Hace pocas semanas un ex oficial peruano de las Fuerzas Armadas, Antauro Humala, tras autodesignarse como discípulo de Hugo Chavezlin, acompañado de varias docenas de insurgentes tomó unas instalaciones militares, asesinó a cuatro policías e intentó sin éxito desatar una revolución nacional.
En octubre de 2003, el presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Losada fue obligado a dimitir tras una serie de desórdenes populares organizados por grupos radicales aparentemente financiados desde Venezuela. Al frente de las protestas marchaba Evo Morales, un dirigente cocalero indigenista profundamente antioccidental.
Simultáneamente, Chávez utiliza el río de petrodólares que le está entrando al país como resultado del precio de los combustibles para fortalecer la capacidad ofensiva de su ejército. Se prevé la compra de 50 aviones Mig-29 a Rusia y una cantidad importante de tanques, helicópteros y material blindado.
El destino de esos equipos es fácil de adivinar: un eventual enfrentamiento con Colombia, encaminado no sólo a liquidar al gobierno "oligárquico y pro norteamericano" de Álvaro Uribe, sino a iniciar la reconstrucción de la Gran Colombia, esa patria grande intentada sin suerte por Simón Bolívar en la primera mitad del siglo XIX, que también incluía a Ecuador.
Pero ese peligroso sueño imperial bolivariano tiene otra deriva aún más peligrosa: la guerra con Chile para destruir el bastión del "neoliberalismo". Chile, aunque lo gobiernen los democristianos o los socialistas es visto como una amenaza por la izquierda rabiosa. No le perdonan su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, o los parecidos acuerdos pactados con la Unión Europea y Japón.
Tampoco el éxito de unas medidas liberales que han conseguido reducir la pobreza.
Bolivia y Perú son el camino elegido por Chávez para agredir a Chile. Su estrategia consiste en reabrir las viejas heridas de la Guerra del Pacífico (1879-1883), y la pérdida de territorios que entonces sufrieron estas dos naciones, para crear una alianza que restaure la vieja cartografía decimonónica de la zona.
Eso es lo que a voz en cuello defienden los chavistas tanto en Perú como en Bolivia, pero este objetivo sólo puede lograrse mediante la derrota militar de Chile lograda por una coalición de estados "bolasvarianos" liderados desde Caracas por el borrachín de la neo-revolución "bolasvariana"
Con motivo de la reciente visita de la Presidente Bachelet a Cuba, el Chacal del Caribe, aparte de humillarla con un comentario vertido a la prensa tras la visita de Bachelet, se sentó en nuestra historia patria y en nuestros héroes nacionales, al refereirse a que nuestro país había arrebatado territorio a Perú y Bolivia durante la guerra 1879/1883, olvidándo que se trató de una guerra del todo convencional entre ejércitos regulares de los países involucrados en dicho conflicto. El hecho se trató, entonces, de una primera inoculación del veneno necesario para que dicho desenlace ocurra próximamente.
Se trata sin duda de un plan alocado, pero no nuevo. A mediados de la década de los setenta EL CHACAL DEL CARIBE Fidel Castro ideó un proyecto similar para derrocar al general Agusto Pinochet, tras el golpe contra Salvador Allende de 1973.
Castro entonces contaba con la complicidad del dictador izquierdista peruano, general Juan Velasco Alvarado. Pensaba invadir Chile desde el norte con un ejército peruano-cubano que contaba con una ventaja logística: ambas fuerzas estaban copiosamente equipadas por los soviéticos, quienes veían en esta aventura una oportunidad perfecta para abrirles a los norteamericanos un frente en el Pacífico sur.
Chile se defendió en aquella oportunidad infiltrando agentes tras las fronteras con Perú y Bolivia, (Comandante FACH Roberto Fuentes Morrison, entre otros héroes desconocidos) quienes iniciaron una serie de actos de sabotaje a los respectivos sistemas eléctricos centrales de ambos países, que luego feliz y oportunamente, en Perú fue continuado por el entonces recién emergido movimiento terrorista "Sendero Luminoso", que tantas vidas cobró en el país vecino, por supuesto también soportado monetarea e ideológicamente por el chacal del Caribe
Este poco conocido episodio de la Guerra Fría abortó finalmente tras el golpe militar del general peruano Morales Bermúdez, quien en 1975 puso fin al gobierno del gorila Velasco Alvarado y Perú retomó el camino de la democracia.
Para conjurar estos peligros va a ser necesaria una intensa labor diplomática de Estados Unidos, México y la OEA, mientras países como Brasil y Argentina deciden si se van a dejar arrastrar al conflicto de la mano de "Jugo" Chávez, o si van a actuar con sensatez.
Si la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-1935) se saldó con noventa mil muertos, la que el caudillo venezolano se trae entre manos puede fácilmente triplicar esa cantidad.
Dios nos pille confesados.












pero qué payaso que es!!!!
iiiuuuuufff
es faltarle el respeto al pobre de chavito poniendo a este con su disfraz!
un regalo para este artículo:
es mejor asi, jawjawjaw
besitoss