EL WALLY - ROBERTO FUENTES MORRISON

Enviado por El Maestro el 02/03/2009 a las 01:43 PM
El Maestro

NUEVO!

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Roberto Fuentes Morrison

1938 - 1989

 Comandante de Escuadrilla  - Fuerza Aérea de Chile

Honor y Gloria a un anónimo héroe de nuestro tiempo?

 

 

 

 

 

 

¡La hora de hacer justicia a este hombre ha llegado!

 

La verdadera historia es ésta y no la que aparece en los buscadores de Internet, toda ella un sucio manejo comunicacional de génesis marxista.

 

A 20 años de su muerte, el asesinato de este integrante de la comunidad de inteligencia de las FF.AA. que combatió el accionar del terrorismo marxista entre 1973 y 1989, todavía continúa impune.

Conozca de qué forma los comunistas criollos han mentido durante los 20  ultimos años sobre la verdadera personalidad de este hombre, y entérese de  sus exactas responsabilidades respecto a su destacada participación en el Comando Conjunto durante la lucha contra el terrorismo marxista orquestado desde Cuba y librada en Chile desde 1973 en adelante.

 

 

Un trozo de historia?

Roberto Fuentes Morrison fue permanente y equívocamente sindicado por el aparato de inteligencia del Partido Comunista chileno, como Jefe del Comando Conjunto (formado por personal de la Armada, Carabineros y FACH) a cargo de enfrentar la lucha contra los apóstoles del odio y la violencia de origen cubano-comunista, que tuvo lugar en nuestro país durante los primeros años de la dictadura militar, herencia de la Unidad Popular.

 

La verdad es que a Fuentes sólo le correspondió ser Jefe Operativo de una agrupación anti subversiva de la FACH que operó entre los años 1973 y 1978,  (a la fecha de los hechos ostentaba el grado de Subteniente de la reserva) la cual formaba parte de la comunidad de inteligencia anti subversiva de las 3 ramas mencionadas, pues el Ejército operaba las mismas  acciones, pero a través de la Dirección de Inteligencia Nacional - DINA.

 

En 1981, resulta herido de consideración tras un enfrentamiento callejero, al recibir una ráfaga de metralla procedente de un fusil de asalto AK-47, arma letal favorita del terrorismo comunista a nivel mundial.

 

Llevado a juicio en 1985, fue el primer oficial de las FF.AA. en concurrir personalmente ante tribunales a responder por supuestas responsabilidades frente a la justicia, desechando la forma de hacerlo por exhorto. Es más, concurrió desde Sudáfrica, lugar donde en aquellos días se encontraba prestando servicios en la agregaduría aérea de Chile.

 

En 1984 el aparato de inteligencia del Partido Comunista -operando al amparo de la Vicaría de la Solidaridad- soborna a un integrante de su agrupación para que lo incrimine en hechos que finalmente jamás fueron probados, pues no le cupo participación alguna. Durante los juicios respectivos (caso dirigencia del PC,  Degollados y  Tucapel Jiménez) se pudo establecer que las acusaciones fueron absolutamente insostenibles y la justicia sólo pudo declararlo reo por fundadas sospechas en la privación ilegítima de libertad en 3 de los catorce casos que se investigaron (dirigencia del PC), para posteriormente aplicarle la ley de Amnistía, muy en contra de la voluntad de Roberto Fuentes Morrison, quien siempre sostuvo que aceptar dicha ley implicada un tácito reconocimiento de culpabilidad.

 

Su accionar como agente de los servicios de seguridad se distinguió por la modalidad de asilar en embajadas a terroristas detenidos a cambio de información. Mas tarde, durante 1979 cumple riesgosas misiones al desarrollar exitosas labores de espionaje al interior de países vecinos, a la fecha en clara postura beligerante hacia nuestro país.

 

Hombre de muchos cojones, quien no combatió las ideas sino el criminal y artero accionar terrorista del Partido Comunista -léase FMR-, en su vida civil ofició además como bombero, destacado andinista y rescatista de montaña, motivo por el cual recibió una condecoración de parte del gobierno de Uruguay como reconocimiento a su destacada participación en el rescate de los rugbistas uruguayos en 1972, por señalar quizá el caso más relevante de valentía y entrega personal.

 

Pasa a retiro de manera voluntaria en 1986 y tres años más tarde, la mañana del 9 de junio de 1989 la muerte lo sorprende al ser asesinado a la salida de su casa por un grupo de a lo menos 25 sujetos del FMR, quienes reivindicarían el crimen como un ¨No a la impunidad¨.

 

Del libro biográfico El crepúsculo de los Cóndores que de él realizara el escritor francés Jean Philipe Fauré  extraemos los siguientes párrafos:

COMANDO CONJUNTO

En la revista "HOY" de fecha 30 septiembre 1986. Allí se entrevista al ex-agente del SIFA (Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea), Otto Trujillo Miranda (Colmillo Blanco) -entonces detenido e interrogado por el juez Carlos Cerda-, quien aseguró lo siguiente al periodista:

 

" ...el Comadante Ceballos (Edgard Ceballos Jones, jefe directo de Roberto Fuentes Morrison) era un hombre muy especial; no era de esos que mataban, torturaban, no. El usaba la tortura sicológica. Sacaba toda la información que se necesitaba y después ayudaba a asilar a los detenidos. Ceballos no era como otros. Es un tipo que se formó de otra manera, muy distinto. Ese asiló a mucha gente del MIR"

 

El trato -continúa Trujillo-, era casi siempre el mismo. Entregaban los entierros (arsenales ocultos) a cambio de asilo en alguna embajada. Nunca pensé que había tanto armamento, camionetas y camionetas de armas. El jefe les daba la salida a tal extremo que incluso les daba plata de su bolsillo"

 

Cabe señalar que esta actitud del Comandante Sr. Edgard Ceballos Jones fue ratificada, aunque con otros matices, por los autores John Dinges y Saul Landau en el libro "Asassination in Embassy Row". Relatan allí los autores que la DINA, liderada por el general Manuel Contreras, tenía el hábito reinterrogar y torturar a los liberados por el SIFA, (Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea) y por último éstos desaparecían.

Trujillo: "Ceballos empezó a proteger a sus prisioneros de manos de la DINA; tomó contacto con organizaciones que defienden los derechos humanos y logró asilarlos en embajadas extranjeras para que la DINA no pudiera asesinarlos".

 

De hecho, la lucha más fuerte entre organismos se seguridad se produjo  en 1975 entre el SIFA y la DINA. Incluso, se rumoreó que el comandante Edgard Ceballos Jones y el Sub Tte. Roberto Fuentes Morrison serían juzgados "por alta traición a la patria", al sostener y llevar a la práctica la tesis del asilo para los colaboradores. En definitiva el triunfo fue de la DINA, cosa que sería ratificada en una declaración del desertor del SIFA, (de quien conoceremos mayores detalles líneas abajo) Andrés "Papudo" Valenzuela: "nos fuimos quedando sin detenidos, ya que la represión final del MIR pasó a estar a cargo de la DINA".

Trujillo finaliza relatando al periodista lo siguiente: "Fuentes Morrison llegó un día a mi casa. Era uno de los jefes operativos , recibía órdenes,  y me dijo: "Otto ándate. Trata de desaparecer hoy o mañana. Andan buscándote a tí y a todos. Nos van a matar a todos"

 

Otro importante detalle, necesario al decurso de este relato y esclarecedor testimonio en tal sentido, fue publicado en revista Ercilla Nº 3.105 - Marzo 1999 y que, entre otros antecedentes relacionados con el Comandante Edgard Ceballos J. y la SIFA, dice lo siguiente (sic):

"...el coronel en retiro sometido a proceso no era un hombre común y corriente. Edgard Ceballos tuvo una importante figuración durante los primeros años del régimen militar, en lo que a organismos de seguridad y represión se refiere. Y, de haber prosperado algunas de sus actuaciones, incluso podría haber cambiado la vida de este país.

 

Pocos antecedentes personales de Ceballos son públicos. Su currículo militar está sometido a la más estricta reserva por parte de la Fuerza Aérea. "para no interferir en el proceso". Sin embargo, "Ercilla" averiguó que Ceballos nació en diciembre de 1931; es hijo de padre ecuatoriano; ingresó a la Fuerza Aérea el 1 de enero de 1953, perteneció a la rama de Ingenieros; fue un experto en ingeniería aeronáutica y realizó estudios de post grado en Inglaterra.

 

En 1974 era jefe del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), donde se le conocía como "Inspector Cabezas", según reveló el ex cabo de la Fach Andrés Valenzuela Morales, quien desertó en julio de 1985 y entregó su confesión -a la desaparecida revista Cauce-, sobre las torturas a las que se sometía a los presos en el instituto armado.

 

Ceballos es un hombre controvertido. De él se dice que no era partidario de dar muerte a los detenidos, aunque sí utilizaba todos los métodos de tortura conocidos para conseguir la información de inteligencia; que trataba de imponer esa doctrina entre sus hombres y, lo más importante, que toda su estrategia tenía un fin preciso: establecer diferencias sustantivas con la DINA, organismo de seguridad del Ejército, que empleaba la fuerza y la desaparición de personas como forma de represión política. "Nosotros éramos profesionales" dice a "Ercilla" con orgullo un ex miembro de la SIFA.

 

El "Inspector Cabezas" se "especializó" en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR. Sabía que este grupo era clave en la insurrección armada. Posteriormente, en septiembre de 1975, dirigió toda su fuerza en contra de la cúpula del Partido Comunista. Junto al Subteniente Roberto Fuentes Morrison -"El Wally"-, conformó el Comando Conjunto, un grupo anti subversivo en que también participaban miembros de la Armada, Carabineros y ex-militantes de Patria y Libertad.

 

...El ex comandante en de la Fuerza Aérea, general (r) Fernando Matthei conoció a Ceballos siendo instructor de aviación, en los años 50. "Era un oficial bien incorporado con sus compañeros -dijo a "Ercilla"-, estimado y querido. "Durante su vida militar no tuvo contacto con el inculpado, pero recuerda que 'me pareció que era un hombre que en ningún sentido se le notaban odios. Más bien tengo la impresión de que tomaba muy en serio su trabajo, pero no era llevado por un odio antimarxista'. Me dio la impresión de una persona muy humana y preocupada de no causar daño"

 

En cuanto a la disputa "profesional" DINA-SIFA, el entonces Obispo de Linares, Carlos Camus, quien dialogó con Ceballos en más de una oportunidad corrobora que: "el mismo lo decía: en la DINA matan de chincól a jote. Según él (Ceballos), ellos eran más científicos, no necesitaban torturar tanto, pero que torturaban, a mi me parece que también"

 

Matthei además asegura que la pugna con la Dina - y en especial con su comandante Manuel Contreras- era del todo real. "Ellos (la SIFA) se jactaban de ser más efectivos y eficientes que los otros, que lograban éxitos donde la DINA fracasaba. Eso se lo escuché al propio Ceballos y también a otros oficiales que estaban en ese momento involucrados"

 

En información desclasificada entregada por EE.UU. en mayo de 1999, correspondiente al Archivo Nacional de Seguridad, respecto al tema en decurso puede leerse lo siguiente:

 

"...el 20 de diciembre de 1974, -informa el organismo de inteligencia norteamericano "CIA"-, que el jefe mirista Andrés Pascal Allende consideraba seriamente un acuerdo con el gobierno militar para liberar a sus padres detenidos en Tres Alamos. "Sería irónico que el gobierno militar liberase a Laura Allende (que estaba enferma de gravedad) antes que Pascal alcanzara acuerdo", comenta la CIA.

 

Al mismo tiempo Pascal ordenó a los militantes del MIR abandonar Chile de la mejor forma que pudiesen, como única forma de mantener libre una parte del movimiento, que entonces Contreras declaraba "prácticamente liquidado". Sólo en diciembre de 1974, 123 miembros del MIR y del PS fueron capturados.

 

Sin embargo para la DIA (Dirección de Inteligencia Americana) Inteligencia de la FACH había infiltrado más exitosamente al MIR. La fórmula: ofrecía colaboración a cambio de asilo, de lo contrario los entregaría a la DINA. Como ejemplo citaban a Lumi Videla, cuyo cuerpo fue lanzado a la embajada de Italia. Según el informe de la DIA, el asilo de numerosos miristas obedeció a la cooperación que prestaron con inteligencia de la FACH.

Según la DIA, aunque Contreras pertenecía al Ejército, la DINA mantuvo la conexión menos cordial con esa rama. Al entonces jefe de Inteligencia del Ejército general Odlanier Mena "le irritaba la actitud de Contreras y se resentía de la expansión de su organismo en sus dominios". El y varios otros oficiales de distintos servicios están muy inquietos con sus tácticas de "barbarie". Atribuyen mucha de la culpa al pobre entrenamiento de los agentes de la DINA y a una supervisión inadecuada.

 

La FACH también desarrolló tirantes relaciones con Contreras desde que a partir de los primeros días de 1975 recibiera órdenes de que toda la responsabilidad de las operaciones anti MIR recayeran en su organismo. Sin embargo, la FACH aceptó esta orden en forma muy superficial y continuó igual.

 

Las detenciones que siguió realizando junto con la Armada motivaron -según despacho de la DIA del 20 de noviembre de 1975- una enérgica protesta de Contreras. Esto obligó al ministro de Defensa general Herman Brady, a citar a una reunión amplia (el 17) con los jefes del staff de Inteligencia de todas las ramas de la defensa nacional. Allí Contreras sugirió investigar al jefe de Inteligencia de la FACH y a su jefe operativo. Para evitar una confrontación mayor, Brady instruyó "respetar procedimientos de detención",

Continúa revista "Qué Pasa":

 

 

...El coronel Ceballos fue conocido por muchos. Roberto Moreno era el encargado de la reorganización del MIR en provincias, en esa época. Fue detenido por la SIFA en marzo de 1974, interrogado y torturado por el "Inspector Cabezas". Un día Ceballos le ofreció llamar a un familiar:

"Yo no sabía que la FACH tenía esa política de no asesinar y hacer desaparecer gente, por lo menos, a los presos que caíamos en ese tiempo. Pensé que era lo mismo que la DINA, y que ésta no la contábamos. Pero Ceballos ofreció, sin que yo lo solicitara, que me visitara mi familia. De hecho me fueron a ver. Eso era para darte la seguridad de que no te iban a matar. Así lo sentí".

 

En la misma edición de "Ercilla" aparecen declaraciones del sociólogo Patricio Rivas, uno de los escasos integrantes del Comité Central del MIR que sobrevivió a la detención por parte de organismos de seguridad del Gobierno Militar. Tal vez deba su vida a que cuando fue detenido por el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, esa estructura -cuyo director era el coronel Horacio Oteiza, muerto posteriormente en un accidente aéreo y su jefe operativo el comandante Ceballos-, se había embarcado en una operación para neutralizar "en forma pacífica" a la citada organización político-militar, la única de la izquierda chilena que en ese entonces postulaba el enfrentamiento abierto y armado.

 

Agrega que Ceballos habló individualmente con cinco miembros del comité central del MIR que estaban recluidos en la Academia de Guerra Aérea: Roberto Moreno, Arturo Villavela, Victor Toro, Luis Retamal y él:

 

"Nos propuso una negociación política con nuestro partido, ofreciendo salida al exterior de nuestra gente a cambio de una rendición pública en conjunto del MIR"

 

Las diferencias de procedimientos de la SIFA y la DINA es otro punto que ahora con el correr del tiempo, ha saltado al tapete. Rivas experimentó "en carne propia" esas diferencias:

 

"Yo me escapé de la DINA en una emboscada que habían montado, el 1 de mayo, en calle Portugal. Dos meses después me capturó la SIFA , cuyos agentes se esforzaron por apresarme vivo. Contreras presionó a Ceballos para que me 'prestara' por tres días a la DINA, ya que habían iniciado un nuevo proceso. Fue una demostración de fuerza de la DINA y Ceballos debió acatarlo, pero exigió que mi entrega se realizara en presencia del fiscal de Aviación. Al cabo del plazo estipulado, me devolvieron semi inválido. Estuve en el Hospital FACH".

 

Concluye revista "Ercilla" con una interesante interrogante:

 

"Las negociaciones existieron. De eso no hay duda. Hechos aislados, talvés menores, son aún materia de polémica. Aunque todo se hizo sigilosamente, en especial por parte de la SIFA, varios oficiales y tropa que sirvieron allí dicen "saberlo todo, conocer la verdad".

 

Pero lo importante es que cabe preguntarse qué habría sucedido de prosperar esta negociación. ¿Estaría vivos Miguel Enríquez y tantos otros? ¿Se habría llenado de gloria el general Leigh, otorgándole mayor peso al interior de las Fuerzas Armadas? ¿Habría llegado a la presidencia de la Junta y aplicado su convencimiento de que había que entregar a la brevedad el Gobierno a los civiles?

 

Se dice que la historia la hacen los pueblos. Pero ante los hechos relatados, la interrogante es si no son los sujetos y sus propias limitaciones los que cambian el curso de la vida de los pueblos.

 

Del Libro Bibliográfico:

El crepúsculo de los cóndores

Tras largos meses de cautiverio el prisionero observa resignado el rectángulo de cielo azul que atraviesa la enrejada ventanilla de la celda. Recuerda nostálgico que es 24 de diciembre y con mucha ternura a su novia, cuyo rostro el tiempo y la ausencia ha comenzado paulatinamente a deslavarse en su mente y casi no recuerda en detalle. Afuera la luz y la inasible libertad. Un sol alto y el  reiterativo canto de una chicharra  parece intimarle que se aproxima el plazo fatal. Y no son simples conjeturas; ha visto cómo a su alrededor se producen ausencias inexplicables.

 

 

 

Las ascensiones a las montañas son un nostálgico y permanente recuerdo. Presiente que no volverá a recorrer esas huellas y ninguna otra huella. Los días de estudiante de pedagogía han quedado atrás y también su paso por las JJ.CC. Intuye que ya no es hora de desandar el camino o torcer el rumbo, no es posible y entonces da lo mismo lo uno o lo otro.

 

 

 

Pero no es eso lo que le acongoja sino el hecho de haber sido enviado engañado al extranjero a una escuela de guerrillas y que, no obstante su inocencia, le heredó como estigma su actual encierro. Ahora es su propio corazón quien le susurra la proximidad de algo único, irrepetible y casi solemne. Sin embargo ese instante, esa hora triste, no parece tan terrible sino más bien oscura e inescrutable.

 

 

 

La mano que estrechó la cuerda en innumerables ascensiones no puede acariciar. Quizá sus ojos, ahora sin más horizonte que el recuadro que lo confina, no esperan más el atardecer que cautiva, la voz cálida de la amada ni el amanecer que promete frente al hielo y la roca de la inmensa montaña. Todo aquello es verdad pero menos grave, casi menor, frente a un destino que parece hecho para acabarse pronto.

 

 

 

De los días perdidos recuerda las noches limpias y tapizadas de estrellas inequívocas que guiaron sus pasos en la montaña. Entonces estaba seguro que había algo por delante, un camino casi sin fin y de algún modo la muerte pareció una cita muy lejana. De pronto su pensamiento nostálgico vuela hacia la mujer que ama y advierte lo mucho que le agradaría saber lo que nunca se dijeron, mientras se amaban apasionadamente inmersos en el silencio nocturno. Quizá añora el sabor de aquella lágrima no vertida y el encanto de esas sonrisas que no llegaron a brindarse.

 

 

 

Quisiera también tener clara su mente y sopesar la razón para vivir o morir, pero una nube lo enturbia y acongoja. Se cuestiona así mismo si la causa que lo llevó a prisión vale la pena o estaba perdida de antemano. Talvez su suerte se está jugando en otro lugar todavía más errático. Duda si el motivo vale tanto como para que los hombres luchen furiosa y desesperadamente. Esa es la nube que oprime su corazón más que la muerte acaso ineludible.

 

 

 

Sorpresivamente la puerta de la celda se abre con violencia. Plasmadas sobre la intensa luz que ahora hiere sus ojos, alcanza a distinguir tres figuras desdibujadas. Paulatinamente las pupilas dan paso a imágenes más nítidas y define sin dificultades el perfil siniestro de dos carceleros enmascarados junto a un personaje central cuya sólida figura le resulta y que interrumpe el encierro con la vista vendada.

 

 

 

Uno de los custodios le retira la venda y el prisionero no tiene dudas: se trata de Roberto Fuentes Morrison. Lo sabe un hombre de los servicios de seguridad y comparte con él su afición por ascender montañas. Recuerda muy bien que hace unos años participó en una célebre expedición a los hielos patagónicos.

 

 

 

El inesperado visitante y el prisionero cruzan sus miradas. Un leve gesto de empatía que ambos disimulan tras un rápido apretón de manos, precede al instante en que los cancerberos vendan la vista ambos. Sin alcanzar a cruzar palabra son sacados de la celda y conducidos por un patio de maicillo que el detenido identifica mentalmente muy bien por sus diarios paseo allí a vista vendada. Ambos avanzan torpemente hasta subir a un vehículo que se pone prontamente en movimiento.

 

 

 

Tras poco más de media hora de trayecto son abandonados en alguna esquina de Santiago antiguo. No lejos de allí espera otro vehículo el que ya sin las vendas abordan para iniciar un viaje en silencio. El hasta ese instante prisionero -no lo sabe bien todavía-, advierte que están próximos a lugares gratamente conocidos. En las aceras a esa hora la gente se desplaza con festivo aire navideño y absolutamente ajena al drama íntimo de este hombre que se emociona por momentos y aún no tiene claro qué está sucediendo.

 

 

 

A escasas horas de la noche en que el mundo cristiano celebra la llegada del Mesías, Fuentes detiene el vehículo. Gastón Oyarzún, el ex prisionero, que ahora recién comprende que está en libertad. No puede creerlo y sin embargo su drama personal está próximo a concluir

 

 

 

En medio de su emoción no advierte en qué momento aparece su amada y entonces el único pensamiento es abrazarla y besarla amorosamente.  El vehículo ha reanudado su marcha sin que hubiera alcanzado a despedirse de Roberto Fuentes Morrison, el hombre que lo devolvió a la libertad, aquella que lo llevaría a convertirse en destacado montañista y notable fotógrafo de la naturaleza, en esposo de la mujer que lo esperó durante su injusta detención y luego en feliz padre de una hermosa hija. Años después volverían a encontrarse muchas veces, se saludarían como viejos amigos y no obstante el inevitable aire de complicidad que desde luego siempre supieron obviar, evitaron mencionar el ingrato episodio. Nunca el ex prisionero se enteraría de las consecuencias que su libertad traería a quien se la restituyó.

 

 

 El incidente de La Pirámide

 

Roberto Fuentes Morrison guía su vehículo en demanda de una insólita cita nocturna a realizarse en un apartado sector de la capital. No lejos de allí ha sido encontrado recientemente el cuerpo del infortunado ciudadano español Carmelo Soria. Está muy inquieto. Un sentimiento íntimo anticipa que la situación incluye riesgo y ha tomado ciertas precauciones pues no está dispuesto a dejarse sorprender. Observa su reloj y es medianoche cuando se detiene. Entre las sombras del frío lugar alcanza a distinguir la difusa silueta de un personaje que aguarda de pie suspendido tras la titilante brasa de un cigarrillo.

 

-Buenas noches, mi coronel...

No recibe respuesta y una mirada al oscuro entorno le basta para intuir que está rodeado por gente oculta a prudente distancia, aunque el personaje intenta dar la apariencia de encontrase solo. El misterioso convocador comienza a denostarlo agriamente y le enrostra los medios empleados para obtener la libertad de un prisionero. Le notifica que ha sido condenado a muerte por actos considerados de alta traición a la patria.

 

Fuentes le encuentra razón en parte, aunque es evidente que al coronel más le incomoda el hecho y no el modo. La fría noche invernal trae de regreso el recuerdo de los angustiantes momentos vividos el último 24 de diciembre. Pero ahora ya no lo acosan las dudas del primer instante. Sabe muy bien que no es hora de arrepentimientos y entonces su conclusión es ineludible: la libertad de un inocente bien merece el riesgo que aún corre.

 

Para ello caminó por el filo de los corvos, amenazó y extorsionó. Y siempre estuvo claro que se trataba de una persona que, si bien de izquierdas, en ningún caso dispuesto a alzar armas en contra de sus compatriotas. Recuerda una vez más que la totalidad de detenidos participantes en las escuelas de guerrillas comunistas en la URSS, confirmaron la absoluta inocencia de éste personaje y su manifiesta desafección con hechos que no fueron precisamente un curso de educación física, como le informaran antes de partir.

 

-Está  en mis manos, entrégueme su arma, Fuentes..., le sugiero que empiece a rezar?

 

Sin embargo, a estas alturas las palabras de este jefe militar que posa de omnipotente y sobre seguro ya no logran inquietarle. La ilusión patriótica de los primeros días del combate anti subversivo ha terminado dando paso al inevitable desencanto, y entonces siente que finalmente ha llegado a convertirse en un disidente más. Piensa que el poder tarde o temprano todo lo corrompe. Asume su tremenda ingenuidad al recordar que mientras él y otros incautos combaten terroristas entrenados por el Partido Comunista en el extranjero, ciertos personajes de otros servicios se dedican a enriquecer prestando cobertura a operaciones de narcotráfico y tráfico de armas, a lo cual ahora se suma el hecho deleznable al que se enfrenta.

 

No es la primera vez que recibe una amenaza así. Conjetura que tampoco será la última, aunque esta vez la situación parece derivar hacia escenarios de mayor peligro. La paradoja le resulta ofensiva y casi denigrante, pues ahora tiene enemigos en ambos bandos. Concluye que si desenfunda su arma es hombre muerto y entonces decide entregarla sin más trámites al representante de esta nueva forma de terrorismo.

 

-A su orden, mi coronel..., quisiera solicitar me autorice a fumar un cigarrillo.

 

-Hágalo-, le quedan pocos minutos. Muévase muy lento...

 

Uno de los hombres más íntegros que participara en la lucha contra la subversión y el terrorismo comunista que en la década de los 70? asoló a Chile, baja lentamente la mano derecha hacia el bolsillo de su chaqueta donde debería encontrase un paquete de cigarrillos. Sorpresivamente extrae desde allí una mini granada de mano que empuña firme mientras le retira el seguro.

 

Con la vista fija en su interlocutor, Fuentes observa que su rictus despectivo ahora no es más que un gesto de incredulidad y de pavor, mientras íntimamente advierte, una vez más, esa indescriptible sensación estomacal casi familiar, que confirma la presencia de una fuerte dosis de adrenalina corriendo desenfrenadamente y sin rumbo por su torrente sanguíneo. El momento no puede ser de mayor tensión. Con un rápido movimiento sacude de sus hombros esa desagradable sensación de frío que se desliza cruelmente lenta por su espina dorsal, y mientras ello ocurre, sonríe sutilmente al concluir que el mango de la sartén ha cambiado de manos al menos por ahora e inevitablemente conjetura  que su osado gesto no ha hecho más que añadir otra vuelta a la ya demasiado apretada tuerca.

 

El entonces Teniente de la Fuerza Aérea de Chile, Cristian Roberto Fuentes Morrison, intuye que su muerte es ahora cuestión de tiempo. Piensa que ya no es posible auto engañarse más. Se pregunta qué ha ganado con todo esto y no logra encontrar asidero alguno que permita siquiera una sola justificación para continuar en la lucha. El incidente que enfrenta ha terminado por convertirlo en un hombre sin ilusiones, pues ellas han quedado sumidas en el polvo del ya demasiado largo camino. Piensa que no tiene futuro y sin embargo aún le asiste una extraña voluntad, suficiente como para continuar todavía un poco más.

 

Inmerso aquella noche en un profundo desaliento, alcanza a sentir no obstante ese inequívoco ascetismo del deber que todavía lo sostiene y concluye que es lo único que cuenta para no bajar los brazos, soltar la granada y terminar con todo. Sin embargo permanece tranquilo mientras continúa observando a su ahora aterrorizado interlocutor, quien acusando recibo a tan indeclinable invitación se aleja de prisa con su gente hacia el fondo de la noch

 

Roberto «Wally» Fuentes Morrison, -único Mártir ?11 de Septiembre? que puede exhibir la Fuerza Aérea de Chile, institución que ni siquiera ha tenido el coraje de poner su nombre a la más olvidada callejuela de alguna de sus bases- entonces no tiene dudas que en su corazón sólo hay espacio para un sentimiento, esa permanente conquista le llamada libertad.  Sería esta la razón última por la cual entregaría su vida unos años más tarde, la fría mañana del 9 de junio de 1989...

 

Su hermano diría entonces:

 

No sería justo que te entregáramos nuestro olvido.

 

Para eso te fuiste. Para recordarte siempre como un glorioso y único legado de integridad, hombría y patriotismo.

 

Para vivir eternamente en nuestro recuerdo.

 

Para que no te olvidemos jamás?

 

(Extracto de carta publicada en los principales diarios del país, días después de su asesinato, junio de 1989).

«El párrafo acerca del terror debe ser formulado del modo más amplio posible, pues sólo la conciencia revolucionaria de la justicia y la conciencia revolucionaria pura, puede determinar las condiciones de su aplicación práctica...»

(Trozo de una carta de Lenin al Comisario de Justicia, Kursky, de fecha 17 de mayo de 1922.)

 

 

Por haber combatido sin descanso, casi veinte años, esa no moral sintetizada en el enunciado anterior, cayó mi amigo Wally. Por haber gastado los mejores años de su vida en defensa de sus compatriotas del cinismo leninista, el señor Comandante de Escuadrilla Roberto Fuentes Morrison fue asesinado por una murga de desconocidos-conocidos.

Roberto llegó a ser la expresión viviente de una leyenda. De una leyenda de inteligencia, de valores morales, de valentía, de entrega; y quiero destacarlo muy especialmente, con el aval de mi honor, de su preocupación por sus compatriotas más pobres y más desamparados.

Logró aquello que muchos dicen que hacen, pero muy pocos alcanzan: constituir la amistad como un valor fundamental y permanente de su código ético. Fui testigo objetivo de hechos que ejemplifican lo anterior.

No se acompañaba de guardaespaldas. No aceptó esconderse fuera ni dentro del territorio nacional con otra identidad y con un trabajo seguro. Quiso demostrarnos que el terrorismo se combate no solo con un arma en la mano, sino que principal y primeramente venciendo el miedo.

Así era Wally, mi viejo amigo. Así se fue. Solo, íntegro..., ¡chileno!

En el pasado di público testimonio de mi amigo muchas veces; hoy,  junto con su partida lo hago nuevamente. Pero nuevamente no significa que por última vez. Soy un hombre de pocas palabras, pero de palabras claras.

 

Edmundo Ruiz Undurraga

 Ex Ministro de Estado.

 

 

 

 

 

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