
HUNAPKÚ
Hun Hunahpú y Vacub Hunahpú eran grandes jugadores que gozaban de los dados y de practicar la pelota en su cancha de piedra con Hun Batz y Hun Chouen, los hijos de Hun Hunahpú. Si bien el juego de pelota está sobre la tierra, es también camino que lleva al mundo subterráneo y sombrío del Xibalbá. Hun Came y Vacub Came (Uno Muerte y Siete Muerte), señores principales del Xibalbá, enfurecieron por el estruendoso ruido que hacían los jugadores de pelota y convocaron a los demonios de la muerte y la enfermedad para decidir como derrotar y dar muerte a los gemelos. Cuatro búhos fueros enviados como mensajeros a la superficie, para invitar a Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú a un juego de pelota en Xibalbá.
El camino a Xibalbá es largo y lleno de pruebas que los gemelos deben sortear: ríos que fluían con grandes corrientes, agudos espinos y un río de sangre. Pasan todas las pruebas y llegan a un lugar donde encuentran una encrucijada con cuatro caminos de cuatro colores diferentes Aquí, los gemelos se equivocan al elegir el negro y allí comienzan sus penurias. Al llegar a Xibalbá saludan a los dioses del inframundo, que en realidad son muñecos de madera vestidos con los ropajes de los señores. Los hombres del Xibalbá reían con ganas, seguros de su triunfo. Ofrecen asiento a HunHunahpú y Vucub Hunahpú en una banca que no es común, sino una laja ardiente.
...y en el banco se quemaron. Se pusieron a dar vueltas en el banco, pero no se aliviaron y si no se hubieran levantado se les habrían quemado las asentaderas. Los del Xibalbá se echaron a reír de nuevo, se morían de la risa.
Como prueba final, los señores del Xibalbá dieron a los gemelos cigarros y ocotes que debían permanecer encendidos sin consumirse durante la noche que habían de pasar en la Casa Obscura. Al amanecer, los dioses de la muerte constataron que los gemelos no habían cumplido su tarea: sus antorchas y cigarros se habían extinguido.
Engañados y derrotados por los señores del Xibalbá, los gemelos fueron sacrificados y se les enterró en el juego de pelota del inframundo. Como prueba de la derrota, los dioses del más allá colocaron la cabeza de Hun Hunahpú en un árbol si frutos. De inmediato el árbol se cubrió de frutos y la cabeza se confundió entre los demás frutos.





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