Por Sergio Melnik

Chile tiene hoy 350 mil pobres más, en estándares de 1985. En estándares de 2010, créame que la pobreza es muchísimo mayor.
Una vez más corresponde enfatizar que popularidad no es sinónimo de buen gobierno. Las cifras, duras a veces, es lo que queda para la historia. Las emociones del presente se desvanecen. La Concertación declaró preocupación por la pobreza. No me cabe duda de que tal preocupación existe, pero no es suficiente. La clave es sumar gestión: lograr que los recursos utilizados se transformen en resultados concretos, de acuerdo al objetivo.
Nunca en la historia de Chile un gobierno administró tantos recursos como Bachelet. De hecho, dobló el presupuesto durante su período, y llegó a gastar más de US$ 40.000 millones al año. En ese lapso, sin embargo, cayó año tras año la productividad, el crecimiento medio fue el menor en 25 años, aumentó la corrupción, creció la delincuencia, disminuyó la competitividad chilena, se rompió la regla del superávit estructural y aumentó la pobreza.
También disminuyó la población estudiantil en establecimientos fiscales, y los resultados en educación fueron mediocres. Los escándalos en salud se multiplicaron, incluyendo la Cenabast. La deuda hospitalaria creció. El Transantiago es un escándalo. EFE se desangró y además de lo perdido acumula una deuda que no puede solventar. Igual cosa ocurrió con Enap, que llegó a perder US$ 1.000 millones en 2008, y una deuda que quizás tampoco pueda pagar, sin olvidar que además se le inyectó US$ 250 millones de capital. A Codelco hubo que ponerle plata en vez de que sólo entregara.
Y ahora empiezan a aparecer más problemas que dan cuenta de por qué la pobreza aumentó. Hemos visto con pavor los escándalos del Ministerio de Vivienda en la V Región. Es patético ver las cifras del Instituto de la Juventud o Chiledeportes. La Conadi no tiene nombre. Se consumieron los recursos del bicentenario. El gobierno de Piñera asume con un déficit de más de US$ 2.300 millones. Hemos visto paralizada la ciudad en Cerrillos. Hemos visto las irregularidades de las becas. El Auge tiene cientos de miles de pacientes en espera, y el programa se trata justo de “atención garantizada”. Súmese a ello el escándalo del Estadio Nacional. Para qué hablamos del exceso de funcionarios públicos innecesarios. Joaquín Lavín encontró 160 abogados y 70 periodistas en su ministerio, y muchas funciones duplicadas. Ahora se examinan programas sociales que no tenían control alguno de efectividad ni resultados. Todavía hay cosas incumplidas en Chaitén, y hasta cosas pendientes del terremoto del norte. En La Moneda trabajaban más de 700 personas, hoy son menos de 200. Y suma y sigue.
Ese es el tema: gestión.
El gran argumento de Bachelet, a través de una ex ministra de Odeplan, es que el aumento de la pobreza fue efecto de la crisis. Es real que las crisis generan pobreza, particularmente del tipo que hay en Chile, directamente sensible al empleo. Pero eso es sólo una fracción de la verdad, porque la crisis sólo afectó el último año de Bachelet. Eso significa que en los tres anteriores no hubo progreso alguno en materia de pobreza. De haberlo, las cifras se hubiesen mantenido con el efecto de la crisis.
Lo cierto es que se dilapidaron recursos a destajo, sin producir ni crecimiento, ni mayor empleo, ni reducción de pobreza, ni menor corrupción, ni disminución en la delincuencia, ni descentralización o cuidado del medio ambiente. Entonces, ¿qué se logró realmente?
Si miramos con atención, sólo quedará la pensión solidaria como un avance real. La red social como concepto ni siquiera es de Bachelet: fue diseñada como tal en los años 80 bajo la dirección de Miguel Kast, padre del actual ministro de Odeplan, y recogía iniciativas históricas de varios gobiernos, agregando los instrumentos y herramientas necesarios para focalizar los recursos en los pobres. La ficha CAS y la encuesta Casen fueron diseñadas en la “dictadura” como ejes de la política social, y siguen hasta hoy.
En síntesis, los tres primeros gobiernos de la Concertación avanzaron y dejaron diversos legados contundentes, uno de ellos la batalla contra la pobreza real. Pero la era Bachelet-Velasco fue puro aire y desperdició la oportunidad histórica de avanzar. Políticamente fue el peor período de la Concertación, que hasta entonces ofrecía buena gobernabilidad. Florecieron los díscolos, se enredaron los partidos, y finamente perdieron el gobierno a pesar de los enormes recursos de que disponían.
Chile tiene hoy 350 mil pobres más, en estándares de 1985. En estándares de 2010, créame que la pobreza es muchísimo mayor.
Fuente: emol
por Edwards, Jorge

El tema es interesante, apasionante, de enorme complejidad. Descubro en carne propia que el problema de la inseguridad en la vida chilena actual se extiende a las redes de internet, al ciberespacio. No es fácil defenderse de los delincuentes del ciberespacio, de sus redes perversas. En medio de la polémica por el Premio Nacional de Literatura, asunto que se ha convertido en una sorprendente obsesión colectiva, que provoca pasiones que antes no se conocían (por desgracia, la obsesión se concentra en el Premio, no en la literatura, la lectura, los libros), sale en las redes algo que llaman un blog (¿qué será un blog?), que lleva el título ambicioso de «Los buenos libros» y que publica un artículo unilateral, casi fascista, o fascista sin casi, en defensa de una supuesta candidatura de José Luis Rosasco, y que descarta en forma grosera, insultante, en un lenguaje bárbaro, las opciones de Isabel Allende, Diamela Eltit y otros. Pues bien, en el ángulo superior izquierdo de este trabajo panfletario hay una fotografía mía, de anteojos, en actitud de severo inquisidor de las letras chilenas. La manipulación es astuta: mi firma no aparece por ningún lado, pero la foto en la esquina superior hace pensar a los lectores desprevenidos que soy autor del infundio. Mis amigos y colegas han pensado de inmediato que no escribo a la manera de ese articulista, pero supongo que muchos se han equivocado. Quedo, pues, como un tonto, un primario, un fascistoide, y defenderse es muy difícil. Claro está, no pierdo la cartera, y estoy muy lejos de perder la vida, ¿pero no tiene derecho un escritor, en el Chile de ahora, a proteger su imagen, su manera personal de escribir y pensar? Supongo que los delitos de la red irán en aumento, refugiados en una relativa impunidad, y que será necesario organizarse para hacer algo en contra. Es probable que la Sadel, la Sociedad de Derechos Literarios que presidí en una etapa, pueda hacer algo. Ahora, mientras lleno formularios y embalo algunos libros y algunos cuadros, no tengo tiempo ni fuerzas para hacer nada. Pero estudio el tema, que me parece serio, y no pienso quedarme tranquilo. Y conste que tengo simpatía personal y considero un buen amigo a José Luis Rosasco. En alguna medida, él ha sido un simple pretexto. Los falsificadores son más o menos analfabetos, pero actuaron, a la vez, con sutileza y con infinita mala uva.
Siento a menudo que nuestras nociones de la justicia, del castigo, de la clemencia, necesitan entenderse con matices más finos. Tengo la impresión de que muchos confunden el concepto de la pena con el de la venganza, de que el ojo por ojo, diente por diente, de la antigüedad bíblica, sigue vigente en muchos lados. La impunidad es inaceptable: en los delitos comunes, desde luego, y en el terreno de los derechos humanos con mayor razón. En el pasado, la ley penal, la que estudié en la Escuela de Derecho de la calle Pío Nono, la que analicé en mi memoria de prueba para recibirme de abogado, era esencialmente territorial. Ese concepto ha cambiado en el mundo contemporáneo, y una de las grandes razones de este cambio es el escándalo que produjeron los terribles crímenes políticos del siglo pasado —los de la Alemania nazi, los del estalinismo, los de las dictaduras africanas, asiáticas, latinoamericanas—, en la opinión pública internacional. La idea aceptada hoy es que no haya impunidad, que los crímenes de lesa humanidad puedan perseguirse fuera de las fronteras, que ni siquiera haya prescripción en los casos más graves, a fin de que las torturas y las desapariciones queden erradicadas para siempre de las sociedades civilizadas. Es una noción ambiciosa, reflejo de una nueva forma de humanismo, y Chile no puede ignorarla. No debería haber impunidad de los crímenes políticos, ni tampoco, agrego en mi caso, de los delitos cibernéticos. Mientras entramos al siglo XXI, debería predominar un sentimiento general de protección frente a los posibles abusos del Estado y de los delincuentes privados. En el Chile de los días que corren, la delincuencia ha tenido manifestaciones horribles, repugnantes, como ha ocurrido en el caso del secuestro y asesinato seguido de incendio de una joven parvularia. Aquí deseamos que se encuentre pronto al criminal y que sufra todo el rigor de la ley.
Lo anterior, sin embargo, no excluye los matices, la consideración de las circunstancias atenuantes, como se estudiaba en mi tiempo, ni la posibilidad de aplicar la actitud esencialmente humana de la clemencia. Creo que la Iglesia, en este aspecto, cumple con su función en la sociedad, y que las protestas callejeras son ingratas, sobre todo frente a una institución que fue capaz de instalar en Chile, en condiciones tremendamente difíciles, una Vicaría de la Solidaridad. Si actuamos sin verdadera memoria de las cosas, nos empobrecemos en todo sentido. La aplicación de una pena justa no puede estar motivada por sentimientos de odio o de venganza. La cualidad de la misericordia no tiene límites, dice un parlamento de Shakespeare, creo que en su obra sobre Julio César: bendice al que la da y al que la recibe.
Los matices que menciona la Iglesia en toda esta complicada cuestión, cuando se trata de penas por delitos contra los derechos humanos, son importantes: nos habla, primero, del grado de responsabilidad que le cupo a cada uno. Ordenar la tortura o el crimen no es lo mismo que recibir la orden y estar obligado a cumplirla bajo pena de fuertes represalias. No es una mera cuestión de uniformes: excluir a los uniformados de la clemencia, por principio, es un error ético de proporciones. También hay que tomar en cuenta, nos dice el documento de la Iglesia, si actuaron con libertad, si tuvieron gestos de humanidad y si han manifestado arrepentimiento. Es un punto de vista serio, difícil de objetar. Pero también hay que considerar, con el rigor máximo, el tema de la puerta giratoria, de los reincidentes, de las fieras sueltas que se pasean por nuestro paisaje, de los carteristas «top» del centro de Santiago y de fenómenos parecidos. Ahora se agregan, para colmo, los delincuentes de la red. La cualidad ilimitada de la misericordia, como escribía Shakespeare, ¿dónde queda al final de nuestro recorrido?

La Iglesia no quiere personas felices, porque las personas felices no añoran un paraíso o un mundo venidero, sino que se realizan en este y la gente que se realiza en este mundo no va a misa ni deja billetes en el plato de las limosnas. Por eso es que siempre ha llamado a la castidad a sus fieles y permite a los homosexuales con esta condición. Una persona casta no es un ser sexuado, sino un ser asexuado del todo, acaso un sacerdote perfecto.
Eran los dos de la mañana cuando me fui a dormir, el debate continuaba y yo lo seguía por Twitter, que es la forma más inteligente de seguir un debate político sin aburrirse. Los conservadores argentinos profetizaron el fin de la familia, del derecho de un niño a tener papá y mamá junto a los argumentos conservadores de siempre –hasta donde sé no hablaron de la venida del Anticristo.
La Iglesia Católica movilizó sus huestes conservadoras a la calle, se quejó de que se quería legislar como si no existiera dios, lloró, amenazó, fue pasivo agresiva, derechamente agresiva y utilizó sus estrategias tradicionales.
Sin embargo no se sostuvo. A pesar de las oraciones, las letanías, las eucaristías y las vestiduras rasgadas, no hubo un solo argumento racional en contra del matrimonio homosexual y quedó absolutamente claro que solo la superstición estaba tras una prohibición discriminatoria e injusta.
Este no es sólo un triunfo para las minorías sexuales. Aquellos de nosotros que formamos parte de la aburrida mayoría heterosexual también podemos ver este hecho como un avance de la razón por sobre el oscurantismo representado por creencias de la edad del bronce que quieren imponernos como Ética regulaciones que no son más que arbitrarias cuestiones rituales.
La Moral no ha sido vulnerada. La Ética no sólo ha quedado intacta, sino que ha sido reivindicada. La sexualidad de las personas, cuando es entre adultos que consienten de manera libre e informada, NO ES UNA CUESTIÓN ÉTICA.
Ciertamente existen cuestiones éticas relacionadas con la sexualidad: tener sexo con niños no es ético porque los niños son incapaces de consentir de manera libre e informada a una relación sexual, la violación no es ética por las mismas razones y la infidelidad no es ética por que conlleva el engaño, pero, la forma en que las personas decidan libremente vivir su sexualidad no tiene implicancias éticas, sino sanitarias.
La Iglesia siempre ha odiado el placer sexual, sin embargo, ha debido tolerar las relaciones heterosexuales por razones obvias. El odio al placer sexual se fundamenta en que el sexo proporciona placer en esta vida y esa es nuestra porción de cielo en la tierra; una persona sexualmente feliz corre el riesgo de llegar a ser feliz del todo.
La Iglesia no quiere personas felices, porque las personas felices no añoran un paraíso o un mundo venidero, sino que se realizan en este y la gente que se realiza en este mundo no va a misa ni deja billetes en el plato de las limosnas. Por eso es que siempre ha llamado a la castidad a sus fieles y permite a los homosexuales con esta condición. Una persona casta no es un ser sexuado, sino un ser asexuado del todo, acaso un sacerdote perfecto.
La decisión argentina ha liberado a los argentinos, a todos los argentinos y no sólo a los homosexuales, sexualmente. Confiere a todas las personas el derecho a gozar de sus orgasmos como mejor les plazca, es un ejemplo para el resto de nosotros y ha mostrado a la doctrina católica como el doble standard que es. Mientras Ratzinger llama a perdonar a los pederastas abusadores, el mundo simplemente se libera de su doctrina ignorándole y Argentina está a la cabeza de este movimiento de la historia.
Punta Arenas 30 de Julio del 2010
Señor. Editor de Medio de Comunicacion y Difucion Publica
TODOS CHILE.CL
Presente.
De nuestra mayor consideracion hacemos llegar a su prestigioso medio un
interesante texto,con punto de vista para una refleccion titulada
--JESUS NO ERA CATOLICO . por-- Jorge Tejera
Y
no lo era porque sencillamente, cuando nace, ya existía la iglesia de
Abraham, de Moisés, de Elías, dirigida por el Sanedrín, allá en Judea.
Luego de su muerte, Resurrección y partida, queda el mensaje de Jesús,
sus parábolas, así como las instrucciones a los apóstoles. Los
apóstoles, como todos los cristianos, son perseguidos, al igual que
Jesús, por todo el imperio. Muchos son sacrificados en el Coliseo y
otras plazas públicas. Así nace el cristianismo como movimiento
religioso. Pero eso no es la iglesia católica, apostólica y romana de
nuestros días. Nada que ver.
La iglesia Católica, aun cuando
viene del movimiento cristiano, se forma como tal, posteriormente y se
legaliza cuatro siglos después de la Resurrección de Jesús, por allá en
el año 312 D.C., cuando el Emperador romano Constantino el Grande, la
incorpora al poder de Roma, dentro de un pacto político-militar con el
Papa Melquíades. Es en
ese momento cuando comienza a pervertirse la cúpula de la iglesia.
Los
cristianos, perseguidos por el imperio romano, para ese momento sumaban
cerca de cuatro millones. Aun cuando no estaban totalmente unidos, se
habían organizado para defenderse, tenían una jerarquía
eclesiástico-militar interna que los dirigía y controlaba, al frente de
la cual estaba el papa Melquíades. Eran rebeldes enfrentados al imperio
romano.
A principios del siglo IV, el imperio romano estaba
gobernado por una tetrarquía: dos augustos (Diocleciano y Maximiano) y
dos césares (Constancio Cloro y Galerio) compartían el poder. Se abre
una lucha militar entre los cuatro, por el control absoluto del vasto
imperio. Constancio Cloro (Constantino), en su lucha por el poder
absoluto, pacta con el Papa Melquíades y la mayoría de los jerarcas del
cristianismo. Son cuatro millones de cristianos dentro del imperio,
preparados para la lucha; antes perseguidos, ahora
incorporados al ejército de Constantino. Esto le permite, después de
unas cuantas batallas y confabulaciones políticas, lograr el poder total
hasta convertirse en Emperador absoluto Constantino I el Grande, de
todo el imperio romano.
En el año 313, Constantino proclamó el
Edicto de Milán, con el cual garantiza la paz y libertad a la Iglesia
cristiana. Constantino regala al Papa Melquíades, el palacio imperial
Lateranense. A partir de ese momento, ese palacio pasó a ser la
residencia oficial de los papas. Constantino otorga a la cúpula de la
iglesia, poder, posición social y económica, privilegios e importantes
donaciones. Después de ser perseguidos y “patas en el suelo” pasan a
disfrutar de los poderes imperiales.
En el año 314,
inmediatamente después de su plena legalización, la Iglesia cristiana
inicia la persecución de los paganos. Comienza la venganza. Entre 316 y
326 se proclama una serie de disposiciones que
favorecen al cristianismo frente a la religión pagana. Se otorga
jurisdicción a los obispos, que se transforma en apropiación violenta de
los templos paganos y persecución y tortura de sus fieles. En Dydima,
Asia Menor, el oráculo del dios Apolo es saqueado y sus sacerdotes
paganos son torturados hasta su muerte. También son martirizados todos
los paganos del monte Athos y destruidos todos los templos paganos de
ese lugar. Entre el año 315 y el siglo VI, miles de creyentes paganos
fueron asesinados. Los obispos habían adquirido rangos imperiales,
militares y civiles, así como poder económico, a cambio de su permanente
manipulación religiosa para controlar al pueblo y mantenerlo
idiotizado. Por eso, Marx decía que la religión, en tanto que nos ofrece
el reino de los cielos a cambio de los sacrificios terrenales, es el
opio de los pueblos. Ésa es la manipulación que nos ha aplicado la
cúpula de la iglesia, para controlar a los
pueblos y ponerlos al servicio de los poderes imperiales de turno a
todo lo largo de la historia de la humanidad, sin derecho a protesta y
con la promesa de una recompensa celestial. Bajo esa lógica no hay
lucha.
A partir del año 314 D.C., hasta nuestros días, la
jerarquía de la Iglesia Católica ha estado al lado del Poder político,
económico y militar. Apoya, disfruta y defiende este poder. En América
estuvo al lado del imperio español desde 1492 hasta 1830, pasándose a
partir de esa fecha al lado de la oligarquía criolla después de la
Revolución de Independencia y allí se ha mantenido hasta nuestros días
siempre alineada con las oligarquías de turno. En Europa estuvo al lado
de Hitler y de Franco. En el próximo artículo hablaremos de la “Santa
Inquisición”.
Hoy día vemos esta cúpula católica al lado del
imperio norteamericano, apoyando con su silencio cómplice, todas las
invasiones, atrocidades,
genocidios y demás crímenes cometidos. Hace poco tiempo vimos esta
cúpula eclesiástica liderada por el Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga,
ponerse al lado del golpista Roberto Micheletti, en Honduras. En 2001,
el entonces presidente de Honduras, Carlos Flores había asignado al
cardenal Rodríguez Maradiaga un sueldo de 100.000 lempiras mensuales
(5.300 dólares) del presupuesto de la Presidencia de la República, para
sus gastos personales. Este dinero llegó puntualmente desde diciembre de
2001. Quizás el hecho de que el Cardenal dejó recibir esa fortuna
mensual, pueda explicar, entre otras razones, su complicidad con el
golpe de Estado contra Manuel Zelaya. La jerarquía católica hondureña
impugnó públicamente la consulta popular que iba a realizar el
presidente Zelaya y llamó a levantarse contra el gobierno democrático y
sus políticas, por considerarlas un giro a la izquierda, de “sesgo
chavista”. Pero la mayor simpatía hacia el
golpe de estado es aún más visible en el último comunicado de la
conferencia episcopal hondureña, gracias a la prédica del antes
mencionado Cardenal. La destitución de Zelaya, dijo, “servirá para
edificar y emprender un nuevo camino, una nueva Honduras (…) es un nuevo
punto de partida para el diálogo, el consenso y la reconciliación”, de
acuerdo con el comunicado leído por su eminencia el Cardenal y publicado
por el diario El País, 4 de julio.
Bueno, con este muy sucinto
record histórico, podemos empezar a formarnos un perfil de esta
organización político-económica, oligárquica y traidora de la doctrina
de Jesús, mejor conocida como Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Menos
mal que muchos curitas de barrio y monjas han dejado de seguir los
lineamientos de esta cúpula podrida, pederasta, cobijadora de violadores
como Dixon Moreno.
Por eso, no nos debe extrañar cuando hoy
estamos viendo a esta cúpula,
una vez más, comprometida con el magnicidio, con golpistas, con el
terrorismo y la desestabilización, en contra del actual gobierno del
Comandante Chávez. Una cúpula comprometida con los lineamientos del
imperio norteamericano. Esa ha sido la postura que han asumido desde que
los legalizó Constantino. Y así se han mantenido a través del tiempo.
Esto “ha funcionado perfectamente a los intereses del Imperio Vaticano”,
durante mil seiscientos noventa y ocho años (1.698). No sabemos hasta
cuándo. Existe una gran diferencia entre el Cristianismo de los primeros
300 años y la iglesia católica luego de su llegada al poder imperial.
Ésta
no fue la iglesia de Jesús, aquélla que seguramente Él soñó y quiso
dejarnos. Por eso creo firmemente que esta cúpula eclesiástica lo
traicionó. En nada se parece el estilo de vida de un Cardenal del siglo
XXI, al estilo de vida de cualquiera de los apóstoles de Jesús. No
podemos arrodillarnos
ante esta jerarquía eclesiástica traidora. Si Jesús de Nazaret
volviera, jamás se haría católico. Lucharía contra esa cúpula, al igual
que se enfrentó al Sanedrín. Los sacaría del templo a fuetazo limpio.
jorgetejera@gmail.com
Movimiento Teologìas de la Liberaciòn-Chile
Cuadernos Opcion Por Los Pobres-Chile
Correo: opcion_porlospobres_chile@yahoo.com
-- recibido y reenviado por Agrupación Solidaria de Ex Presos Políticos y Torturados de Magallanes http://wwwagrupacionsolidariaexppmagallanes.blogspot.com/

por Roberto Ampuero
No me corresponde enjuiciar medios, pero me siento legitimado a expresar mi opinión desde el extranjero sobre TV Chile Señal Internacional de televisión que se presenta como “el canal de los chilenos”, lleva por nombre el de nuestro país y utiliza colores y símbolos que sugieren una identidad estrecha con la nación.
No me refiero a la rica diversidad de programas que transmite este canal al mundo, sino a la filosofía según la cual concibe, elabora y difunde su noticiero diario sobre Chile, que sigo con atención.
Crímenes y asaltos horrendos, secuestros y violaciones escalofriantes, accidentes carreteros y homicidios sangrientos, mucha cámara a delincuentes, riñas de sangre, persecuciones policiales, allanamientos a narcotraficantes, enfrentamientos poblacionales, muerte. Desde afuera uno sabe que esos temas constituyen el arranque diario y parte importante de las noticias sobre Chile que difunde ese canal. Junto a ello, como goteo apenas tolerado, sucinta información política nacional, segundos de política internacional, vislumbres de cultura y, eso sí, mucho deporte, relatado con pasión, profesionalismo y calidad. Me pregunto si un canal que lleva el nombre de Chile tiene forzosamente que difundir ese tipo de imagen del país al exterior. ¿Se debe a una estrategia consciente, al descuido de sus directivos o simplemente a que no se reflexiona sobre ello, pues no se ve allá lo que vemos afuera?
Subrayo que mucho ha mejorado esa señal internacional en los últimos años, no sólo en calidad de programas, sino también en su diseño, hoy moderno y atractivo. Celebro los documentales sobre Chile y el extranjero, sin comparación en el continente; aplaudo programas que promueven el diálogo con hispanohablantes repartidos por el mundo, y aquellos de conversación política, social o cultural, que muestran al mundo qué pensamos, o aquellos para niños y adolescentes, de notoria originalidad. No, no soy un talibán de la televisión pública. Creo que ella debe estar abierta a la diversidad de sectores, generaciones y sensibilidades, pero algo distinto es difundir a diario, desde un canal que usa el nombre del país, un esquema informativo sobre Chile que, fuera de contexto, perjudica sensiblemente a Chile.
Cada vez es mayor el número de norteamericanos y europeos que ven al Chile moderno, estable y democrático. Muchos visitan el país y lo contemplan como excepción regional, pero basta con que antes de hacerlo vean durante una semana las noticias de la señal internacional chilena para que lo consideren el país más peligroso de la región. Examino los canales internacionales de Centroamérica y México, y las realidades que allí emergen son menos inquietantes que la nuestra en nuestro canal. Lo mismo ocurre con Colombia, Ecuador y Perú. No propongo un noticiero internacional que retoque nuestra realidad, pero sí que sea equilibrado, y abogo por una señal internacional consciente de que sus espectadores en Europa, Estados Unidos, Asia o América Latina no tienen forma de ordenar noticias sensacionalistas en el marco más amplio del país real. Sospecho que el people meter obliga a difundir hechos de sangre, pero esa lógica no funciona en una señal planetaria vinculada con lo que, supongo, constituyó al menos en un inicio un legítimo esfuerzo por proyectar nuestra imagen al mundo.
Fuente. emol
Punta Arenas 29 de Julio del 2010
SEÑOR EDITOR DE MEDIO DE COMUNICACION Y DIFUCION PUBLICA
TODOS CHILE .CL
PRESENTE
Hacemos llegar a su respetable medio carta de doña CAMILA ESPINOSA GAETE ,a Monseñor FRANCISCO JAVIER ERRAZURIZ .
De: Camila Espinoza Gaete
A:
Monseñor Francisco Javier Errázuriz
Presente:
Distinguido
señor.
Mi nombre es
Camila Andrea Espinoza Gaete. Curso el 2do. Año medio en el Liceo Juan Pablo II
de Nancagua, en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins. Pertenezco a una
familia eminentemente católica y he tomado la decisión personal de escribirle
una carta a Ud. como la máxima autoridad eclesiástica de este país, para
referirme, desde mi posición de joven, a la decisión que ha adoptado la iglesia
en las últimas horas de otorgarles un indulto a personas que en Chile violaron
los derechos humanos, que cometieron crímenes atroces contra sus compatriotas,
entre otros torturas, violaciones, desapariciones de personas, en un momento de
la historia de este país que nosotros los jóvenes de mi edad, no vivimos
directamente, pero respecto de los cuales fuimos también lamentablemente
afectados.
Nací dentro de
una familia por el lado de mi padre ligado a la política. Con una historia por
cierto muy particular, pues mi abuelo, Luis Espinoza, fue diputado por Puerto
Montt entre los años 1969-1973. No pude conocerlo, por la simple razón de que
justamente él fue víctima de los actos más atroces que a un ser humano se le
pueden cometer. Gracias a internet, (jamás nuestros padres nos contaron toda la
verdad), supe que mi abuelo fue apresado por la simple razón de pensar
diferente; pude por ese medio enterarme, que fue torturado brutalmente en la
gobernación de Puerto Montt y en el recinto de investigaciones. Con dolor leí
que antes de matarlo, mentes enfermizas le arrancaron las uñas de sus pies para
hacerlo sufrir; y que posteriormente un día de diciembre de 1973 lo llevaron
esposado supuestamente a la cárcel de Valdivia, donde inventaron un asalto al
carro policial para fusilarlo de 16 balazos.
Sus restos los
tiraron como si fueran los de un animal en un cementerio desde donde nuestra
familia lo pudo sacar para brindarle cristiana sepultura.
¿Cuantos niños,
jóvenes como yo, no pudieron conocer a sus seres queridos, a sus familiares,
padres, abuelos, tíos, hermanos, etc., porque hubo personas que los asesinaron
criminalmente?
¿Cuantos niños
o jóvenes como yo, nos hubiera gustado conocerlos, disfrutar con ellos algunos
años de nuestras vidas. Jugar, aprender, caminar, escuchar las historias que
siempre los abuelos les cuentan a sus nietos?
A nosotros nos
privaron de ello. Y por ello hoy, yo, pero por sobre todo, pensando en aquellos
nietos, sobrinos, hijos, que si alcanzaron justicia por la muerte de sus seres
queridos, que pudieron saber quiénes efectivamente los mataron o hicieron
desaparecer, y que cumplían condenas por esos hechos, considero que lo que Ud.
como máximo representante de la Iglesia del país ha propuesto para permitir el
indulto de estas personas, me ha provocado un dolor en mi corazón, quizás de una
niña, que no puedo describir.
La iglesia para
los niños y los jóvenes es como el espejo que hay que seguir. Pero con su
propuesta esos ideales, sueños se rompen de una manera inevitable. He visto la
impotencia en estas horas de mi familia, que debe ser por cierto la impotencia
de miles de chilenos que sienten con esta propuesta de indulto, una herida muy
dolorosa que más que unir nos divide como país.
Desde pequeña
escuché decir a mi padre, que lo que había ocurrido en Chile (1973) era una
historia triste y dolorosa que había que superar. Que había que mirar para
adelante, no seguir pegado al pasado y que todos debíamos luchar para que nunca
más en Chile se repitan hechos tan violentos como los que ocurrieron.
Con esta
propuesta de la iglesia que Ud. representa, lo que ha logrado es reabrir las
heridas de un pasado triste y doloroso, que ha costado ir dejando
atrás.
Con su
propuesta Sr. Arzobispo, muchas abuelas como la mía, que quedó viuda con 4 hijos
a los 33 años, que tuvieron que luchar solas en aquellos difíciles tiempos,
deben haber derramado muchas lágrimas de pena, dolor, tristeza y asombro. Muchas
abuelas como la mía, aún vivas, deben sentirse atropelladas por la propia
iglesia de las que muchas ellas se sentían parte. Estoy segura, que anoche
cuando quisieron dormir, volvieron a recordar los dolorosos episodios de los que
fueron víctima en aquellos años.
Monseñor, soy
joven, tengo desafíos y metas en mi vida. Quiero hoy confesarle, que yo
sintiéndome católica, bautizada, siento dolor y desconfianza, porque Ud. pide
clemencia y perdón por quienes no tuvieron compasión para asesinar a sus propios
compatriotas. Como nieta de un ejecutado político, pido por el bien del país,
que la iglesia recapacite respecto al grave daño que le está provocando con esta
propuesta no solo a los familiares de víctimas de violación de los derechos
humanos sino a la mayoría de la sociedad chilena.
Hoy en la
mañana, al despertar pedí hablar con mi padre por este tema y le he señalado que
no volveré a participar en mi liceo de una clase de religión, que no volveré
jamás a pisar una iglesia católica, mientras esta no se retracte de tan dolorosa
propuesta. Ello no implica que he dejado de creer en Dios, pero ya hoy no tengo
en la iglesia la confianza que se requiere para participar en ella.
Mi padre, me ha
señalado que esa es una decisión muy dolorosa y que debe ser tomada después de
un período más largo de reflexión. No obstante ello, es una decisión que ya he
adoptado, porque me he sentido dañada por esta propuesta, la que me ha
ocasionado un dolor infinito que no puedo describir.
En la memoria
de mi abuelo fallecido, en la memoria de todos aquellos que como él perdieron la
vida, le hago entrega de esta carta, que en algo al menos alivia mi corazón,
después del sufrimiento que nos ocasiona este hecho que ha sido condenado por
miles de chilenos.
Agradecida de
su atención.-
Camila Espinoza
Gaete
Estudiante,
nieta de ex diputado Luis Espinoza Villalobos, ejecutado en Pto.Montt el 2 de
diciembre de 1973
24 de Julio
de 2010
Opinante--
ESTIMADOS Y ESTIMADAS, MIS NIETOS Y
NIETAS, TAMBIEN ME HAN PREGUNTADO POR ESTA ABERRACIÓN DE PROPUESTA HECHA
POR LOS REPRESENTANTES DE LA IGLESIA CATOLICA CHILENA, SIN EMBARGO COMO PADRE Y
ABUELO NUNCA LES OCULTE NADA A MIS HIJOS Y NIETOS, SIEMPRE LOS CRIÉ CON LA
VERDAD A "FLOR DE LABIO", PORQUE SIEMPRE ESTE TEMA DE LOS DERECHOS HUMANOS
ESTARÁ POR SIEMPRE EN EL TAPETE EN NUESTRA SOCIEDAD Y MI OBLIGACIÓN FUE MIS
HIJAS E HIJO, NIETAS Y NIETOS PARTICIPEN DE ESTA LAMENTABLE HISTORIA QUE ES
PARTE DE ESTE CHILE QUE AÚN ESTÁ HERIDO.
VAYA MIS RESPETO A LA PEQUEÑA CAMILA, ASÍ SE HACE
CAMINO AL ANDAR...
FREDDY ALONSO O., REGISTRO VALECH Nº
900.-
-- RECIBIDO Y REENVIADO POR Agrupación Solidaria de Ex Presos Políticos y Torturados de Magallanes http://wwwagrupacionsolidariaexppmagallanes.blogspot.com/
Punta Arenas 26 de Julio del 2010
SEÑOR
EDITOR DE MEDIO DE COMUNICACION Y DIFUCION PUBLICA
TODOS CHILE.CL
PRESENTE
De nuestra mayor consideracion .
Hacemos llegar a su respetable medio ,declaracion Publica respecto a Chile titulado,UNA MESA PARA TODOS EN EL BICENTENARIO .
Suecia,
Estocolmo 25 julio 2010
Declaración Publica
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Respecto a Chile, una mesa para todos en el Bicentenario
Como ex-Preso Político no puedo quedarme
callado ante la proposición de la
Jerarquía eclesiástica de la Iglesia católica de Chile
de indultar a los violadores y asesinos de una parte importante de nuestro
pueblo.
Nadie que se respete a si mismo y al ser humano puede ignorar las atrocidades y
excesos que la dictadura de Pinochet cometió y menos suponer que con “Una mesa
para todos en el Bicentenario” se puede llegar a la reconciliación nacional.
No, mis estimados obispos, sólo cuando la justicia condene a todos los responsables de violación a los derechos
humanos estará el camino abierto para comenzar una nueva etapa en la
construcción del Chile que todos queremos. Como antes, ustedes siguen actuando
de espalda al pueblo como siempre lo han hecho, salvo ciertas excepciones como
lo fue El Cardenal Silva Henríquez y todos aquellos sacerdotes que la dictadura
asesinó y expulsó.
Ustedes no pueden colocarse en el
lugar de las victimas y menos interceder para dar paso a la “justicia con
clemencia” porque “suponen” que no todos ellos tuvieron igual responsabilidad
en los crímenes que se cometieron. Hay que ser muy caradura para plantear tamaña aberración respecto a la violación de
los derechos humanos donde cada preso fue ultrajado, violada su dignidad a través
de métodos de tortura que los agentes del dictador inflingieron a cada una de
las victimas ya que el Derecho
Internacional es claro en decir que no procede ni la amnistía, ni la
proscripción de esos crímenes, ni menos
el indulto.
Nadie ni nada puede reparar el daño causado a las victimas y sus familias que
todavía viven y están pagando el dolor
infligido por los sicarios del Dictador. Nuestra dignidad fue violada al
introducirnos cable eléctrico en el ano
y la vagina, lo anillaron en el pene y los pezones; nos emparrillaron, nos colgaron, nos sumergieron en tambores con
agua y excrementos; nos golpearon en las plantas de los pies conduciendo el
cerebro al abismo del dolor. Los torturadores violaron a mujeres y hombres para
lograr la medalla y ascenso que el dictador les prometió y que ustedes hoy
con “una mesa para todos” pretenden premiarlos en el Bicentenario con la
libertad.
No pueden pedir paso a la clemencia
porque connotados juristas proclives a la dictadura y derecha golpista lo han
pedido en el pasado, sólo les falta decir que son daños colaterales que hay que
pagar para mantener el imperio del poder económico y poder eclesiástico que
manejan el ORBE.
No estoy preparado para hacer un gesto decisivo de reencuentro y reconciliación
cuando los violadores de los derechos humanos no han pedido perdón a las
victimas, al contrario, niegan con soberbia lo que la justicia y la
historia ha condenado.
Nosotros los presos políticos y los familiares de los desaparecidos y
ejecutados no nos ensañamos con los castigos, ya que es la justicia que dicta
las condenas. No tomamos la justicia por nuestra mano porque no somos
fascistas, sino seres humanos que
luchamos por un mundo mejor donde la paz, la libertad y fraternidad es el pan de cada día.
Esta es la lógica y pedagogía que damos a conocer cada día y pedimos a la
justicia y a los gobiernos de turnos que apliquen el Derecho Internacional condenando la responsabilidad criminal y los
ejecutores para cerrar la página y se vuelva a leer y releer en el tiempo para
que nunca más vuelva a suceder.
Por otra parte el Bicentenario que tanto le preocupa a la Iglesia Católica
debe de preocuparse de rescatar la lucha de los pueblos aborígenes y la lucha de nuestro pueblo, que ha dejado
demasiados mártires en la calles debido a la explotación, miseria y represión
que el Estado le ha brindado durante estos doscientos años.
Galvarino Orellana (Freddy Cancino)
Ex – Preso Político
-- recibido y reenviado por Agrupación Solidaria de Ex Presos Políticos y Torturados de Magallanes http://wwwagrupacionsolidariaexppmagallanes.blogspot.com/
Enviado por TotemRac
el 26/07/2010 a las 16:09

En una detención del bus en el Centro de la Calera, mientras viajaba a La Ligua, no quise bajarme ya
que la lluvia arreciaba y se había convertido en un verdadero aguacero, con un
pañuelo desechable limpie el empañado vidrio para mirar, en ese momento paso un
niño de unos 7 años totalmente Empapado, en Short, Polera y a Pie Pelado a
pesar del frío y la lluvia, me llamo mucho la atención sus pies, casi rojos, mientras
saltaba alegremente, concluyo esto por la sonrisa que en ningún momento se fue
de su alegre rostro, mientras la gente pasaba imperturbable por su lado, sin
ofrecerle y menos darle algún tipo de abrigo.
Esta “Anécdota” se podría considerar Normal si nos ubicamos
en la mitad del Siglo Pasado en donde la Pobreza estaba normalmente inmersa en los miles
de cites que existían en todas las Ciudades del País y se caracterizaba por la
falta o ausencia total de lo más básico para sobrevivir, peor aún a la hora de
vestirse o arroparse, ahí un par de Zapatos era un bien escaso.
La Pobreza
tomo importancia mediática, transformándose en un tema de actualidad gracias a
la manipulada encuesta Casen, que mide la Línea de la Pobreza según una irreal canasta básica que en
nada se relaciona con la variación real del precio de los alimentos y servicios,
que dependen también de otros factores como el precio de los combustibles, que
encarecen generalmente el valor de los fletes, menos aún con la variación del
IPC, que es solo un índice artificial y mentiroso que solo alimenta la
parafernalia comunicacional de los Gobiernos de turno y en donde los Pobres
solo son cifras y porcentajes pero que generan votos comprables al mejor
postor.
La encuesta Casen muestra solo la Pobreza Farandulera,
la Pobreza de
Videos y Fotos Sensacionalistas, para Diarios, Reportajes y Noticiarios
Amarillistas, esa que es el Caldo de Cultivo para seguir creando nuevos
subsidios, bonos limosna, esa Pobreza en donde el Pobre debe seguir siendo un
Ser que de lastima mediática y su Pobreza Perpetuarla para justificar Seudo
Programas Sociales creados por los Apitutados Políticos de turno y en donde la Inversión Social
en un gran porcentaje se diluye inmisericorde en la Clásica Burocracia,
Gastos Administrativos y Sueldos Millonarios, quedando solo las Sobras para las
necesidades reales de los Mediáticos “Más Vulnerables”.
Para todos los Estamentos Institucionalizados la Pobreza es Conveniente,
para la Política
es conveniente para desviar fondos Públicos al crear inútiles Programas,
Estudios o Encuestas que obviamente son encabezados por los mismos y eternos
actores políticos, estos mismos pobres que obviamente son además Ignorantes
Perpetuos por acceder solo a una Educación de mala calidad y no ser participes
en la distribución de las ganancias, lo que no les permite crecer en igualdad
de condiciones, por ser Ciudadanos de segunda clase, mientras para la Iglesia
Institucionalizada la Pobreza es Conveniente para crear Fundaciones,
Centros u Hogares “Sin Fines de Lucro” pero en donde sus Directores tienen
sueldos en Millones de Pesos, aparte que a la Iglesia además de Pobres también le conviene “La Ignorancia” y así
eternizar su también Mentira Divina que le ha dado Millonarios Dividendos por
más de 2.000 Años, explotando la
Ignorancia de la Dependencia Mental
Generalizada.
El Sistema Seudo Democrático, Seudo Liberal y
Degeneradamente Inequitativo en el cual vivimos y que rige inexorable nuestros
destinos “Nunca” buscara una Solución Definitiva al problema de la Pobreza ya que los Pobres
son “Utiles” a este perverso medio de vida, tampoco existe nadie en el sistema
que tenga la más minima intención de hacer cambios reales para eliminar este flagelo
que va a seguir siendo “Conveniente” para todas las Cúpulas y Elites de nuestro
País y del mal llamado Mundo Civilizado.
por Luis Larraín
Conceder indultos o amnistías en fechas significativas, como lo es el Bicentenario, forma parte de nuestra tradición. Que la Iglesia Católica lo solicite al Gobierno es una cuestión también habitual.
De modo que no tiene nada de extraño que los obispos Goic y Errázuriz le hayan entregado al Presidente Piñera una propuesta de indulto.
Se han elaborado todo tipo de teorías para explicar por qué la Iglesia plantea hoy este tema. Que quiere perjudicar al Gobierno al ponerlo en una situación difícil; que al no excluir de los beneficios a militares que cometieron violaciones a los derechos humanos está tomando partido por ellos. ¡Los mismos que tanto celebraron a la Iglesia por alzar su voz en la defensa de los derechos humanos la acusan hoy de favorecer a quienes los violaron!
Nada de eso tiene mucho asidero; es lógico que la Iglesia plantee una iniciativa destinada a lograr la paz social en una fecha como ésta. Pero es incómodo.
Es incómodo para el Gobierno por al menos dos razones: porque debilita uno de sus pilares programáticos, que es el combate a la delincuencia; y porque, si llegara a proponer el indulto, debilita su estrategia de presentarse como un gobierno de centroderecha que tiene un fuerte compromiso con el respeto a los derechos humanos. Complicado.
Pero es incómodo también para la Concertación.
No resulta fácil argumentar, si se tiene un mínimo respeto por el pensamiento crítico, que las razones humanitarias que se invocan habitualmente para conceder un indulto no se aplican a un determinado grupo de la población. Las personas beneficiadas por los indultos son, por lo general, personas ancianas o enfermas, a quienes se les rebaja la duración de la condena. ¿Por qué habría de negárseles a los militares las razones humanitarias?
Por la naturaleza de los delitos que cometieron, se argumenta. Pero, dice la Iglesia, no todos ellos tienen igual responsabilidad en esos delitos. Es que no se han arrepentido, no han pedido perdón, se afirma entonces. ¿Todos ellos? ¿Ninguno se ha arrepentido, ninguno ha colaborado con la justicia? ¿Quién puede afirmarlo?
Es que no es justo, se dice en un intento postrero por negar lo evidente. Las víctimas han sufrido por mucho tiempo y los condenados han tenido privilegios especiales en el cumplimiento de sus condenas. ¿Y eso los hace más sanos, o más jóvenes?
Lo que ha sucedido en nuestra sociedad, aunque cueste aceptarlo, es que un grupo: los uniformados que participaron en violaciones a los derechos humanos durante el gobierno militar, no merece la misma consideración que el resto de los chilenos. Son parias.
Es triste. Porque si lo pensamos bien, en el origen de las violaciones a los derechos humanos está casi siempre la estigmatización de un grupo de la sociedad. Traidores a la patria, enemigos de la revolución, ponen en peligro la seguridad nacional. Sin distingos, sin matices.
Políticos de la Concertación han argumentado que rechazan el indulto por consideración a los familiares de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos; esperaron mucho tiempo y sería faltarles el respeto indultar a quienes los agraviaron de esa manera.
No existe paz en los espíritus entonces, eso es lo que sucede. La petición de la Iglesia Católica sólo ha venido a ponerlo en evidencia. ¿Qué hay si no detrás de la insistencia en que sigan sufriendo los rigores de su condena?
Es difícil saber qué pasa por la mente de otro cuando uno no ha estado en una situación de tanto dolor. No podría juzgar a quienes actúan así. Pero tampoco es bueno, a mi juicio, cerrar los ojos, esconder lo que se nos está revelando. No hay paz social en nuestro país, no hay disposición a perdonar. Tendrá, quizás, que pasar una generación.
Lo que no podemos hacer es reprochar a la Iglesia Católica por volver a lo que hace dos mil años inició su fundador, venir a incomodarnos: poner en evidencia, por ejemplo, que no es coherente defender los derechos humanos y no atender a razones humanitarias.
Fuente: emol
PUNTA ARENAS 23 de Julio del 2010
SEÑOR
EDITOR DE MEDIO DE COMUNICACION Y DIFUCION PUBLICA
TODOS CHILE .CL
PRESENTE .
De
nuestra mayor consideracion hacemos llegar a su respetable medio lo
siguiente ,documento en extenso de la Iglesia Catolica sobre los
Indultos Presidenciales para el Bicentenario y que fue presentado al presidente de Chile ,Sebastian Piñera E.
El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal
de Chile
Fecha: 21/07/2010
Pais :Chile
Ciudad: Santiago
Ref. Cech:
Chile, una mesa para todos en el Bicentenario
I.- UN SIGNO DE CLEMENCIA
Como ciudadanos y pastores queremos comprometernos con los esfuerzos de nuestro
país por la paz: tanto por la paz que se abre espacio en nuestros corazones,
como por aquella que anhelamos para las familias todos los habitantes de
nuestra Patria. Sabemos que la paz es obra de la justicia, pero estamos convencidos
que también contribuyen a ella el perdón y la misericordia.
Por eso tenemos que seguir avanzando, como país, por los
caminos de la justicia social, aquella que se construye sobre los derechos
humanos y cuya alma es la dignidad del hombre y de la mujer, de la familia y de
los niños, de los jóvenes y los ancianos. No escatimemos esfuerzos ni medios en
la conquista de la seguridad y la paz ciudadanas.
Apoyemos decididamente el trabajo de los tres Poderes del
Estado en su lucha contra la delincuencia.
Pero para construir la paz, también debemos recurrir a la
clemencia y al perdón. Por eso, en el contexto del Bicentenario, apreciando la
libertad que otorga el Estado de Derecho, los pastores de la Iglesia Católica queremos
ofrecer una nueva colaboración, a nuestro parecer necesaria, en el ámbito de
los derechos humanos. Nos referimos a los derechos fundamentales de quienes han
sido condenados, y a un indulto que nuestra
sociedad puede conceder como expresión de la actitud humana y enaltecedora que
construye la paz ciudadana y ayuda a la reconciliación.
Con ese objetivo, en el mes de agosto de 2009, los miembros
del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, presentamos a la Excma. Señora
Presidenta de la República,
Dra. Michelle Bachelet, y en el mes de abril del presente año, a Su
Excelencia el Presidente de Chile, don
Sebastián Piñera, una reflexión titulada «Misericordia y clemencia:
signos del
Bicentenario. Petición de la Iglesia Católica de Chile». En ese
documento expusimos los fundamentos para un posible indulto,
precedidos de una introducción acerca del sentido del Bicentenario de
Chile,
celebrado en el hoy de nuestra historia, haciendo memoria agradecida
del pasado
y asumiendo compromisos que lo proyecten hacia el futuro. Citando al
Papa Juan Pablo II, señalamos que nuestro jubileo del Bicentenario
quiere tener un significado positivo. «Al igual que la misericordia de
Dios,
siempre nueva en sus formas, abre nuevas posibilidades de crecimiento
en el
bien, celebrar el Jubileo significa también esforzarse en crear nuevas
ocasiones de recuperación para cada situación personal y social, aunque
aparentemente parezca irremediablemente comprometida» («Mensaje Jubileo
en las
cárceles», nº 4).En nuestro mensaje, con el aval de tantos hombres y
mujeres
creyentes que acompañan a quienes han delinquido, recordábamos que el
Papa nos
advertía que abstenerse de acciones promocionales en favor del recluso
significaría reducir la prisión a una suerte de venganza social.
II- EL HORIZONTE DE NUESTRA PETICIÓN DE INDULTO
Página 1/5 Los creyentes en Cristo recordamos que Él ha inaugurado una historia
basada no sobre la indiferencia, ni sobre la venganza, ni menos sobre la
guerra, sino sobre el amor hasta el extremo del perdón. Quisiéramos que esta
historia, respetando el sentido de la justicia, alcance a las personas que
están encarceladas.
Por ello, quisimos compartir las siguientes reflexiones para solicitar a las autoridades
del país, con ocasión del Bicentenario, un indulto a personas privadas de
libertad. Los recordamos brevemente:
1. El País del Bicentenario quiere ser un país desarrollado, por lo mismo,
reflexionemos acerca de un sistema penal y carcelario más humano. Como la
delincuencia es una preocupación constante de la ciudadanía, queremos promover
aquellos valores y aquella forma de convivencia que la evitan. Entre ellos, debemos
procurar la rehabilitación y reinserción social de quienes han causado quiebres
y daños en la sociedad por sus crímenes y delitos. En contraste con este
propósito, muchos recintos carcelarios no
procuran oportunidades verdaderas y suficientes de rehabilitación a los
internos, incluso las nuevas cárceles. Por el contrario, sabemos que con
frecuencia los recintos penales son un hábitat más violento y deshumanizante
que aquéllos que favorecieron el desarrollo de la delincuencia. Tales
ambientes, tampoco propician la conversión interior ni los deseos de cambio en
las personas. «La cárcel -decía Juan Pablo II- no debe ser un lugar de
deseducación, de ocio y tal vez de vicio, sino de redención» («Mensaje Jubileo
en lascárceles», nº 7).
2. Prestémosles atención a los internos más débiles, a los que están gravemente
enfermos o son adultos mayores. Para ello valoremos en su integridad los
derechos humanos, especialmente el derecho a la vida,cuya conciencia es
progresiva en nuestra Patria, pero aún insuficiente. Es imprescindible defender
la vida, sobre todo la vida indefensa, ante quienes la amenazan; crear
condiciones favorables para que se viva y se trabaje conforme a la dignidad humana, y prestar especial atención a quienes,
por estar en prisión, ven vulnerados sus derechos a una atención sanitaria
apropiada o, incluso, a una muerte digna. Decíamos entonces que «la celebración
del Bicentenario de la Patria
puede ser un momento privilegiado para ejercer nuestra misericordia subsanando posibles distorsiones del sistema de justicia. En este
contexto,comprendemos el enorme valor que tendría un gesto de clemencia hacia quienes,
dentro del cumplimiento de sus penas, llevan un sufrimiento aún mayor a causa
de su edad, salud y soledad».
3. Trabajemos para una promoción integral de los reclusos. En efecto, recordábamos
que «si un sistema penitenciario busca sancionar un mal cometido con un castigo
proporcional y, a la vez, rehabilitar al agresor para que se transforme en un
bien para la sociedad, resultaría incomprensible no considerar acciones promocionales
a favor del recluso. La prisión no tiene solamente un fin reivindicativo. En la
legislación se contemplan rebajas de pena y estímulos para quienes, dentro
de la normativa, demuestran un comportamiento apropiado y, pese a las
dificultades y falta de oportunidades, cumplen con lo requerido por el sistema
penal». Por eso, en nuestra reflexión hacíamos un llamado:
a)- A quienes tienen el conocimiento técnico y las facultades pertinentes, a
promover integralmente la rehabilitación y reinserción de aquellos que, a pesar
de sus condiciones vitales, muchas veces indignas, quieren salir del círculo de
la delincuencia y la marginación del que hoy son parte.
b)- A resolver definitivamente el drama de las cárceles de Chile: el estado estructural
de un gran número de recintos penitenciarios, la superpoblación de los
internos, las tensiones de convivencia marcadas por la agresividad y el temor,
la discriminación y las luchas de poder, las dificultades y los conflictos que
deben enfrentar quienes custodian a los internos, cuya magnitud la gran mayoría de
los chilenos y chilenas desconocen.
c)- A generar programas de acompañamiento hacia quienes salen de prisión y que muchas
veces no descubren otro horizonte que la reincidencia, debido a la falta de
oportunidades y al estigma que tienen que cargar.
4. Como comunidad eclesial estamos empeñados en que el Chile del Bicentenario
se convierta, de verdad, en una «Mesa para todos»: mesa del pan, del trabajo,
de la fraternidad, de la libertad, de la equidad, del respeto por la dignidad
de cada cual. Este propósito nos obliga a fijarnos en quienes no están gozando
de la mesa común, ya sea por los efectos del terremoto, por carecer de empleo,
por vivir en la pobreza extrema, o bien, por ser jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Todos tienen derecho
a un puesto de honor en la mesa de todos. Entre quienes no son acogidos en la
mesa de todos, están aquellos que llaman nuestra atención por estar privados de
libertad.
Pedir un indulto que los beneficie, no es contrario al apoyo que damos al compromiso
de las autoridades del país, que quieran velar por nuestra seguridad, luchando
para que la delincuencia y el narcotráfico, con su alta cuota de violencia y
muerte, no corroa el “alma de Chile”, y procurando una justicia pronta y
eficiente para quienes atenten contra la integridad de otros chilenos,
malogrando así los esfuerzos de lograr la paz yn el espíritu fraterno que debe caracterizar a la mesa para todos.
Pero sabemos que en Chile, también con los reclusos de diversos penales,
tenemos una deuda que compromete el respeto por sus derechos humanos. No
podemos tener cárceles inhumanas ni seguir permitiendo el hacinamiento, con
toda su secuela de males. Se trata de personas humanas como todos nosotros. Es
cierto, han cometido faltas, delitos y hasta crímenes, pero no por eso podemos
negarles la dignidad que Dios les confirió desde el día de su gestación. El
sólo recurso al encarcelamiento sin otras
medidas, como por ejemplo el trabajo remunerado para quienes caen en estas situaciones,
no basta para que rediman sus vidas y puedan reincorporarse plenamente a la
sociedad. En este ámbito tenemos una conversación pendiente como país.
III- EL INDULTO CON OCASIÓN DEL BICENTENARIO
Al presentar esta petición, no ha sido nuestro ánimo poner al Gobierno de
Chile, ni al actual ni al anterior, en una situación de incomodidad ante la
realidad de las personas recluidas y de las víctimas. El contexto de una sana
laicidad reconoce las competencias propias del Estado y aquellas de las
confesiones religiosas. Por esta razón, sólo
presentamos algunas ideas que pueden enriquecer el espíritu
y la práctica de nuestra
convivencia y hacemos una petición, pero sin proponer un articulado de ley,
tarea que corresponde a la autoridad política. Anhelamos que estas reflexiones
sean discutidas por los ciudadanos y por nuestras instituciones, y que cada una
asuma la responsabilidad que le corresponde. En lo que se refiere a quienes
están privados de libertad, dentro del respeto a la Constitución y a los Tratados
Internacionales suscritos por Chile, solicitamos a las autoridades del Estado,
en particular al Señor Presidente de la República
y al Gobierno que preside, así como a los Honorables miembros del Parlamento, considerar
y estudiar las siguientes proposiciones:
1. Que los condenados por sentencia ejecutoriada –con las
restricciones que la autoridad competente considere prudente establecer como,
por ejemplo, delitos de sangre-, que en los últimos años hayan tenido buena
conducta en los recintos carcelarios, y no constituyen un peligro para la
sociedad:
a. Puedan ver reducidas parcialmente sus penas privativas o restrictivas de
libertad.
b. Además de lo señalado, que se conceda una reducción adicional a quienes
tengan más de 70 años de edad.
c. Igualmente, que a las mujeres que tengan uno o más hijos menores de 18 años
se les conceda también una reducción adicional.
d. Que a las personas condenadas privadas de libertad que padezcan alguna
enfermedad invalidante, grave e irrecuperable, se les conmute su pena por otra,
que no deba cumplir en las condiciones más aflictivas de la cárcel.
e. Que a los enfermos terminales, debidamente comprobados por la instancia
competente, se les condone el saldo de las penas que les resten por cumplir.
2. Que se mejoren sustancialmente las condiciones de vida de quienes cumplen
penas privativas o restrictivas de libertad, aumentando las horas de
convivencia fuera de sus celdas, favoreciendo el trabajo remunerado y el acceso
a la enseñanza, el deporte, la cultura, y al auxilio espiritual. A pesar de los
esfuerzos realizados en diversos gobiernos anteriores, no se ha logrado
satisfacer estas necesidades, requiriéndose hacia adelante decisiones urgentes
que la autoridad competente debiera ir adoptando por el bien común de la
sociedad. Asimismo, considerando las especialmente difíciles circunstancias del
ambiente laboral en que se desempeñan, y en el contexto del conjunto de los
funcionarios públicos, que se mejoren las condiciones de vida, de convivencia y
de trabajo de los gendarmes y empleados por el sistema penitenciario; éstas
irían en directo beneficio de la dignidad y rehabilitación de los privados de
libertad.
3. Que se modifique la legislación que se refiere a las
penas, en lo que atañe a los condenados de edad muy avanzada y a quienes estén
gravemente aquejados de una enfermedad terminal. Proponemos que se les condone
la pena o que puedan cumplir el resto de su condena junto a su familia o en
instituciones asistenciales. Este cambio o condonación de la pena se concedería
siempre, salvo que el organismo competente excluya este beneficio para un reo
determinado por juzgarlo un peligro para la sociedad.
4. No sería completa la “mesa para todos” si no
considerásemos en esta petición a quienes cumplen penas por delitos contra los
derechos humanos cometidos durante el Régimen Militar. Es un tema que debemos poner
sobre la “mesa de todos” para conversarlo con la seriedad que corresponde, especialmente
en el Parlamento de la
República. No olvidemos que no todos ellos tuvieron igual responsabilidad
en los crímenes que se cometieron. A nuestro parecer no cabe ni un indulto
generalizado ni un rechazo general del indulto para todo ex uniformado condenado.
La reflexión debe distinguir, por ejemplo, el grado de responsabilidad que le
cupo a cada uno, el grado de libertad con que actuó, los gestos de humanidad
que tuvo y el arrepentimiento que ha manifestado por sus delitos.
IV- EN EL CAMINO DEL EVANGELIO: JUSTICIA Y CLEMENCIA
No somos nosotros quienes debemos dictar las leyes, pero creemos que podemos
interceder para dar paso a la “justicia con clemencia” como connotados juristas
lo han pedido en el pasado. Es decir, velando por el imperio de la justicia
-nada más injusto que la impunidad- y salvaguardando el pleno imperio de los derechos
humanos en materia de crímenes de lesa humanidad, creemos que se pueden dar
pasos de clemencia.
Sabemos que estas peticiones tendrán opiniones encontradas.
Las respetamos, especialmente cuando vienen de personas que sufrieron en carne
propia o en sus familiares más cercanos los delitos condenados.
Sólo solicitamos dar el paso de pedir justicia sin ensañarnos en el castigo,
que nunca puede reparar totalmente el mal causado. Y solicitamos también,
hablando al corazón de cada uno, que consideremos de qué manera quisiéramos ser
tratados si estuviéramos en la situación de los condenados, y con qué espíritu fraterno
podremos construir el futuro de Chile si no somos capaces de hacer gestos
decisivos de reencuentro y reconciliación.
Más allá de los ordenamientos jurídicos y de
sus interpretaciones, el mismo
Jesús nos enseñó con su testimonio y su palabra, que la lógica del
perdón es la
única que restaña las heridas, devuelve la confianza e inaugura tiempos
nuevos
para quienes tienen la valentía de concederlo y de pedirlo. Nos
conmueve el solo hecho de pensar que Jesús clavado en la cruz de la
injusticia, antes de
morir, pide al Padre que perdone a quienes lo han crucificado.
Ésa es la lógica y la pedagogía que anhelamos para cada uno de nosotros y la
gracia que pedimos por intercesión de la Virgen del Carmen, Madre de todos los chilenos y
chilenas, sin excepción alguna, pero especialmente de aquellos que por diversas
causas atraviesan horas de angustia y de dolor.
EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
DE CHILE
† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente
† Gonzalo Duarte García de Cortázar
Obispo de Valparaíso
Vicepresidente
† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago
† Ricardo Ezzati Andrello
Arzobispo de Concepción
† Santiago Silva Retamales
Obispo Auxiliar de Valparaíso
Secretario General
Santiago, 21 de Julio de 2010
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